Más de 50 fotos inéditas del Alicante del XIX cobran movimiento con inteligencia artificial

"El agua, antes muda en la imagen, ahora también fluye en tiempo real de la sala"

08 de febrero de 2026 a las 10:36h
Actualizado: 08 de febrero de 2026 a las 10:36h
Más de 50 fotos inéditas del Alicante del XIX cobran movimiento con inteligencia artificial
Más de 50 fotos inéditas del Alicante del XIX cobran movimiento con inteligencia artificial

Este viernes se abre una ventana al pasado en el corazón de Alicante. En los Pozos de Garrigós, donde antaño se gestionaba el vital recurso del agua, ahora se respira historia a través de imágenes que parecen salir de su letargo. La Sala Multimedia del Museo de Aguas acoge una exposición que no solo rescata fotografías antiguas, sino que les devuelve el movimiento, el suspiro, la vida. Más de cincuenta instantes congelados a finales del siglo XIX y principios del XX cobran un nuevo significado gracias a una fusión inusual el archivo histórico y la inteligencia artificial.

Un tesoro rescatado del olvido

Las imágenes proceden en su mayoría de una colección privada, inéditas hasta ahora, que ha sido cuidadosamente digitalizada. Junto a ellas, diez fotografías cedidas por el Archivo Histórico Municipal completan un mosaico visual de una época en la que el agua ya era protagonista del paisaje urbano. Fuentes públicas, playas con bañistas de ropa recatada, balnearios de aire decimonónico todo aparece detallado en soportes originales de cristal estereoscópico, una tecnología pionera que simulaba el efecto tridimensional antes de que existiera el cine.

El trabajo de recuperación no fue sencillo. Estos negativos, frágiles y olvidados durante décadas, requirieron un proceso meticuloso de escaneado y restauración. El resultado incluye incluso una gigantografía del histórico Balneario La Alianza, un monumento al ocio y la higiene pública de principios del siglo XX. Verlo hoy, expandido en gran formato, es como asomarse a un espejo del tiempo que aún refleja voces, risas y el murmullo del mar.

Cuando el pasado comienza a moverse

Pero lo más sorprendente no es solo ver las fotos. Es verlas moverse. Por primera vez en un museo de este tipo, se han aplicado técnicas avanzadas de inteligencia artificial para animar escenas estáticas. Un grupo de diseñadores y especialistas en Bellas Artes, bajo la dirección del coleccionista Pedro Picatoste, ha logrado dotar de movimiento a los muelles, al oleaje, a los rostros de los bañistas. No se trata de recreaciones ficticias, sino de intervenciones sutiles que respetan la integridad histórica mientras generan una sensación de inmersión casi cinematográfica.

Imagina una fuente cuyo chorro de agua, congelado durante más de cien años, comienza a brotar de nuevo. O una playa donde las olas avanzan y retroceden al ritmo de una música compuesta especialmente para la ocasión. El agua, antes muda en la imagen, ahora también fluye en el tiempo real de la sala. Es una experiencia que desdibuja la línea entre archivo y espectáculo, entre memoria y emoción.

"Esta exposición representa algunos de los ejes con los que trabajamos en el Museo de Aguas de Alicante. Por un lado, la capacidad de honrar nuestra historia, poniendo en valor la tradición y la memoria visual de nuestra ciudad rescatando un tesoro patrimonial. Sin embargo, lo que hace única a esta muestra es su apuesta por la innovación para lograr que estas fotografías cobren vida" - Martín Sanz, director de Comunicación y Relaciones Externas de Aguas de Alicante

El agua como hilo conductor

La exposición no se limita a mostrar imágenes bonitas. Tiene un eje narrativo profundo el agua como elemento transformador. No solo como recurso técnico o sanitario, sino como paisaje cotidiano, como espacio social, como escenario de encuentro. Las fuentes eran puntos de reunión. Los balnearios, centros de salud y distinción. Las playas, antes dominadas por pescadores, empezaban a convertirse en lugares de ocio para todos.

Textos de historiadores y escritores acompañan cada sección, explicando el contexto cultural y técnico de cada imagen. Detrás de cada fotografía hay una historia de urbanismo, de salud pública, de cambio social. Y todo ello, envuelto en una selección musical que evoca el ambiente de la época sin caer en lo caricaturesco. Es una inmersión sensorial que va más allá de la vista.

Una nueva forma de mirar el pasado

Este proyecto, liderado por Pedro Picatoste, no es solo una muestra fotográfica. Es un experimento cultural. Demuestra que la tecnología no tiene por qué enfrentarse a la historia, sino que puede servir para acercarla. La inteligencia artificial, tantas veces asociada al futuro, se convierte aquí en una herramienta de rescate. Y el museo, lejos de ser un depósito de reliquias, se transforma en un espacio vivo, en diálogo constante con el tiempo.

La exposición permanecerá abierta hasta el 6 de marzo, en el horario habitual del museo. Quien pase por allí no solo verá cómo era Alicante hace un siglo. Escuchará el eco de sus olas, sentirá el movimiento de sus gentes y entenderá cómo el agua ha moldeado no solo la ciudad, sino también su identidad. Y tal vez, al salir, mire con otros ojos el grifo de su casa, la fuente de la plaza o el mar a lo lejos. Porque todo, en el fondo, sigue conectado.

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