Más de 6.000 centros de datos elevaron 2°C la temperatura local en 20 años

"Parecen muy altas": la advertencia sobre las cifras del calor de los centros de datos

05 de abril de 2026 a las 13:36h
Más de 6.000 centros de datos elevaron 2°C la temperatura local en 20 años
Más de 6.000 centros de datos elevaron 2°C la temperatura local en 20 años

Hay un calor que no vemos, pero que se siente. No es el del sol de julio ni el del tráfico en hora punta. Es un calor artificial, silencioso, que late tras muros de acero y cristal. El de los centros de datos. Esos edificios que albergan los servidores que mantienen nuestra nube funcionando correos, fotos, videollamadas, búsquedas están empezando a dejar huella térmica en el planeta. Y no es una metáfora.

El termómetro de la nube digital

Andrea Marinoni, profesor asociado en el grupo de Observación de la Tierra de la Universidad de Cambridge, no busca señalar culpables. Solo datos. Junto a un equipo de investigadores de Cambridge y la Universidad Tecnológica de Nanyang, ha liderado un estudio que pone nombre y número a un fenómeno apenas explorado el impacto térmico de los centros de datos en su entorno. El título lo dice todo "Los datos de la isla de calor midiendo el impacto de los centros de datos en el cambio climático".

El equipo analizó más de 6.000 centros de datos ubicados lejos de núcleos urbanos densos. La idea era simple si estos complejos están en zonas rurales o semiáridas, cualquier aumento de temperatura local difícilmente podría atribuirse al efecto de isla de calor urbano tradicional. Y ahí encontraron algo inquietante un impacto mayor de lo esperado.

Al comparar mediciones históricas de temperatura de los últimos 20 años, los investigadores detectaron un aumento medio de 2°C en las inmediaciones de estos centros. En algunos casos, las máximas alcanzaron los 9°C. No son fluctuaciones. Son tendencias persistentes, espacialmente localizadas, que no se repiten en áreas vecinas sin instalaciones tecnológicas similares.

Bajío, Brasil y Aragón tres puntos en el mapa del calor digital

En el Bajío mexicano, región con alta concentración de centros de datos, el estudio identifica una subida de 2°C en la temperatura superficial terrestre en dos décadas. Lo que más llama la atención no es solo el número, sino el contraste zonas a pocos kilómetros de distancia, sin infraestructura digital intensiva, no muestran ese patrón. La anomalía está allí, clara y medida.

En Brasil, en los estados de Ceará y Piauí, la tendencia es aún más pronunciada 2,8°C de aumento, con proyecciones de alcanzar 3,5°C en los próximos cinco años. Y de nuevo, el resto del entorno no sigue esa curva. En Aragón, España, el dato es especialmente revelador. Un aumento anómalo de 2°C en la temperatura superficial, frente a provincias colindantes que no registran cambios similares.

Y Aragón no es un caso cualquiera. La región se está consolidando como uno de los "pulmones" de los grandes operadores tecnológicos en Europa. Es una zona estratégica para la soberanía tecnológica del continente, con inversiones millonarias y planes de expansión masiva. Pero ese desarrollo tiene un coste que hasta ahora no se había cuantificado el calor residual que estos centros emiten al entorno.

Hasta 10 kilómetros de influencia térmica

Los investigadores estiman que el efecto de isla de calor asociado a los centros de datos puede extenderse hasta 10 kilómetros a la redonda. A unos 4,5 kilómetros de distancia, ya se miden aumentos de 1°C. El impacto térmico no se limita a los terrenos cercanos, sino que se disemina, afectando a ecosistemas, agricultura y, en última instancia, a las comunidades que viven allí.

Según los cálculos del estudio, este fenómeno podría estar ya influyendo en el bienestar térmico de hasta 340 millones de personas. Una cifra que no incluye los efectos indirectos del consumo energético, sino solo el calor liberado directamente al ambiente por los sistemas de refrigeración y operación de los servidores.

Otro estudio, esta vez de la Universidad Estatal de Arizona, apunta en la misma dirección. Usando sensores instalados en vehículos que circulan cerca de centros de datos, detectaron aumentos térmicos significativos en su entorno inmediato. Las mediciones coinciden algo está calentando el aire allí donde crece la infraestructura digital.

Sin revisión por pares, pero con peso

Es justo señalar que ni el estudio de Cambridge y Nanyang ni el de Arizona han sido sometidos aún a revisión por pares. Eso no invalida sus hallazgos, pero sí exige prudencia. Ralph Hintemann, investigador principal del instituto Borderstep para la Innovación y la Sostenibilidad, lo advierte algunas cifras "parecen muy altas". Y pone el foco donde tal vez debamos mirar con más urgencia en el consumo energético de estos centros y en la tendencia a recurrir de nuevo a combustibles fósiles para cubrir picos de demanda.

Porque el problema no es solo el calor que emiten, sino la energía que necesitan para funcionar. Y si esa energía no es verde, el círculo se cierra más datos, más electricidad, más emisiones, más calor. Un bucle invisible que se cuela en el clima local.

Estamos acostumbrados a pensar en la nube como algo etéreo, inmaterial. Pero tiene peso, forma y temperatura. Cada vez que enviamos un archivo o vemos un vídeo en streaming, hay una instalación física que lo procesa, lo almacena, lo enfría. Y ese proceso, lejos de ser limpio, está dejando su marca en el suelo que pisamos. No es ciencia ficción. Es geografía digital. Y su efecto térmico ya no puede ignorarse.

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