Meta apuesta cientos de miles de millones en IA tras el fracaso de Llama 4 y la presión asiática

"Aún no están listos" - Andrew Bossworth sobre los modelos Avocado y Mango de Meta

24 de enero de 2026 a las 10:55h
Meta apuesta cientos de miles de millones en IA tras el fracaso de Llama 4 y la presión asiática
Meta apuesta cientos de miles de millones en IA tras el fracaso de Llama 4 y la presión asiática

En medio de los glaciares suizos y los salones dorados del Foro Económico Mundial de Davos, donde los líderes mundiales debaten el futuro de la economía y la geopolítica, uno de los anuncios más silenciosos pero trascendentales llegó de la mano de un ingeniero. Andrew Bossworth, director técnico de Meta, reveló algo que muchos esperaban con impaciencia: la división Superintelligence Labs ya tiene una primera versión interna de sus nuevos modelos de inteligencia artificial. No es un prototipo rudimentario ni una promesa vacía. Es algo que ya respira, que ya piensa, aunque aún no esté listo para salir al mundo.

Un giro forzado por el fracaso

Los últimos años en Meta han sido una montaña rusa de ambición, errores y reinvención. Hace apenas unos meses, el lanzamiento de Llama 4 fue recibido con desilusión. No fue solo un paso en falso; fue una caída que sacudió los cimientos de la estrategia de IA de la compañía. Hasta entonces, la apuesta por modelos abiertos —aquí la filosofía de compartir código para acelerar el progreso colectivo— parecía un camino seguro. Pero Llama 4 no cumplió. Y mientras tanto, empresas chinas como Alibaba y Baidu irrumpían con modelos de código abierto que no solo competían, sino que en muchos casos superaban a los occidentales.

Este fracaso provocó una crisis interna que llevó a un replanteamiento total. Meta no podía seguir apostando solo por transparencia técnica. Necesitaba velocidad, talento, y capacidad de ejecución. Y así, en un movimiento que pocos vieron venir, adquirió Scale AI, una de las empresas más influyentes en el etiquetado de datos para entrenar modelos de IA. Con ella, llegó Alexandr Wang, su joven y carismático CEO, quien ahora lidera Superintelligence Labs. No fue una simple incorporación. Fue una señal: la guerra de la IA ya no se gana solo con algoritmos, sino con equipos, datos y velocidad.

Avocado y Mango: los nombres detrás del misterio

En los pasillos de Meta circulan dos nombres que suenan más a frutería que a tecnología: Avocado y Mango. Pero no se trata de productos alimenticios. Son los apodos internos de dos grandes modelos en desarrollo. Avocado estaría enfocado en el procesamiento y generación de texto, con una capacidad de razonamiento mejorada. Mango, en cambio, apunta directamente al futuro del contenido visual: generación de imágenes y vídeos de alta calidad, posiblemente integrados con narrativas coherentes.

Las filtraciones sugieren que Avocado podría ver la luz en el primer trimestre de 2026. Es un plazo ambicioso, sobre todo teniendo en cuenta que aún están en una fase crítica de post-entrenamiento. Este periodo no es solo ajustar parámetros; es enseñar al modelo a ser útil, ético y coherente. Es la diferencia entre un sistema que responde con datos y uno que entiende el contexto, el tono, la intención. Es la diferencia entre una herramienta y un colaborador.

Meta lleva ya seis meses inmersa en este proceso. Y aunque Bossworth describió el comportamiento de los modelos como “muy bueno”, fue cuidadoso en recalcar:

"aún no están listos" - Andrew Bossworth, CTO de Meta

El hardware como puerta de entrada

Los modelos más avanzados del mundo no sirven de nada si no llegan a las personas. Y aquí es donde entra otro actor clave: las gafas inteligentes de Meta, desarrolladas en colaboración con Ray-Ban. La segunda generación, con el nombre comercial de Meta Ray-Ban Display, no es solo un accesorio de moda. Es un experimento en tiempo real sobre cómo la IA puede integrarse en nuestra percepción del mundo.

Imagina caminar por una ciudad desconocida y que tus gafas, con solo un susurro, te digan quién es la persona que se acerca, traduzcan en tiempo real lo que dice un cartel en japonés, o te alerten de que dejaste el paraguas en casa. La IA ya no estaría en tu bolsillo, sino en tu campo visual, en tu rutina, en tu cuerpo. Avocado y Mango podrían ser el cerebro de ese sistema. Y si Meta lo logra, no estaríamos hablando solo de un producto más, sino de un cambio de paradigma en cómo interactuamos con la tecnología.

¿Open Source o hegemonía asiática?

En julio de 2024, Mark Zuckerberg pronunció una frase que resonó como un manifiesto:

"la IA Open Source es el camino a seguir" - Mark Zuckerberg, CEO de Meta

Pero desde entonces, mucho ha cambiado. El auge de los modelos chinos, muchos de ellos de código abierto, ha puesto a Occidente en desventaja. Si Meta decide no liberar sus nuevos modelos, corre el riesgo de que la iniciativa global en IA se desplace definitivamente hacia el este. Pero si los abre, podría estar entregando armas a sus competidores más directos.

Es un dilema ético, estratégico y económico. Y Zuckerberg parece dispuesto a asumir el costo. En una declaración que suena casi a advertencia, afirmó que está dispuesto a perder cientos de miles de millones de dólares en IA. No porque quiera perder, sino porque no invertir sería aún más peligroso. Para él, esta no es una carrera tecnológica. Es una carrera por la supervivencia del modelo que cree en la innovación abierta, en el acceso democratizado al conocimiento, en una IA que no esté controlada por unos pocos.

El caos como motor

Bossworth calificó el año 2025 como “tremendamente caótico” para Meta. Y quizás esa sea la palabra clave. Porque detrás de cada gran avance tecnológico hay un periodo de desorden, de pruebas fallidas, de decisiones arriesgadas. La historia de la innovación está llena de fracasos que precedieron al éxito: el Newton de Apple, el Google Glass, el propio Llama 4.

Lo que está en juego ahora no es solo quién tiene el mejor modelo de IA, sino quién define cómo la inteligencia artificial se integra en nuestras vidas. Si será invisible o evidente, si nos servirá o nos controlará, si será global o fragmentada. Meta, con sus gafas, sus adquisiciones, sus modelos en desarrollo y su apuesta por el código abierto, está jugando una partida de alto riesgo. Y aunque aún no sabemos cómo terminará, una cosa es clara: el futuro no se anuncia, se construye en los laboratorios, en los errores, y en los momentos de caos.

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