La inteligencia artificial avanza a pasos de gigante, pero cada movimiento de los grandes jugadores del sector suena ya menos a innovación aislada y más a una carrera estratégica por el control del próximo paradigma tecnológico. En este tablero de ajedrez global, la última jugada ha sido de Meta, que acaba de adquirir Manus, una start-up fundada en China y radicada en Singapur, en una operación que podría superar los 3.000 millones de dólares. Una cifra tan alta como simbólica.
Esta compra no es solo un cheque cuantioso. Es una señal clara de que Meta quiere liderar la transición desde los chatbots conversacionales hacia algo más ambicioso agentes de inteligencia artificial autónomos, capaces de tomar decisiones y ejecutar tareas sin necesidad de que les estemos diciendo cada paso. Manus, según sus propias afirmaciones, ya lanzó a principios de este año el primer agente general de IA del mundo. Y no se quedan ahí.
"El rendimiento de nuestro agente de IA supera al de DeepResearch de OpenAI" - portavoz de Manus, representante de la start-up
El salto de los asistentes a los agentes
Los chatbots actuales, como los que conocemos en WhatsApp o en Meta AI, requieren de indicaciones detalladas. Preguntas, pides una acción, vuelves a aclarar. Es como dar órdenes a un ayudante muy listo pero muy literal. Los agentes autónomos, en cambio, actúan como asistentes proactivos. Imagina que le dices "organiza mi viaje a Japón" y empieza a buscar vuelos, reservar hoteles, ajustar horarios según tu agenda, incluso sugerir restaurantes basados en tus gustos anteriores. Todo sin que tengas que intervenir.
El verdadero salto no está en hablar, sino en decidir y actuar. Y eso es exactamente lo que promete el agente de Manus. Meta no lo compra por su código o sus patentes únicamente, sino por su capacidad para transformar la IA de un mero canal de respuesta a un motor de acción. Esta tecnología se integrará en productos para consumidores y empresas, y ya se ha confirmado que alimentará futuras versiones de Meta AI.
Geopolítica y refugios tecnológicos
Manus, aunque nacida en China, tiene su sede en Singapur. Este detalle no es casual. Varios emprendimientos chinos de IA están trasladando su base a esta ciudad-estado para protegerse de las tensiones entre Pekín y Washington. Singapur ofrece estabilidad legal, acceso a capital global y una posición neutral en la guerra fría tecnológica que enfrenta a EE.UU. y China.
La alianza estratégica de Manus con Alibaba, gigante del e-commerce chino, también revela otra capa la sinergia entre actores tecnológicos de Asia en el desarrollo de modelos de IA. Mientras Occidente se centra en modelos abiertos o semiabiertos, China avanza con integraciones verticales, donde el software, la nube y las aplicaciones están estrechamente ligados. Meta, al adquirir a Manus, no solo gana tecnología, sino también un pie en este ecosistema alternativo.
Estamos viendo cómo las fronteras físicas se convierten en líneas de código y alianzas corporativas.
Reconfiguración del poder interno en Meta
La compra de Manus llega en un momento de profunda transformación interna en Meta. A mediados de este año, la compañía invirtió más de 14.300 millones de dólares en Scale AI, una firma especializada en etiquetado de datos, clave para entrenar modelos de IA. Y, sorprendentemente, incorporó a su CEO, Alexandr Wang, para liderar las actividades de inteligencia artificial en la empresa.
Este movimiento desplazó a Yann LeCun, una de las figuras más respetadas en el campo del deep learning y director científico de IA en Meta, quien ahora planea lanzar su propia start-up.
Es un cambio simbólico. LeCun representaba el enfoque académico, abierto y colaborativo. Wang encarna un modelo más industrial, orientado a resultados comerciales y escalamiento rápido. La apuesta por Scale AI y ahora por Manus sugiere que Meta quiere acelerar la puesta en producción de IA, no solo investigarla.
El mapa de la inversión en IA
Manus no era una desconocida. Este año recaudó 75 millones de dólares con una valoración cercana a los 500 millones, en una ronda liderada por Benchmark, uno de los fondos de capital riesgo más influyentes del mundo. Entre sus inversores también figuran HSG (la antigua Sequoia Capital China), ZhenFund y Tencent Holdings. Además, cuenta con el respaldo de Beijing Butterfly Effect Technology, lo que sugiere cierto alineamiento con los intereses tecnológicos del Estado chino.
Detrás de cada start-up de IA hay una red de intereses que incluye capital privado, gigantes tecnológicos y, en algunos casos, intereses estratégicos de Estados.
Y justo antes de esta adquisición, Meta ya había comprado PlayAI, una empresa especializada en generación de voces humanas con IA. Combinando esta tecnología con los agentes autónomos de Manus, el futuro de los asistentes de voz podría ser radicalmente más natural, más proactivo y mucho más presente en nuestra vida diaria.
¿IA útil o IA invasiva?
La promesa de agentes autónomos es tentadora. Podrían liberarnos de tareas repetitivas, optimizar nuestro tiempo, incluso anticipar nuestras necesidades. Pero también plantean preguntas profundas sobre privacidad, control y dependencia. ¿Qué tan lejos queremos que vaya un algoritmo por nosotros? ¿Quién responde si toma una decisión equivocada?
Meta no solo está construyendo tecnología. Está moldeando hábitos, expectativas y límites. Cada adquisición, cada inversión, cada reorganización interna, dibuja un mapa del futuro que ya no está tan lejos. Y ahora, con Manus, ese futuro tiene un nombre más concreto autonomía.