Meta proyecta 600.000 millones en centros de datos, pero su modelo Avocado sigue detrás de Gemini 3.1

"La compañía que una vez apostó por modelos abiertos como Llama podría ahora depender de Google"

14 de marzo de 2026 a las 10:53h
Meta proyecta 600.000 millones en centros de datos, pero su modelo Avocado sigue detrás de Gemini 3.1
Meta proyecta 600.000 millones en centros de datos, pero su modelo Avocado sigue detrás de Gemini 3.1

Meta ha puesto todo sobre la mesa. Literalmente. La compañía de Mark Zuckerberg ha reorganizado su estructura interna con una única obsesión la inteligencia artificial. No se trata de un ajuste estratégico más entre tantos otros, sino de una apuesta total, casi visceral, por dominar el futuro tecnológico. Han invertido miles de millones de dólares, construyen centros de datos a un ritmo nunca visto y han fichado a uno de los jóvenes prodigios del sector, Alexandr Wang, para liderar la división de Superinteligencia. Pero por mucho que la hoja de ruta luzca ambiciosa, hay algo que empieza a notarse en el aire interno el tiempo apremia y los resultados no llegan al ritmo esperado.

El peso de la urgencia

El nuevo modelo estrella de Meta, bautizado internamente como Avocado, debería haber marcado un antes y un después. Según pruebas internas, supera a Llama 4 y al antiguo Gemini 2.5, lo que en teoría lo colocaría en buena posición. Pero la realidad es más exigente. Avocado aún queda por detrás de Gemini 3.0 y, sobre todo, de la versión 3.1 desarrollada por Google. Y eso cambia todo. En un campo donde cada semana supone un avance tecnológico comparable a meses en otras industrias, estar un paso atrás puede significar quedarse fuera del juego. Por eso, el lanzamiento de Avocado se ha retrasado. Ya no se espera para abril. Se espera que llegue al mercado en mayo como muy pronto, si todo sale bien.

Pero hay algo aún más revelador según fuentes internas, los líderes de la división de IA de Meta están considerando pagar una licencia a Google para integrar Gemini en sus propios productos. Sí, la compañía que una vez apostó por modelos abiertos como Llama podría ahora depender de la tecnología de su rival más directo. Sería una ironía mayúscula. Y no sería un movimiento aislado. El plan sería usar esa IA ajena para impulsar funciones en WhatsApp, Instagram y Threads, plataformas que mueven miles de millones de interacciones diarias. Suena familiar. Es exactamente lo que Apple hará con Siri, integrando Gemini para resucitar a su asistente dormido.

El laboratorio de las frutas y los roces internos

Detrás de esta carrera frenética está TBD Lab, una unidad creada con el nombre provisional de To Be Determined, como si su destino aún estuviera en el aire. Allí, bajo la dirección de Alexandr Wang, se trabaja en silencio en una serie de modelos con nombres de frutas Avocado, Mango, Watermelon. Suena casi lúdico, pero el ambiente no lo es. El laboratorio ha chocado con directivos históricos de Meta como Chris Cox y Andrew Bossworth, figuras con peso en la cultura interna de la empresa. No se trata solo de diferencias técnicas, sino de visiones enfrentadas sobre cómo debe ser la inteligencia artificial en Meta abierta o cerrada, colaborativa o controlada.

Y es que se está gestando un giro estratégico profundo. Hasta ahora, Meta se presentó como defensora de los modelos abiertos, permitiendo que investigadores y empresas usaran Llama sin restricciones. Pero ahora, tanto Zuckerberg como Wang parecen inclinarse por el modelo cerrado, el de OpenAI con GPT o el de Google con Gemini. Una apuesta por el control total, incluso si eso significa renunciar a la bandera de la transparencia que alguna vez los distinguía.

El costo de la carrera y sus señales de agotamiento

La inversión es monumental. Meta se ha comprometido a destinar 600.000 millones de dólares a la construcción de centros de datos especializados en IA. En enero ya proyectaron un capex de 135.000 millones de dólares, casi el doble de los 72.000 millones que gastaron el año anterior. Todo apunta a una infraestructura descomunal, capaz de entrenar modelos cada vez más grandes. Pero, ¿qué ha dado esta inversión hasta ahora?

El único producto tangible mencionado en los informes internos es Vibes, una aplicación similar a Sora, el generador de video de OpenAI. Pero, según el artículo, Vibes no ha logrado cuajar del todo. Ni impacto, ni adopción, ni revolución. Solo un prototipo más en una lista cada vez más larga.

Y mientras tanto, el talento se escapa. El goteo de investigadores de IA que abandonan Meta para unirse a otras empresas o fundar sus propios proyectos es cada vez mayor. Es un síntoma. Cuando los mejores salen, no es solo una pérdida de personal. Es una señal de que el rumbo puede estar fallando, de que la cultura interna ya no retiene, de que el sueño de la superinteligencia suena más a presión que a inspiración.

La paradoja de quererlo todo

Meta quiere integrar la IA con su negocio publicitario, su principal fuente de ingresos. Quiere que los algoritmos entiendan mejor a los usuarios, que personalicen anuncios con precisión quirúrgica, que conviertan cada interacción en un dato útil. Pero también quiere liderar la carrera tecnológica, competir con OpenAI, con Google, con NVIDIA, con AMD. Quiere ser a la vez gigante del software y de la infraestructura. Es un desafío colosal.

La pregunta que flota en el ambiente no es si Meta seguirá invirtiendo, sino si puede mantener el ritmo sin perder el rumbo. Porque apostarlo todo a la IA no es solo cuestión de dinero. Es una apuesta por una visión del futuro. Y ahora, cuando más cerca creían estar, parece que el horizonte se aleja. Como si, tras correr una maratón, descubrieran que la meta se movió mientras corrían.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía