El 27 de febrero de 2026, millones de jugadores encendieron sus consolas para sumergirse en Resident Evil Requiem, la última entrega de una saga que lleva décadas alimentando nuestras pesadillas con zombis, virus y laboratorios clandestinos. El juego llegó con una nube de expectativas, pero también con una sombra inesperada la de una reseña que no fue escrita por un humano. Una crítica alabada al principio, luego cuestionada, y finalmente borrada por completo. No porque fuera mala, sino porque nunca existió un autor real tras ella.
El crítico que no existía
Metacritic, el gigante que recopila y promedia reseñas de videojuegos, mostraba una puntuación sólida para Resident Evil Requiem 88 sobre 100. Entre las valoraciones destacaba una del medio británico VideoGamer, que le otorgaba un 9 sobre 10. Pero algo no encajaba. Los lectores más atentos notaron un tono extraño, frío, demasiado pulido. Frases como "el combate cuerpo a cuerpo está optimizado para maximizar la eficiencia táctica" o "la iluminación global dinámica contribuye a una inmersión sin precedentes" sonaban a manual técnico, no a pasión por los juegos.
Uno de esos lectores fue Andrés, un usuario de X que el 26 de febrero publicó un mensaje que se volvió viral: "Es deprimente. Estaba leyendo reseñas de RE Requiem y encontré esta cosa publicada por videogamer. No puedo encontrar nada sobre el autor, todo huele a IA (la pista definitiva es la imagen). Poco esfuerzo, basura. Y encima esta reseña llegó a Metacritic". Junto al texto, una captura mostraba la foto del supuesto crítico Brian Merrygold, cuyo rostro tenía los rasgos indefinidos, las sombras mal distribuidas, la mirada ausente. Clásicos de una imagen generada por inteligencia artificial.
La investigación fue rápida. No había rastro de Brian Merrygold en ninguna red profesional, en entrevistas ni en publicaciones anteriores. No era un periodista nuevo ni un colaborador ocasional. Simplemente no existía. VideoGamer, que desde hace meses pertenece a una agencia de SEO vinculada al sector de las apuestas, había decidido sustituir a su equipo humano por IA. Y no lo había dicho.
Confianza bajo algoritmo
Lo más irónico es que el texto de la reseña comenzaba con una afirmación rotunda "Puedes confiar en VideoGamer. Nuestro equipo de expertos en videojuegos pasa horas probando y analizando los últimos títulos para asegurarte de que estás leyendo la guía más completa posible". Pero no había equipo. No había horas de juego. No había análisis. Solo prompts, algoritmos y una imagen falsa.
Metacritic, tras el escándalo, actuó con rapidez. Eliminó la reseña cuestionada y, tras una auditoría interna, borró otro puñado de críticas de VideoGamer publicadas en 2026. Marc Doyle, cofundador del agregador, reconoció el fallo: "Nos equivocamos al no detectar esto antes. La confianza en las reseñas es frágil, y cada vez dependemos más de medios que operan bajo modelos opacos".
Este caso no es una excepción. Es un síntoma. La industria del contenido digital está en plena transformación, y muchas empresas apuestan por automatizar no solo tareas repetitivas, sino también aquellas que requieren juicio, estilo, voz. Y lo hacen sin avisar.
El adiós humano de Jack Dorsey
Mientras el debate sobre la reseña falsa crecía, otro acontecimiento llamaba la atención en el mundo tecnológico. Jack Dorsey, fundador de la red social que ahora es X, anunció el despido del 40% de la plantilla de Block, su empresa de pagos digitales. La justificación no fue mala racha económica ni recorte de costes. Fue más directa "Las IA son lo suficientemente productivas para reemplazar a los trabajadores humanos", declaró.
La reacción de los mercados fue inmediata. Las acciones de Block subieron un 20%. Los inversores celebraron la reducción de personal como un signo de eficiencia. Pero detrás de ese porcentaje hay miles de personas que pierden su empleo no por falta de habilidad, sino porque una máquina puede hacer lo mismo o al menos eso se cree con menos salario, sin vacaciones y sin derechos laborales.
¿El fin del trabajo creativo?
¿Dónde trazamos la línea? Si una IA puede escribir una crítica de videojuegos indistinguible de la de un humano, ¿por qué no redactar artículos, guiones, informes legales? Marcos Alonso, en su ensayo Platón contra las máquinas, lo plantea sin tapujos
."Hoy, las máquinas podrían relevarnos en tareas complejas y creativas, ocupaciones que antes considerábamos coto privado de nuestra inteligencia"
Y va más allá
."Algunos sostienen que nuestro futuro no es ser escritores, sino una mezcla de generadores de prompts y editores. Esta postura parece algo exagerada, pero tampoco podemos descartarla por completo"
La ironía es brutal. Estamos creando herramientas que imitan lo mejor de nosotros la creatividad, el análisis, la crítica mientras despedimos a quienes las desarrollaron. Y lo hacemos en nombre del progreso, de la eficiencia, del crecimiento económico.
Pero quizás el verdadero reto no es si las máquinas pueden escribir mejor que nosotros. Es si queremos vivir en un mundo donde todo lo que leemos, vemos y escuchamos ha sido filtrado por algoritmos cuyo único propósito es reducir costes, no enriquecer el pensamiento.
En Resident Evil, los humanos perdieron el control de sus creaciones científicas. En la vida real, la historia se repite. Pero esta vez, el virus no es biológico. Es digital. Y se alimenta de nuestra confianza.