Michael Trazzi pasó siete días frente al número 6 de Pancras Square, en Londres, con una pizarra que decía que estaba en huelga de hambre y pedía a DeepMind que frenara la carrera de la IA. Tenía 30 años, venía de investigar seguridad y había decidido plantarse justo ante una de las sedes con más influencia en ese pulso.
La escena podría parecer marginal si no conectara con un malestar mucho más amplio. Entre los 14 y los 29 años, solo el 22% dice sentirse esperanzado por la IA, según Gallup, catorce puntos menos que en 2025. Al mismo tiempo, el 31% siente enfado y el 44% ansiedad.
Los jóvenes ya no miran la IA como una promesa
Michael Trazzi, activista y creador de Stop the AI Race, pone nombre a ese miedo cotidiano que empieza al final de la universidad y continúa en la búsqueda del primer empleo.
"Los que acaban la universidad y están a punto de empezar sus carreras profesionales están cada vez más preocupados por no encontrar trabajo. Temen que la IA se vuelva más inteligente hasta llegar a ser capaz de hacer todo lo que ellos pueden hacer. Creo que cada vez miran al futuro con más incertidumbre y no tienen claro cómo van a poder ganarse la vida". - Michael Trazzi, activista y creador de Stop the AI Race
Esa inquietud no vive solo en las pancartas. Javier García Manglano, sociólogo e investigador en la Universidad de Navarra, dice que ya aparece entre estudiantes que primero recibieron estas herramientas como una ayuda para ser más eficientes y ahora empiezan a preguntarse qué lugar les quedará.
"Es algo que ya se empieza a observar entre los estudiantes. Muchos celebraron, quizá de forma inconsciente, la llegada de la IA, porque sentían que les hacía más eficientes. Ahora hay inquietud. ¿Si la IA ya hace muchas cosas mejor que yo, por qué me van a contratar a mí?". - Javier García Manglano, sociólogo e investigador en la Universidad de Navarra
Las cifras del mercado laboral empujan en la misma dirección. Un informe de InfoJobs y Esade recoge que en España las vacantes vinculadas a nuevas tecnologías que no requieren experiencia cayeron un 41% en 2025.
A eso se suma otra señal más amplia. El World Economic Forum indica que el 40% de los empresarios espera reducir plantilla en los departamentos donde la IA lo permita.
La protesta salió de Londres y llegó a San Francisco
Trazzi no dejó su protesta en aquel portal londinense. En marzo, la plataforma Stop the AI Race reunió a doscientas personas ante las sedes de Anthropic, OpenAI y xAI en San Francisco, y la convocatoria ya tiene otra fecha marcada para el 11 de julio.
Su crítica no gira solo en torno al empleo. También apunta al reparto del poder en una industria donde unas pocas compañías concentran inversión, capacidad de cómputo e influencia pública, una tendencia que ya reflejó los riesgos de la inteligencia artificial en debates anteriores sobre el sector.
"Los multimillonarios de Silicon Valley están acumulando cada vez más poder. Queremos mantener el control de nuestras vidas y nuestra libertad". - Michael Trazzi, activista y creador de Stop the AI Race
La protesta conecta así dos temores que suelen aparecer por separado y aquí avanzan juntos. Por un lado, el trabajo que desaparece o cambia de manos. Por otro, la sensación de que las decisiones quedan cada vez más lejos de quienes van a vivir con sus consecuencias.
El dinero creció mientras el reparto se estrechó
Un estudio de la Universidad de Stanford señala que la inversión en inteligencia artificial se disparó durante 2025, pero sus beneficios no se distribuyen de forma equitativa y el desarrollo está concentrado en un pequeño grupo de empresas.
Miguel Lucas, director global de innovación en Llorente y Cuenca, advierte de una cadena de efectos que empieza en el acceso al empleo y termina afectando a la formación y a los salarios de toda una generación. Muchos jóvenes pueden dejar de formarse si perciben que la entrada al mercado laboral se estrecha, y quienes sigan ese camino podrían cobrar menos.
"Si cada vez menos jóvenes encuentran opciones para acceder al mercado laboral, encontrar expertos en determinados campos puede volverse muy complicado. Se va a dar una pérdida de talento generacional, porque muchos dejarán de formarse, y los que lo hagan probablemente ganarán menos dinero". - Miguel Lucas, director global de innovación en Llorente y Cuenca
Lucas añade otra capa al debate cuando habla del coste material de esta tecnología. No solo menciona la caída del acceso al empleo, también la bajada de la calidad del contenido digital y el gasto de electricidad y agua que requiere la IA, un asunto que ya apareció al analizar el consumo energético de centros de datos.
La riqueza se está concentrando en manos de unos pocos mientras crecen los costes sociales, sostiene Lucas, al describir un escenario en el que el beneficio económico y la factura colectiva avanzan por carriles distintos.
Hasta el Vaticano entró en una discusión que ya no es técnica
Este lunes, la primera encíclica del Papa León XIV abordará la dignidad humana en el contexto del desarrollo de algoritmos. Que el asunto llegue al centro del discurso moral de la Iglesia retrata hasta qué punto la discusión ya no pertenece solo a ingenieros, inversores o directivos.
Tampoco ayuda la imagen que proyectan las cúpulas empresariales. El enfrentamiento judicial entre Sam Altman y Elon Musk por el control de OpenAI ha dejado a la vista luchas internas de poder, y algunos antiguos colaboradores han descrito a Altman como poco transparente y con tendencia a mentir.
En medio de ese clima, Eric Schmidt, exdirector ejecutivo de Google, recordó en la Universidad de Arizona que Time eligió como persona del año para 2025 a los arquitectos de la inteligencia artificial. Luego añadió que el futuro no está escrito y que serán los estudiantes quienes lo construyan.
Hay una ironía difícil de pasar por alto. Mientras las élites tecnológicas discuten liderazgo, control y prestigio, el 44% de los jóvenes declara sentir ansiedad ante la IA, y solo el 22% dice mirarla con esperanza.
La protesta de Trazzi tampoco quedó en un gesto aislado. Él sostiene que su carta influyó en que, en enero, Demis Hassabis, CEO de DeepMind, dijera que apoyaría una pausa coordinada en el desarrollo de la IA si el resto de compañías asumía el mismo compromiso.