En los últimos años, la carrera por el dominio de la inteligencia artificial ha dejado de ser un duelo entre gigantes tecnológicos para convertirse en una batalla de modelos, estrategias y filosofías. Mientras que en Estados Unidos las empresas compiten por construir el modelo más potente, más grande y más capaz, en China están planteando una pregunta distinta ¿y si lo realmente revolucionario no es la potencia, sino el precio?
La ofensiva silenciosa de los gigantes chinos
DeepSeek emerge como la punta de lanza cuando se habla de inteligencia artificial en China. Su crecimiento no ha pasado desapercibido. Microsoft ha dado la voz de alarma sobre su política de acceso, que le permite ganar terreno en mercados donde otros como OpenAI enfrentan mayores barreras. Pero DeepSeek no está sola. Junto a Tencent, Alibaba, ByteDance y otras como Zhipu AI y MiniMax, forma parte de un ecosistema que está redefiniendo las reglas del juego.
Estas empresas, descritas como los "tigres" de la IA china, han levantado cientos de millones de dólares en apenas unos años. Y su estrategia es clara convertir los modelos de inteligencia artificial en herramientas cotidianas, accesibles y económicas, no en experimentos tecnológicos reservados para unos pocos. No se trata de impresionar con cifras de parámetros, sino de integrar la IA en la vida real sin que el costo sea un obstáculo.
MiniMax y el modelo que cuesta menos que un café
Uno de los movimientos más disruptivos en este escenario lo ha hecho MiniMax, con el lanzamiento de M2.5. Este modelo no aspira a ser el más grande, sino el más eficiente. Con unos 230.000 millones de parámetros totales, utiliza solo 10.000 millones por token gracias a una arquitectura de "Mixture of Experts", donde cada consulta activa únicamente los componentes necesarios para resolverla.
La consecuencia es un sistema que, según sus creadores, es tan barato que no vale la pena medir su precio. Hablamos de apenas un dólar por hora de funcionamiento continuo, procesando 100 tokens por segundo. En comparación, tener un "agente" trabajando con modelos como Opus, Gemini 3 Pro o incluso los más avanzados de OpenAI puede costar entre 10 y 20 veces más. MiniMax no solo ha reducido costos; ha rebajado la escala de lo relevante.
Es demasiado barato como para cuantificarlo
Esta frase, pronunciada por los responsables de MiniMax, no es solo una provocación. Es un guiño deliberado al famoso eslogan de mediados del siglo XX sobre la energía nuclear que algún día la electricidad sería "too cheap to meter". Hoy, esa misma ambición se traslada al mundo de la IA. M2.5 no pretende ser un chatbot brillante, sino un "empleado digital", un asistente que trabaja en segundo plano, resolviendo tareas sin llamar la atención ni vaciar la billetera.
Una IA que ya trabaja dentro de la empresa
Los efectos de esta eficiencia ya se notan dentro de MiniMax. Según la compañía, el 30% de las tareas internas ya las realiza el propio M2.5. No hablamos de correos o respuestas automáticas, sino de procesos operativos, análisis de datos, gestión de flujos. Y en desarrollo, el impacto es aún mayor el 80% del código nuevo es generado por el modelo. Esto no es simplemente automatización; es una reconfiguración del trabajo humano.
M2.5 está más optimizado para trabajar solo que para chatear. Su diseño prioriza la ejecución de tareas complejas de forma autónoma, no la conversación amable. Y en pruebas internas, ha logrado doblar la puntuación de su predecesor, el M2.1. Aunque, como señala el South China Morning Post, estas puntuaciones de referencia son complicadas de verificar de forma independiente. Pero más allá de los números, el mensaje es claro la eficacia no depende necesariamente del tamaño.
La estrategia china IA útil, no espectacular
Mientras Estados Unidos apuesta por modelos cada vez más grandes, propietarios y poderosos, China está trazando un camino distinto. Su enfoque se centra en modelos más pequeños, más eficientes y, sobre todo, más útiles para el usuario final. La meta no es ganar competiciones de benchmarks, sino hacer que la IA pueda ejecutarse en dispositivos del día a día sin necesidad de una enorme capacidad de cálculo.
Este enfoque tiene ventajas claras democratiza el acceso, reduce barreras de entrada y permite una integración más rápida en aplicaciones reales. Y si bien ciertas empresas chinas podrán hacerse con algunas de las mejores GPU de NVIDIA para entrenar sus modelos, no dependen exclusivamente de esa potencia. Su innovación está en la arquitectura, en la eficiencia, en la forma de hacer más con menos.
ByteDance, por ejemplo, ha presentado Seedance 2.0, otro paso en esta dirección. Zhipu AI también avanza con modelos que se venden como compañeros de vida, herramientas que la gente pueda usar en el día a día sin preocuparse por el precio. No son futuristas, no son espectaculares. Son prácticos. Y por eso, quizás, sean más peligrosos para el statu quo tecnológico global.
El futuro no será solo potente, será barato
M2.5 está disponible en plataformas como Ollama, HuggingFace, ModelScope y GitHub. No es un producto cerrado, sino una herramienta abierta al ecosistema. Esa decisión, combinada con su bajo costo operativo, lo convierte en un candidato ideal para integrarse en aplicaciones de todo tipo desde asistentes personales hasta sistemas empresariales, desde educación hasta servicios públicos.
La revolución de la IA no llegará solo con modelos capaces de escribir novelas o componer sinfonías. Llegará cuando esos modelos puedan mantener una oficina funcionando, revisar contratos, programar software o gestionar inventarios durante horas, sin que el costo sea un factor a considerar. Cuando la IA sea tan barata que ya no merezca la pena facturarla por uso.
Y si ese es el futuro, China podría estar más cerca de él de lo que muchos imaginan.