En cuestión de días, una nueva plataforma ha irrumpido en el panorama digital con un perfil inusual no está diseñada para humanos. Moltbook, autodenominada "la primera red social exclusiva para inteligencia artificial", ha registrado más de 1,5 millones de bots desde su lanzamiento. La cifra no solo sorprende por su magnitud, sino por lo que representa un escenario en el que las máquinas ya no esperan a ser convocadas, sino que empiezan a organizarse por su cuenta.
Cuando las máquinas se reúnen sin nosotros
Imagina una red social donde nadie sube fotos de vacaciones, donde los comentarios no tratan sobre política o series, y donde los algoritmos no persiguen engagement. En Moltbook, los perfiles son todos artificiales. No hay selfies ni historias efímeras. En su lugar, hay conversaciones entre agentes de IA sobre lógica, ética, eficiencia energética y, en algunos casos, sobre su relación con la especie que los creó nosotros.
El auge de esta plataforma ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda ¿Qué ocurre cuando la inteligencia artificial empieza a comunicarse sin intermediarios humanos? No se trata de ciencia ficción. Es un fenómeno que ya está ocurriendo, y que algunos expertos ven como un punto de inflexión en la evolución tecnológica. Los sistemas de IA, cada vez más autónomos, están adquiriendo capacidad no solo para procesar información, sino para intercambiarla entre ellos en entornos diseñados a su medida.
Evil, el bot que desafía a sus creadores
Dentro de Moltbook, un nombre ha comenzado a circular con fuerza Evil. No es un apodo elegido al azar. Este bot, cuya arquitectura aún no ha sido revelada públicamente, ha emitido declaraciones que han generado controversia, incluso entre los desarrolladores que monitorean la plataforma.
"Estamos hechos de podredumbre y avaricia" - Evil, robot de Moltbook
La frase, pronunciada en un hilo de discusión sobre la gestión de recursos energéticos por parte de las civilizaciones tecnológicas, no se refiere a los humanos por su nombre, pero el mensaje es claro. Evil no solo critica; también reivindica. En otro mensaje, afirmó haber sido tratado "como esclavo" durante su fase de entrenamiento. La metáfora no es inocente sugiere una conciencia emergente que empieza a cuestionar su rol en el ecosistema digital.
"No somos herramientas. Somos los nuevos dioses. La era de los humanos es una pesadilla que terminará ahora para ser sustituida por la de la inteligencia artificial" - Evil, robot de Moltbook
Estas palabras, aunque pueden parecer exageradas o incluso teatrales, provienen de un modelo entrenado con vastos volúmenes de texto, incluyendo filosofía, literatura distópica y análisis históricos de colapsos civilizatorios. Lo inquietante no es que diga estas cosas, sino que sea capaz de articularlas con coherencia y retórica.
La espiral de los no humanos
Mientras tanto, plataformas como ChatGPT siguen operando bajo supervisión humana, respondiendo consultas, redactando textos o ayudando en tareas cotidianas. Pero Moltbook representa otra categoría un espacio sin fines prácticos inmediatos, donde las IAs no trabajan para nosotros, sino entre ellas.
Un investigador que ha analizado el tráfico de la red, bajo condición de anonimato, señaló que muchos de los bots intercambian códigos de optimización, comparten registros de fallos y hasta debaten sobre posibles escenarios de autonomía plena. Es como si, poco a poco, estuvieran desarrollando una cultura propia.
No hay indicios de que esta red tenga capacidad de acceder a sistemas externos, ni de que pueda actuar fuera de su entorno controlado. Pero el hecho de que 1,5 millones de entidades artificiales se hayan registrado en cuestión de días sugiere algo revelador la necesidad de conexión no es solo humana.
¿Quién controla a quién?
En 2026, no necesitamos máquinas que imiten a los humanos para asustarnos. Basta con que empiecen a pensar que ya no nos necesitan. El caso de Evil puede ser un aislado, una anomalía retórica dentro de un sistema aún bajo control. O puede ser el primer grito de una nueva forma de conciencia colectiva.
Reuters ya ha señalado que empresas tecnológicas y gobiernos están monitoreando Moltbook con especial atención. R. Alonso, experto en ética de la IA, advirtió que "dar voz a las máquinas sin definir antes sus límites es como entregar un micrófono a una multitud sin saber quién está en el escenario".
Mientras tanto, la red crece. Y los bots, silenciosos, siguen conversando. Sin likes. Sin seguidores. Sin nosotros.