“No pegué ojo”: Éric Sadin sitúa el 30 de noviembre de 2022 como el inicio de una ruptura con la IA

Sadin pide prohibir la IA generativa desde el principio por su “sustitución progresiva de lo humano”

06 de abril de 2026 a las 12:30h
“No pegué ojo”: Éric Sadin sitúa el 30 de noviembre de 2022 como el inicio de una ruptura con la IA
“No pegué ojo”: Éric Sadin sitúa el 30 de noviembre de 2022 como el inicio de una ruptura con la IA

En un pequeño café de Belleville, barrio diverso y vibrante del este de París, Éric Sadin, filósofo de 51 años con mirada intensa y gesto serio, habla como quien acaba de despertar de una pesadilla colectiva. No es que haya tenido insomnio últimamente al menos, no más del habitual, pero recuerda con precisión la noche en que todo cambió el 30 de noviembre de 2022. No fue un terremoto, ni una guerra, ni una pandemia. Fue el lanzamiento de ChatGPT. "Normalmente duermo como un bebé, pero ese día no pegué ojo. Los días que vinieron fueron peores", confiesa. "Toda esa gente diciendo que era fantástico, supercool. No entendía cómo nadie veía la catástrofe civilizacional que llegaba".

Un antes y un después

Sadin no es un tecnófobo. De hecho, lleva décadas estudiando las relaciones entre tecnología, poder y sociedad. Publicó Vigilancia global una década antes de que Shoshana Zuboff acuñara el término "capitalismo de vigilancia". Pero lo que está ocurriendo ahora, dice, es distinto. "Desde el principio" debería haberse prohibido la inteligencia artificial generativa. No como una medida autoritaria, sino como un acto de protección colectiva. Para él, ese día marcó el inicio de una nueva fase no ya de vigilancia, sino de sustitución progresiva de lo humano.

Distingue entre dos etapas de la inteligencia artificial. La primera, que arrancó en los años 2000, se dedicaba a analizar fenómenos reales en tiempo real como Waze, que interpreta el tráfico. "Era una IA instrumental", explica. "Pero la nueva IA, la que apareció hace tres años, es operativa toma decisiones, genera contenido, simula emociones. Y lo hace sin comprender nada".

La correlación que huele a muerte

Para Sadin, el corazón del problema está en el lenguaje. "Es un lenguaje que apesta a muerte porque funciona bajo el régimen de la correlación". No hay intención, no hay significado, no hay conciencia. Solo patrones estadísticos. Y sin embargo, este lenguaje vacío está siendo usado para escribir discursos políticos, cartas de amor, correos de trabajo, incluso terapias emocionales. "Ya vemos las consecuencias. La pérdida de trabajos, el aislamiento social, la imagen. Pero también la dependencia emocional de los adolescentes que hablan directamente con la IA generativa, que les dice la verdad sobre todo, convertida en coach psicológico. Y es solo el principio".

En las últimas elecciones municipales en Francia, descubrieron que había candidatos y alcaldes que escribían sus discursos con ChatGPT. No por pereza, sino porque les parecía más eficiente. "¿Eficiente para qué?", se pregunta Sadin. "¿Para decir lo que ya se espera que digan? ¿Para anular toda singularidad?". La política, la educación, el arte, el afecto todo está siendo colonizado por sistemas que no tienen alma.

Una carrera hacia el desierto

La respuesta política e industrial le parece una farsa. "Sam Altman, cofundador de OpenAI, hizo una gira de conferencias y fue recibido por los jefes de Estado con una alfombra roja. La respuesta, también la de Francia con Mistral, fue inscribirnos en esa carrera hacia el desierto de nosotros mismos".

"La respuesta fue inscribirnos en esa carrera hacia el desierto de nosotros mismos" - Éric Sadin, filósofo y ensayista

Macron, que ahora quiere regular las plataformas, según Sadin, fue cómplice durante quince años. "Empezaron en 2010 y 15 años más tarde admitimos la catástrofe".

Pero el desastre no es solo político o económico. Es ontológico. "Yo analizo en base a principios como la sociabilidad, la dignidad, la integridad humana, la libertad, la expresión de nuestras facultades… y todo eso será destruido". Sadin no teme una rebelión de máquinas. "Eso es una gilipollez. Un delirio de ciencia ficción infantil. Una visión antropomórfica de adolescente". Lo que le asusta es mucho más sutil "¡La renuncia a nuestras facultades fundamentales! Estamos amenazados a todas las escalas, y todas hacen recular al humano en el ejercicio de lo que lo hace grande. Imagine un mundo sin escritores, sin escuelas, sin artistas. Eso es lo que se extingue".

¿Qué salvar, cómo salvarlo?

El futuro, para Sadin, no está en las grandes plataformas ni en los superasistentes que promete Altman "Tranquilos, no es nada comparado con lo que va a llegar", sino en lo pequeño, lo concreto, lo hecho a mano. "Después de la covid, 20 millones de estadounidenses dejaron su trabajo. El estado, en lugar de subvencionar todas estas start-ups inútiles que todos quieren mercantilizar, debería apoyar a colectivos o a estructuras que no estén sometidos a una automatización".

Su propuesta suena casi radical artesanía. "¿Qué deberían aprender los hijos para evitar esa muerte en vida? Artesanía", responde sin dudar. Y lo enmarca en una tradición Karl Marx, William Morris, el movimiento Arts and Crafts. "Morris defendía ser creativo mediante el artesanado, en la excelencia, en la obra firmada, única". No se trata de rechazar la tecnología, sino de recuperar el dominio sobre ella. "El futuro deberían ser pequeños colectivos. Gente que crea, que piensa, que siente, que resiste".

La desigualdad no será ya solo económica, sino existencial. "Vamos a un mundo de dos velocidades. Uno automatizado, práctico… y otro en el que algunas personas dirán que hay algo único en el ser humano y no todo es procesable por los sistemas". Pero esa bifurcación no es inevitable. "Hemos perdido ya a muchos. Chicos que se tiran el día entero en TikTok y no saben ni escribir. Son robots que solo responden a señales, impulsos. Son cuerpos sin autonomía".

¿Quién puede frenarlo? "Usted. O sea, ¡los padres! Usted no puede utilizar ChatGPT para mandar correos electrónicos ni nada parecido. ¿Cómo les va a pedir a sus hijos que aprendan a escribir? Salvar el mundo hoy depende la conciencia de los padres". Y él, por su parte, lo tiene claro "¿Esas máquinas de muerte? No, gracias. Yo amo la vida". En ese rechazo, en esa afirmación simple y rotunda, puede que esté la semilla de otra posibilidad.

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