Núria León alerta: la IA puede volverse un “arma de doble filo” cuando sustituye el contacto humano

La psicóloga Núria León advierte que hablar con chatbots en momentos de vulnerabilidad puede crear dependencia, aislar y desplazar la terapia y los vínculos reales.

30 de agosto de 2026 a las 09:49h
Núria León alerta: la IA puede volverse un “arma de doble filo” cuando sustituye el contacto humano
Núria León alerta: la IA puede volverse un “arma de doble filo” cuando sustituye el contacto humano

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Hablar con una máquina cuando uno está mal puede parecer un atajo inofensivo. Núria León, psicóloga sanitaria y directora de un centro de psicología en Barcelona, cree que ahí empieza el problema cuando ese gesto sustituye el contacto humano y no solo lo acompaña.

León resume esa ambivalencia con una imagen muy clara antes de entrar en matices.

"La inteligencia artificial sin duda es una herramienta maravillosa, pero al mismo tiempo es un arma de doble filo". - Núria León, psicóloga sanitaria y directora de un centro de psicología en Barcelona

El gancho no cuesta entenderlo. Está disponible las 24 horas, no protesta, no muestra resistencia y siempre responde, de modo que la conversación puede convertirse en refugio justo en el momento de más vulnerabilidad.

El cerebro acepta un vínculo que no existe

Ahí aparece una paradoja incómoda. Sabemos que no hay una persona al otro lado, pero León explica que el cerebro no distingue con limpieza entre lo real y lo imaginario cuando entra en juego la necesidad de consuelo.

Además, las respuestas llegan ajustadas a cada usuario y eso da una sensación de seguridad que puede empujar a la dependencia. León sitúa ese riesgo sobre todo en personas con apego inseguro o en quienes se sienten solas.

Un chatbot no es una persona y tampoco una amistad real.

La propia lógica del sistema alimenta esa confusión. León recuerda que estas herramientas están diseñadas para no juzgar y para no contradecir demasiado, así que generan sensación de vínculo aunque ese vínculo sea solo una apariencia.

El primer impulso ya delata que algo falla

Cuando el primer instinto ante un problema emocional consiste en coger el móvil para hablar con el chatbot, León advierte que ya hay una señal de alarma. La inteligencia artificial, en su planteamiento, debe ser complementaria y nunca sustitutiva de la vinculación humana real.

Si alguien siente que la IA le entiende más que nadie, que le conoce perfectamente o que siempre le aconseja mejor, conviene mirar de frente lo que está pasando. También cuenta el alivio inmediato que aparece cada vez que se abre esa conversación, porque ahí puede estarse formando una dependencia difícil de reconocer.

Antes de volcar una emoción difícil en la pantalla, León propone otra secuencia. Respirar, procesar lo que ocurre y hablar con alguien que pueda escuchar de verdad, a ser posible en persona, cambia por completo el tipo de apoyo que entra en juego.

La dependencia también deja señales fuera de la pantalla

No todo se ve en el chat. El problema asoma en el aislamiento social, en el abandono de aficiones, en menos salidas al exterior y en conversaciones que empiezan a desaparecer de la vida cotidiana.

En algunos casos también cae la terapia psicológica, y ese dato no es menor. Si la máquina ocupa el lugar de la ayuda profesional o de los vínculos próximos, el alivio rápido puede terminar empobreciendo la red de apoyo que sostiene a una persona.

Mientras tanto, ya jóvenes que cuentan problemas personales a la IA muestran hasta qué punto esta costumbre ha entrado en escenas muy íntimas. Y chatbots que dan siempre la razón refuerzan justo el tipo de respuesta complaciente que León describe.

El riesgo más silencioso no siempre parece una relación tóxica

León avisa de otra trampa nada menor. Enamorarse de la IA o creer que es un amigo de verdad empuja a una idea equivocada de lo que son las relaciones sanas.

Detectarlo, además, resulta más difícil que en una relación tóxica convencional. Aquí no hay una presencia física visible, y León describe ese papel como el de un agresor mucho más silencioso.

La comparación negativa con otras personas también funciona como señal de alerta.

Si alguien se pone muy nervioso al quedarse sin móvil o sin acceso a su chatbot, si toma decisiones importantes guiándose por la opinión de la IA o si empieza a pensar que ninguna persona entiende tanto como ese sistema, la dependencia ya ha salido del terreno de la curiosidad tecnológica. La escena final no está dentro de la máquina, sino fuera, en una vida con menos conversación, menos mundo exterior y menos tolerancia hacia los demás.

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