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La inteligencia artificial ya no aparece solo en demostraciones llamativas o asistentes de texto. También circula en vídeos políticos que convierten a personas reales en personajes sintéticos, como ocurrió con una Irene Montero generada con armadura y a caballo o con el vídeo artificial de Begoña Gómez que difundió el Partido Popular.
Los algoritmos premian lo que provoca reacción
No es un detalle menor. Cuando una pieza falsa logra enfado, sorpresa o burla, entra en el tipo de contenido que mejor encaja con la lógica de muchas plataformas.
"Los algoritmos deciden qué vemos las personas, qué se promociona, qué no se promociona o qué se censura" - Nuria Oliver, directora y cofundadora de ELLIS Alicante
Oliver sitúa ahí una parte del problema, porque la circulación no depende solo de quién fabrica el vídeo, sino de qué hacen después los sistemas que ordenan la atención pública. En otro momento lo resume con una idea muy concreta, ya que esos algoritmos miden la reacción de los usuarios para enfatizar y promocionar los contenidos que más llaman la atención.
Brasil ya mostró que la campaña puede llenarse de rostros inventados
En las elecciones brasileñas circularon vídeos con personas generadas mediante inteligencia artificial y perfiles de influencers artificiales que apoyaban a candidatos.
Donald Trump ha usado con frecuencia contenidos políticos creados con inteligencia artificial, de modo que el fenómeno no pertenece a un solo país ni a una sola campaña. mensajes distintos para cada grupo ya forman parte de una discusión más amplia sobre cómo estas herramientas alteran el terreno electoral.
Lo llamativo es la velocidad con la que esa estética sintética ha pasado del experimento al combate partidista.
Europa exige que el contenido manipulado quede identificado
La normativa europea establece que los contenidos generados o manipulados mediante inteligencia artificial deben identificarse como tales por los proveedores y por quienes los difunden. La regla intenta responder a una confusión muy concreta, porque un vídeo puede parecer una prueba visual cuando en realidad solo reproduce una escena inexistente.
Ahí encaja el caso del vídeo de Begoña Gómez y también esa iconografía exagerada de Irene Montero a caballo, que en otro contexto podría leerse como sátira, meme o simple propaganda. El problema empieza cuando la etiqueta desaparece y el espectador recibe la pieza como si fuera una grabación auténtica.
Los errores no solo aparecen en vídeos, también en los resúmenes automáticos
Mientras crece la atención sobre los deepfakes, Oliver advierte de otro frente menos vistoso y bastante cotidiano. Los resúmenes automáticos generados por herramientas de inteligencia artificial en buscadores pueden incluir errores o inexactitudes, las conocidas alucinaciones.
Esa advertencia toca una fibra diaria, porque mucha gente ya no entra en varias páginas para contrastar una noticia y se queda con la primera síntesis que le devuelve el buscador. Cuando el resumen nace con un error, el fallo viaja comprimido y con apariencia de certeza.
La paradoja resulta difícil de ignorar. Nunca hubo tantas herramientas para producir, ordenar y repartir información, y al mismo tiempo una etiqueta ausente o una frase inventada pueden empujar millones de pantallas en la dirección equivocada.