Cuando una empresa no solo marca tendencias, sino que parece estar escribiendo el código del futuro, cada uno de sus movimientos cobra una dimensión casi cinematográfica. Nvidia, esa compañía que hace apenas una década muchos asociaban únicamente con tarjetas gráficas para videojuegos, hoy se mueve como si fuera la orquesta principal de la revolución de la inteligencia artificial. Y lo hace con una estrategia clara no basta con fabricar los mejores chips. Hay que controlar todo el ecosistema que gira a su alrededor.
Un despliegue financiero sin precedentes
Esta semana, Nvidia anunció tres nuevas operaciones por valor conjunto de 4.000 millones de dólares, centradas en tecnologías ópticas para centros de datos 2.000 millones en Lumentum Holdings y otros 2.000 millones en Coherent. Estas empresas fabrican componentes clave para la transmisión de datos a velocidad de luz literal, piezas indispensables en la infraestructura de los grandes centros de procesamiento que alimentan la IA moderna. Estos dispositivos ópticos son los nervios del cerebro digital global, y Nvidia acaba de asegurarse de que su sistema nervioso central esté bien conectado.
Este movimiento no es aislado. Desde septiembre del año pasado, la compañía ha comprometido cerca de 80.000 millones de dólares en una cascada de inversiones que rozan la estrategia de dominio total. En 2025, la empresa participó en cerca de 90 rondas de inversión en start-ups de todo el mundo. No se trata solo de ganar dinero. Se trata de asegurar que cualquier innovación relevante en IA pase, de alguna manera, por sus servidores, sus chips o sus alianzas.
Alianzas que definen el futuro de la movilidad y la IA generativa
Entre los acuerdos más simbólicos destaca el que cerró con Oxa, una empresa británica especializada en software para vehículos autónomos. En el marco de una ronda de financiación de 103 millones de dólares, en la que participó Nventures, su brazo de capital riesgo, Nvidia no solo aportó dinero, sino también su arquitectura tecnológica. El mensaje es claro los coches del futuro no solo serán eléctricos, sino que pensarán, y probablemente pensarán gracias a Nvidia.
En el campo de la IA generativa, su presencia es aún más abrumadora. Desde comienzos de año, ha participado en las rondas de las tres grandes OpenAI, Anthropic y xAI. Ha comprometido 30.000 millones de dólares en OpenAI, 10.000 millones en Anthropic creadora del modelo Claude y hasta 5.000 millones en xAI, la start-up de Elon Musk que posteriormente se fusionó con SpaceX. Es difícil imaginar un escenario en el que la IA avanzada no lleve, en algún nivel, la firma de Nvidia.
Tampoco se ha olvidado de las promesas emergentes. Inversiones de entre 100 y 300 millones de dólares en empresas como Mistral AI, Cohere, ScaleAI, Figure AI, Perplexity, Crusoe y Poolside revelan una estrategia de dispersión inteligente apostar por múltiples caballos en una carrera cuyo final aún está lejos.
Adquisiciones, alianzas y presencia en infraestructura crítica
Quizá uno de los movimientos más enigmáticos fue su alianza con Groq, una start-up especializada en tecnología de inferencia para IA. Aunque el acuerdo no fue una compra directa, incluyó una licencia no exclusiva y la incorporación de figuras clave como Jonathan Ross y Sunny Madra a Nvidia. Diversos medios estadounidenses especularon con que el valor total de la transacción podría alcanzar los 20.000 millones de dólares, aunque la empresa no lo confirmó. Lo que sí es claro es que Nvidia está absorbiendo talento y tecnología a un ritmo feroz, incluso sin necesidad de adquisiciones formales.
En el plano de la infraestructura, sus movimientos son igual de ambiciosos. A finales de 2025, destinó 5.000 millones de dólares a Intel, 1.000 millones a Nokia para impulsar el desarrollo del 6G, y otros 2.000 millones a Synopsys, clave en el diseño de software para semiconductores. También invirtió 2.000 millones en CoreWeave, convirtiéndose en su segundo accionista, y 2.300 millones en el ecosistema británico de start-ups, incluyendo a Revolut, Wayve y Synthesia.
Y si eso parece mucho, hay que sumar su participación en el consorcio liderado por BlackRock para adquirir Aligned Data Centers, una operación valorada en 40.000 millones de dólares. Estamos ante una empresa que no solo fabrica los motores de la IA, sino que también está comprando las fábricas, las carreteras y hasta las ciudades donde esos motores funcionan.
El motor económico de una revolución
Detrás de esta ofensiva hay una salud financiera extraordinaria. En el último ejercicio, Nvidia casi duplicó sus activos totales, pasando de 111.601 millones a 206.803 millones de dólares. Registró un flujo de caja libre de 97.000 millones de dólares en el año, de los cuales 35.000 millones correspondieron solo al cuarto trimestre. Sus ingresos crecieron un 65%, alcanzando casi 216.000 millones de dólares. Y para el trimestre actual, prevé una cifra récord 78.000 millones de dólares en ingresos.
Estos números no son solo impresionantes. Son históricos. Ponen a Nvidia no solo como la empresa más valiosa del mundo por capitalización bursátil, sino como un actor que redefine lo que significa ser una empresa tecnológica. Ya no se trata de vender productos. Se trata de construir un universo digital en torno a una plataforma.
La riqueza de nuestro ecosistema, prácticamente todas las start-ups del mundo trabajan en la plataforma de Nvidia; estamos presentes en todas las nubes, en todos los centros de datos locales, en todos los sistemas robóticos y de borde del mundo; miles de nativos de IA se basan en Nvidia. Queremos aprovechar la gran oportunidad que tenemos, ya que estamos en el inicio de esta nueva era informática, este nuevo cambio de plataforma informática, para que todos usen Nvidia - Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia
Nvidia descarta que exista una burbuja en la IA. Y con estos números, resulta difícil discutírselo. Lo que está ocurriendo no es un espejismo especulativo. Es una transformación industrial que está cambiando la forma en que trabajamos, nos movemos, comunicamos y pensamos. Y una sola empresa está, por ahora, en el centro del torbellino.