Nvidia, Megaspeed y un romance bajo sospecha: EE UU investiga la reventa irregular de chips a China

Washington sospecha desde 2024 que Megaspeed revendía chips de Nvidia a Alibaba y otras firmas chinas. El caso mezcla controles de exportación, espionaje y vínculos personales en Silicon Valley.

31 de octubre de 2026 a las 11:11h
Nvidia, Megaspeed y un romance bajo sospecha: EE UU investiga la reventa irregular de chips a China
Nvidia, Megaspeed y un romance bajo sospecha: EE UU investiga la reventa irregular de chips a China

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Un romance, unos chips y varios micrófonos ocultos. Así aparece dibujado el nuevo mapa del espionaje tecnológico en Estados Unidos, donde Washington sospecha desde 2024 que la empresa singapurense Megaspeed revendía de forma irregular a Alibaba y otras compañías chinas los chips que compraba a Nvidia.

Washington persigue los chips mientras la vigilancia salta a la vida privada

La sospecha no nace en el vacío, porque Estados Unidos restringe desde 2022 la exportación a China de los modelos más potentes de Nvidia.

En el centro de esa vigilancia figura Alice Huang, también conocida como Huang Le, ejecutiva de Megaspeed y ciudadana china presuntamente vinculada al paso de información a Pekín. Un periódico estadounidense llegó a describir que el seguimiento sobre ella destapó una relación estrecha con Jensen Huang, fundador y presidente ejecutivo de Nvidia.

"La vigilancia sobre la directiva, Alice Huang o Huang Le, ciudadana china, destapó que había entablado una relación estrecha con Jensen Huang, el consejero delegado de Nvidia." - Un periódico estadounidense

Nvidia negó cualquier irregularidad y sostuvo que Jensen Huang mantiene relaciones sociales con miles de clientes sin compartir secretos profesionales. El directivo, de 63 años, está casado con Lori y tiene dos hijos treintañeros que trabajan en la compañía.

Hay veces en que la geopolítica cabe en una cena.

El caso revela hasta qué punto el control de los semiconductores ya no depende solo de aduanas y licencias. También entra en terrenos mucho más incómodos, porque las grandes empresas de Silicon Valley imparten cursillos a sus empleados para prevenir el espionaje y les advierten incluso sobre los riesgos de sus romances.

Ese clima de sospecha no se limita a Nvidia. De hecho, la compañía ya ha endurecido controles sobre su red comercial en Asia, como contó sus recortes de clientes en Asia, en una región donde el desvío de hardware hacia China se ha convertido en una obsesión política y empresarial.

El espionaje ya no busca solo documentos, también entra en las salas de reuniones

En octubre, el FBI detuvo a Abdulrahman Alfozan, ingeniero saudí empleado de OpenAI, por colocar dispositivos de escucha en salas de reuniones de la empresa. La justicia estadounidense confirmó además sus vínculos con autoridades saudíes tras descubrir que fabricó los artefactos con ayuda del ChatGPT de su mujer.

Dos semanas antes de su detención, Alfozan había viajado a Arabia Saudí con un permiso de paternidad y sin billete de vuelta. Su mujer y su hijo ya se habían trasladado de forma permanente a ese país.

Las alertas de inteligencia llegaron hace un año al presidente Donald Trump, pero entonces no hubo medidas. Ese dato introduce una tensión política difícil de esquivar, porque la sospecha existía y aun así la respuesta quedó en pausa.

Mientras tanto, el pulso por los chips siguió creciendo en la trastienda del comercio global. No es casual que aparezcan Singapur, China y Nvidia en la misma secuencia, igual que tampoco sorprende que otros desvíos recientes de servidores hayan vuelto a colocar el foco en el tránsito opaco de hardware entre terceros países.

Pekín responde con una descalificación frontal

Guo Jiakun, portavoz del Ministerio chino de Exteriores, rechazó las informaciones sobre el caso de Alice Huang con una batería de expresiones poco matizables. Las calificó de infundadas, dijo que carecen de fundamento y las definió como una pura calumnia y un intento de desprestigiar a China.

Al final, el retrato resulta bastante preciso y nada cómodo. Estados Unidos teme que los chips salgan por una puerta lateral, China denuncia una campaña de desprestigio y, entre medias, las compañías enseñan a sus empleados que una reunión, un viaje o una relación personal pueden convertirse en asunto de seguridad nacional.

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