En 2022, mientras el mundo aún asimilaba el auge de las inteligencias artificiales conversacionales, NVIDIA dio un paso silencioso pero estratégico lanzó NVentures, su brazo de capital riesgo corporativo. Fue solo unos meses antes de que ChatGPT irrumpiera en escena y cambiara para siempre la forma en que interactuamos con la tecnología. Lo que parecía una maniobra financiera más se ha convertido, con el tiempo, en una de las piezas clave del dominio de NVIDIA sobre el ecosistema global de la inteligencia artificial.
Del apoyo técnico a la dominación financiera
Antes de NVentures, NVIDIA ya tenía experiencia cultivando talento. Su programa Inception, sin inversión directa, había acompañado a más de 19.000 startups especializadas en IA, ofreciéndoles formación, créditos en la nube y descuentos en GPU. Era una especie de incubadora tecnológica, un modo de alimentar el ecosistema sin poner dinero sobre la mesa. Pero todo cambió con la creación de NVentures. De una sola inversión en 2022, pasaron a 30 en 2023, 54 en 2024 y 67 en 2025. No es solo crecimiento es una ofensiva orquestada.
Las cifras que manejan ya no son sólo millonarias, sino estratosféricas. Hay empresas que han recibido más de 100 millones de dólares, como Ayar Labs, Hippocratic AI, Kore.ai o Runway. Otras, como Cohere, Commonwealth Fusion o Black Forest Labs, han captado cientos de millones. Y luego está el escalón superior compañías como xAI, Mistral, Figure AI o Scale AI, que han entrado en el selecto grupo de las que han levantado miles de millones con el respaldo de NVIDIA. Algunos analistas ya no ven a la compañía como un fabricante de chips, sino como el banco central de la IA moderna.
El peso de los gigantes y los socios incómodos
Entre los nombres que destacan, dos suenan especialmente fuertes OpenAI y Anthropic. Ambas son consideradas "socios incómodos" por el artículo. No porque haya tensión abierta, sino porque su relación con NVIDIA es de dependencia mutua y competencia latente. Se espera que ambas empresas salgan a bolsa este año, lo que intensificará la mirada sobre sus alianzas estratégicas.
Y en este contexto, una declaración de Jensen Huang, CEO de NVIDIA, resuena con fuerza "meterán 30.000 millones en OpenAI, o…". La frase queda suspendida, como si fuera una amenaza no dicha o una promesa condicional. Quizá sea ambas cosas. Pero lo que sí queda claro es que esas dos megaoperaciones podrían ser las últimas del mismo calibre. NVIDIA parece estar cambiando de rumbo.
El giro hacia lo pequeño, lo específico, lo esencial
El nuevo enfoque de NVentures apunta a empresas más "modestas", pero no menos estratégicas. Se trata de apoyar firmas que trabajan en modelos especializados, software de inferencia, infraestructura, robótica, nube, conducción autónoma y biotecnología. Es una apuesta por la diversificación, por asegurar cada eslabón de la cadena. Un ejemplo ilustrativo es el caso de Reflection AI de los 2.000 millones que recaudó, 800 millones vinieron directamente de NVIDIA. Una cifra enorme, sí, pero también un mensaje no necesitan comprar la empresa, con influir en su rumbo es suficiente.
Esta estrategia responde a una realidad cada vez más evidente cuando hablan con ella, están hablando con NVIDIA. La compañía no solo provee el hardware que mueve la IA; está moldeando quién hace qué, dónde y cómo. Su influencia se extiende desde el diseño del chip hasta el modelo de negocio de la startup.
El futuro está en la inferencia
Si el entrenamiento de modelos fue la gran batalla de los últimos años, la próxima guerra se libra en la inferencia. Es decir, en la capacidad de responder a miles de millones de solicitudes de IA de forma rápida, eficiente y económica. Ya hay quien apunta que el 80% del coste de la IA a corto plazo será de inferencia. Y eso cambia todo.
NVIDIA lo sabe. Por eso, aunque no compró Groq, sí licenció su tecnología por 20.000 millones de dólares. Una cifra que no es una adquisición, pero que suena como una declaración de intenciones. Con esa tecnología, busca fortalecer sus propias soluciones, competir con los chips internos que sus propios clientes están desarrollando y, sobre todo, entrar al mercado chino.
China, el campo de batalla definitivo
El mercado chino, con una estimación de 50.000 millones de dólares, es una de las claves del futuro de NVIDIA. Pero también uno de sus mayores retos. La competencia local es feroz Huawei ya compite en entrenamiento e inferencia. AMD gana terreno con alianzas como la de Samsung. Intel, Amazon y Google tienen sus propios chips. OpenAI trabaja con Broadcom. Tesla y xAI también desarrollan hardware propio. Todos intentan reducir su dependencia de NVIDIA.
En medio de este escenario, la estrategia de NVIDIA parece clara no solo vender chips, sino construir un ecosistema imposible de evitar. No se trata solo de potencia, sino de control del flujo de la inteligencia. Y si bien el hardware sigue siendo su fortaleza, su verdadero poder ahora reside en quién financia, quién impulsa y quién define el futuro de la IA.
El mundo de la inteligencia artificial ya no gira solo alrededor de algoritmos o datos. Gira alrededor de decisiones de inversión, de licencias tecnológicas, de relaciones de poder entre gigantes que, a veces, son competidores y aliados al mismo tiempo. Y en el centro de ese círculo, con un silencio casi absoluto, está NVIDIA no solo fabricando el cerebro de la IA, sino dirigiendo quién lo usa, cómo lo usa y para qué lo usa.