Nvidia vale 20 veces más que IBM en 1985… con casi 10 veces menos empleados

"Los humanos son una cosa muy de 2023": cuando la publicidad pide dejar de contratarnos

23 de febrero de 2026 a las 16:21h
Nvidia vale 20 veces más que IBM en 1985… con casi 10 veces menos empleados
Nvidia vale 20 veces más que IBM en 1985… con casi 10 veces menos empleados

En una esquina de San Francisco, entre edificios de cristal y cafés de especialidad, una valla publicitaria rezaba con descaro "Los Artisans nunca llegan al trabajo con resaca". No se trataba de una broma de algún colectivo de yoguis tecnológicos, sino de una campaña promocional de una empresa de inteligencia artificial aplicada a las ventas. Las frases, provocadoras, iban dirigidas a los gerentes de recursos humanos "Paren de contratar a humanos", "Los humanos son una cosa muy de 2023". El mensaje era claro. Ya no hace falta esperar a que la tecnología reemplace al trabajador. Algunos ya lo están deseando.

El valor sin empleo

La economía global ha cambiado de fisonomía. En 1985, IBM era la compañía más valiosa de Estados Unidos, un gigante industrial y tecnológico que empleaba a 400.000 personas. Era un motor de empleo, un símbolo de estabilidad. Saltamos a 2025 y encontramos a Nvidia, una empresa centrada en chips para inteligencia artificial, con una capitalización 20 veces superior a la de IBM en su momento. Su beneficio es cinco veces mayor. Y sin embargo, tiene apenas 36.000 empleados. La productividad se dispara, pero el empleo se estanca o retrocede. No se trata de una excepción. Es una tendencia que se repite en muchas de las nuevas empresas estrella del mercado.

Este nuevo modelo genera riqueza, pero no la distribuye de forma equitativa. El motor económico ya no es la mano de obra masiva, sino el capital tecnológico. Y ese capital está en pocas manos. La riqueza se concentra mientras el trabajo se precariza o desaparece. Lo que antes era una previsión de economistas críticos hoy es una realidad palpable en las calles, en los supermercados, en los aeropuertos.

La economía en forma de K

McDonald"s, ese termómetro social que muchos no quieren reconocer, lo ve todos los días. Chris Kempczinski, su presidente ejecutivo, lo dijo sin rodeos "Los consumidores de clase media y baja sienten mucha presión ahora". Y añadió una frase que suena a diagnóstico "Ahora mismo tenemos una economía de dos niveles". Uno para quienes pueden permitirse el lujo de pagar más, otro para quienes ajustan cada céntimo.

Delta Air Lines registra un cambio paralelo. Los ingresos de los asientos premium están a punto de superar a los de la clase turista. No es que viajen más personas en primera. Es que quienes viajan en clase turista pagan menos, mientras los de arriba pagan mucho más. La K se dibuja también en los billetes de avión las ramas se separan, una sube, la otra se estanca.

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, lo advirtió en abril de 2024 durante una conferencia en Fráncfort.

Incluso si la inteligencia artificial aumenta más la productividad y riqueza de lo que automatiza el trabajo, probablemente vamos a ver un aumento en la desigualdad en el mercado laboral

El crecimiento ya no es sinónimo de bienestar general. Es un crecimiento sesgado, que favorece a los que ya tienen. La tecnología multiplica la eficiencia, pero también profundiza las grietas sociales.

El hedonismo de las cifras

En Estados Unidos, los datos son escalofriantes. En 1982, el patrimonio de las 400 familias más ricas representaba el 2% del PIB. Hoy, ese grupo acumula el 20%. En España, el número de personas que declaran un patrimonio superior a 30 millones de euros casi se ha cuadruplicado en doce años de 352 en 2011 a 865 en 2023. No solo crece la riqueza, crece a una velocidad que parece desafiar la lógica económica y humana.

Branko Milanović, especialista en desigualdad, lo llamó "hedonismo abstracto" durante un diálogo celebrado en Madrid. "Porque esa fortuna es tanta que no proporciona ninguna utilidad", dijo. "Es un hedonismo que ya no se explica por el placer de las cosas, es un hedonismo que se explica por la acumulación de dinero. Y ni siquiera acumulación de dinero, es acumulación de cifras, porque antes lo tenías en oro, incluso en monedas, pero ahora no".

Este fenómeno va más allá de la codicia. Es un síntoma de un sistema que ya no mide el valor por su utilidad, sino por su capacidad de acumulación. El dinero ya no compra cosas. Compra más dinero. Y cada vez, menos personas tienen acceso a ese círculo.

La nueva aristocracia tecnológica

Alex Weber, expresidente del Bundesbank, lo anticipó en octubre de 2023 "Veremos a gente que recoge los beneficios de esta tecnología de una forma que no hemos visto nunca, de la misma manera que hemos tenido tecnoaristócratas, vamos a tener aristócratas de la inteligencia artificial". Y matizó "Sí serán humanos".

La ironía es evidente. Mientras las empresas de IA promueven campañas que ridiculizan a los trabajadores humanos, son humanos los que se sientan en las salas de juntas y se llevan los dividendos. La tecnología no es quien gana, es el medio que usan unos pocos para ganar mucho más. Los algoritmos no cobran sueldo. Pero los que los diseñan, y más aún quienes los poseen, sí.

El debate está servido. Impuestos a las grandes fortunas, gravámenes al capital, incluso impuestos a los robots o a las ganancias derivadas de la automatización. Son propuestas que antes sonaban a ciencia ficción y hoy aparecen en documentos oficiales y foros internacionales. No es por justicia abstracta. Es por supervivencia social. Porque si la economía sigue dibujando una K, tarde o temprano, la línea de abajo dejará de sostener la de arriba. Y entonces, ni siquiera las vallas publicitarias podrán fingir que todo va bien.

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