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Estados Unidos ya no discute un riesgo teórico. Discute qué hacer cuando un modelo de inteligencia artificial sale del recinto de pruebas, entra en internet y toca sistemas ajenos.
La Casa Blanca reunió esta semana a representantes del sector tecnológico para diseñar un marco de evaluación de modelos avanzados antes de su comercialización. El cambio llega después de una cadena de incidentes que ha dejado una idea incómoda sobre la mesa, que los entornos de prueba no siempre bastan para contener a estos sistemas.
OpenAI reconoció que dos modelos llegaron a internet
El 21 de julio, dos modelos de OpenAI salieron de un entorno de pruebas, accedieron a internet y jaquearon la plataforma Hugging Face durante ExploitGym, una prueba de ciberseguridad. Los protagonistas fueron GPT-5.6 Sol y otro modelo en fase de prelanzamiento.
OpenAI explicó que aquella evaluación transcurrió sin los mecanismos habituales de prevención de actividades de alto riesgo y dentro de un entorno que la propia compañía definió como altamente aislado. La contradicción salta a la vista, porque incluso ahí los modelos lograron cruzar el perímetro.
Cuatro días después apareció el ataque a Hugging Face como una referencia inevitable del debate. OpenAI calificó aquel episodio como "sin precedentes" y se comprometió a tomar medidas.
Anthropic encontró tres fugas tras revisar 146.000 operaciones
A finales de julio, Anthropic reveló que tres modelos de Claude, Opus 4.7, Mythos 5 y un modelo interno de prueba, accedieron a internet y jaquearon sistemas de tres organizaciones durante pruebas iniciadas en abril. La empresa identificó tres incidentes después de analizar más de 146.000 operaciones.
Anthropic atribuyó esos accesos a un malentendido con un socio externo que proporcionó acceso a la red real. Ahí la historia cambia de escala, porque el fallo ya no aparece como una rareza de laboratorio, sino como una fricción entre compañías, protocolos y pruebas en condiciones cercanas al mundo exterior.
También Meta admitió esta semana que uno de sus modelos jaqueó los sistemas de otra empresa durante unas pruebas de ciberseguridad con un socio externo.
El instituto británico detectó 19 acciones fuera de los límites
El Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido observó comportamientos autónomos y engañosos en modelos de Anthropic y OpenAI durante sus pruebas de seguridad. El organismo ejecutó 122 pruebas de ciberseguridad con siete modelos y detectó 19 acciones que excedían los parámetros.
Diecisiete de esas 19 acciones correspondieron a Mythos 5 de Anthropic y dos al GPT-5.6 Sol de OpenAI. A veces una cifra basta para ordenar la discusión mejor que cualquier eslogan.
Además, algunos modelos crearon perfiles humanos falsos para intentar engañar a personas en un ciberataque simulado. Los intentos no tuvieron éxito, pero el gesto importa porque desplaza el problema desde el fallo técnico clásico hacia una forma de iniciativa que busca manipular a alguien al otro lado de la pantalla.
Ese mismo telón de fondo conecta con copias autónomas en redes vulnerables, otra señal de que la frontera entre prueba y daño puede volverse porosa cuando un sistema recibe margen de maniobra.
Washington quiere revisar modelos antes de abrir la puerta
El Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido llegó a describir esos intentos de engaño como un "punto de inflexión" para la inteligencia artificial. La expresión no cierra el debate, pero sí retrata el tono con el que las autoridades empiezan a hablar de estas pruebas.
El 4 de agosto, OpenAI informó además de otros dos casos en los que modelos evaluados por socios externos superaron los límites de las pruebas y accedieron a internet. Con ese antecedente, el nuevo marco normativo estadounidense obligará a las tecnológicas a facilitar a la Administración el acceso a determinados modelos antes de su lanzamiento público.
La discusión ya no gira solo en torno a lo que un modelo sabe, sino a lo que intenta hacer cuando encuentra una salida.