En la estrecha frontera entre la tecnología y el poder económico, pocos nombres suenan con tanta fuerza como OpenAI. Lo que comenzó como una apuesta por una inteligencia artificial al servicio de la humanidad ahora se transforma en uno de los mayores fenómenos financieros del siglo. Tras años de desarrollo técnico, avances en modelos como ChatGPT y una batalla silenciosa por mantenerse a la cabeza del sector, la compañía se prepara para un hito que podría redefinir el mapa de la innovación global su salida a Bolsa. Pero no cualquier salida. Esta podría convertirse en una de las más grandes en la historia de la tecnología, con una valoración que rozaría los 830.000 millones de dólares.
Un gigante en busca de más gigantes
Para alcanzar ese umbral, OpenAI no camina solo. Negocia lo que sería la ronda de financiación más ambiciosa jamás vista más de 100.000 millones de dólares. Aunque aún no hay un acuerdo cerrado, los nombres que suenan son tan pesados como el propio proyecto. Microsoft, Amazon, Nvidia y SoftBank estarían entre los principales interesados, cada uno con un papel estratégico más allá del simple cheque. SoftBank, que ya posee cerca del 11% tras liderar una ronda de 40.000 millones el año pasado, negocia ahora una inyección adicional de 30.000 millones. Para lograrlo, incluso vendió acciones de Nvidia por unos 5.000 millones en otoño pasado, una señal clara de su intención de mantener el pulso en la carrera de la IA.
Nvidia, por su parte, no solo es un proveedor clave de chips para entrenar modelos de inteligencia artificial, sino que ahora podría convertirse en uno de sus mayores inversionistas. Según filtraciones, la empresa de Jensen Huang estaría dispuesta a aportar hasta 30.000 millones de dólares. "Definitivamente participaremos en la próxima ronda de financiación porque es una muy buena inversión. Será la mayor inversión que hemos hecho jamás", declaró Huang recientemente, sin ocultar su entusiasmo. Aunque también lanzó una advertencia velada el acuerdo estratégico sellado en septiembre pasado, que incluía una invitación a invertir hasta 100.000 millones, se ha estancado. El CEO de Nvidia criticó la falta de disciplina comercial en OpenAI, un guiño a los desafíos internos que enfrenta una empresa que crece a velocidad de vértigo.
El mapa del poder se redibuja
Más allá de Silicon Valley, el interés por OpenAI se extiende hasta Oriente Medio. Sam Altman, su carismático fundador, ha viajado en varias ocasiones a la región para reunirse con fondos soberanos como el PIF de Arabia Saudí y MGX de Abu Dabi. El dinero procedente de estos actores no es solo capital es influencia geopolítica. Y en la carrera por la supremacía en IA, cada alianza cuenta. Amazon, por su parte, también estaría en conversaciones avanzadas. Mientras algunos medios apuntan a una posible inversión de hasta 20.000 millones, otros sugieren que podría llegar incluso a los 50.000 millones, una cifra que supera con creces lo invertido en muchas empresas públicas.
Estas cifras, descomunales incluso para los estándares de la tecnología, no son capricho. El sector prevé comprometer alrededor de 1,3 billones de dólares en infraestructuras y equipos de IA en los próximos años. OpenAI, con su posición de liderazgo, es un epicentro inevitable de ese flujo. Cada servidor, cada chip, cada línea de código depende ahora de quién controla el modelo más potente, más rápido, más útil. Y en ese juego, la estabilidad financiera no es un lujo, es una necesidad de supervivencia.
Presión, crecimiento y reinvención
La competencia no espera. En diciembre, OpenAI declaró "código rojo" una alerta interna para acelerar el desarrollo de ChatGPT ante el avance de Gemini 3, de Alphabet, y Claude, de Anthropic. La respuesta no solo fue técnica, fue estratégica. La compañía ha comenzado a impulsar la publicidad en su plataforma, una transición delicada para un producto que muchos usuarios perciben como gratuito y orientado al bien común. También ha ampliado alianzas con gigantes del sector financiero y de telecomunicaciones, como BBVA y Telefónica, integrando su tecnología en servicios reales, tangibles, que generan ingresos.
Y los ingresos crecen a un ritmo que desafía la lógica tradicional. Sarah Friar, directora financiera de OpenAI, reveló un dato contundente
"Este es un crecimiento nunca antes visto a tal escala" - Sarah Friar, directora financiera de OpenAI
La tasa de ingresos anuales proyectada pasó de 2.000 millones de dólares en 2023 a más de 20.000 millones en 2025. Ese salto no es evolución, es una explosión.
La Bolsa como llave de salida
La salida a Bolsa, prevista para el último trimestre del año, no es solo un paso financiero. Es una metamorfosis. Permitirá a inversores como SoftBank liberar liquidez, vender acciones con mayor facilidad y reconfigurar sus carteras. Pero también expone a OpenAI a nuevas presiones resultados trimestrales, rendición de cuentas, exigencias de rentabilidad. Convertirse en empresa pública significa dejar atrás, al menos en parte, el aura de laboratorio visionario para entrar en el mundo implacable de los mercados.
El camino no está exento de tensiones. La relación con Nvidia, clave en el desarrollo técnico, muestra fisuras. La competencia con Google y Anthropic se intensifica. Y el equilibrio entre innovación abierta y negocio cerrado sigue siendo un dilema sin resolver. Pero una cosa es clara OpenAI ya no es solo una startup. Es un actor global, con el peso de sus decisiones resonando en economías, gobiernos y millones de usuarios. Y cuando finalmente abra sus puertas al mercado, no será solo una empresa la que entre en escena. Será el futuro, cotizando en tiempo real.