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OpenAI cambió el 25 de marzo de 2025 su sistema de generación de imágenes y sustituyó DALL·E 3 por GPT-4o Image Generation.
Una semana después, el nuevo modelo ya había acumulado 700 millones de peticiones hechas por más de 130 millones de usuarios. No es una cifra menor si se piensa en el tipo de imágenes que empezaron a circular de inmediato, muchas de ellas con ese acabado que recordaba al universo visual de Studio Ghibli.
Sam Altman agitó la conversación con una imagen de sí mismo
Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, avivó el cambio en X al publicar una imagen de sí mismo con estética inspirada en el estudio japonés. El gesto tocó un nervio reconocible porque Studio Ghibli no es una referencia cualquiera, sino la casa de películas como el premio a Miyazaki, y de títulos como El viaje de Chihiro, que ganó el Óscar en 2001, o El chico y la Garza, premiada en 2023.
Ahí aparece una fricción difícil de ignorar. El chico y la Garza exigió más de 170.000 fotogramas dibujados y pintados a mano por decenas de animadores durante siete años, mientras una ola de usuarios pedía en segundos imágenes capaces de imitar ese imaginario.
La rapidez de la IA choca con el tiempo del trabajo creativo
Sabela y Álex, diseñadores gráficos y fotógrafos de Brévola Studio en Ourense, describen esa tensión desde el terreno más concreto, el de los encargos que no se pagan y los bocetos que acaban convertidos en materia prima para una máquina.
"Le pasamos varios bocetos con marca de agua y le gustaron, pero nunca llegó a pagarnos. Seguramente le quitó las marcas de agua con IA y empezó a trabajar a partir de ahí. O contactó con otro diseñador más barato, no lo podemos saber" - Sabela y Álex, diseñadores gráficos y fotógrafos de Brévola Studio
Su caso no retrata una discusión teórica, sino una sospecha de apropiación en trabajos ya entregados. Cuando la IA entra en la cadena antes incluso de que el profesional cobre, el conflicto deja de estar en la estética y pasa al terreno de la autoría y del pago.
Álex, diseñador y fotógrafo de Brévola Studio, no plantea un rechazo total. A su juicio, la IA permite que el diseñador pueda centrarse más en la parte creativa y no cree que vaya a sustituirlo, aunque sí da por hecho que la profesión cambiará y que tocará adaptarse.
Sabela, también integrante de Brévola Studio, carga el foco sobre el origen de esos sistemas. Sostiene que ChatGPT se nutre del trabajo de artistas de internet sin darles crédito y prefiere buscar moodboards, imágenes o tipografías en Pinterest, en páginas de diseño o en bancos de imágenes antes que recurrir a una herramienta que, en sus palabras, roba arte.
Los ilustradores ya notan el cambio en encargos y concursos
Xabi, conocido como @Cabrakadaver y dedicado en O Barco de Valdeorras a portadas de discos, retratos y tiras cómicas, resume su malestar con una frase seca.
"Está en todas partes, robándonos a todos sin darnos crédito y cada vez pinta peor" - Xabi, ilustrador conocido como @Cabrakadaver
Después cuenta algo más incómodo que una opinión general. Un cliente terminó recurriendo a él tras fracasar al intentar explicar a una IA lo que quería, y ese rodeo le sirvió para comprobar que la herramienta todavía tropieza cuando el encargo exige matiz, criterio visual y conversación real.
Jorge Fernández, ilustrador y maquetador editorial de O Barco conocido en Instagram como @jorgecokito, añade otra escena reveladora. Presenció un certamen en el que ganó una propuesta hecha con IA generativa y asegura que con el tiempo esa práctica empezó a repetirse, incluso en empresas con dinero suficiente para contratar a un profesional.
Un informe de la UNESCO calcula que el sector creativo podría perder hasta un 24 % de sus ingresos en 2028 por efecto de la IA generativa. La cifra funciona como telón de fondo para entender por qué estas historias locales no suenan a anécdota aislada.
La herramienta ayuda, pero también borra la frontera de lo auténtico
Jorge Fernández no discute que la IA tenga utilidad. La compara con internet o con las redes sociales por su capacidad para agilizar procesos, pero insiste en que no debería sustituir el proceso creativo, sino liberar tiempo de las tareas tediosas para dedicarlo a lo importante.
Xabi empuja la preocupación un paso más allá al hablar de autenticidad. Cree que, a medida que estos sistemas se perfeccionen y sigan alimentándose del talento humano que circula por la web, será cada vez más difícil distinguir una obra auténtica de otra que no lo es, una inquietud que también asoma en la confusión entre arte humano y producción automática.
Su imagen final no habla de laboratorios ni de grandes promesas, sino de carteles. Hoy muchos se ríen de esas piezas artificiales por su fealdad, pero Xabi cree que podría llegar un momento en que ya no resulte posible diferenciarlas, y esa duda pesa tanto como los 170.000 fotogramas que una película necesitó para existir a mano.