La inteligencia artificial suele venderse como una promesa de productividad. OpenAI ha decidido empujar otra pregunta, bastante más incómoda. Si las máquinas hacen más trabajo, ¿por qué no repartir ese beneficio en tiempo libre, salarios y protección social?
La compañía ha publicado un informe con un título largo y una tesis muy concreta. OpenAI propone ensayar jornadas de 32 horas o semanas de cuatro días sin recorte salarial, con pruebas piloto impulsadas por gobiernos, empresas y sindicatos.
OpenAI quiere que la eficiencia también pague tiempo
La idea aparece bajo el concepto de dividendos de eficiencia. El planteamiento consiste en mantener los niveles de producción gracias a la automatización con inteligencia artificial y devolver parte de esa ganancia a los trabajadores en forma de menos horas de trabajo.
No hablamos solo de calendario laboral. OpenAI también plantea que las empresas aumenten sus aportaciones a los planes de pensiones, asuman una mayor parte de los gastos sanitarios y paguen bonificaciones directas ligadas a las mejoras de productividad.
A eso añade ayudas para cuidados de menores y de personas mayores, un terreno donde la organización del tiempo decide mucho más que una nómina. En la práctica, la discusión deja de ser técnica y entra de lleno en la vida diaria de millones de hogares.
La automatización obliga a discutir quién cobra los beneficios
OpenAI no esquiva el reverso de esa promesa. El informe admite que la automatización puede provocar un desplazamiento masivo de puestos de trabajo y reclama redes de protección social más robustas para amortiguar ese golpe.
Ahí entra una de las propuestas más delicadas. El documento plantea aplicar impuestos sobre el trabajo automatizado vinculados a los empleos que los robots reemplazan.
La lógica no resulta nueva, aunque ahora llega desde una empresa situada en el centro del auge de la inteligencia artificial. Bill Gates ya defendió que, si la IA reduce la dependencia del trabajo humano, la fiscalidad debería moverse desde los salarios y las cotizaciones hacia las ganancias de capital y los beneficios empresariales.
Frente al 996, la discusión cambia de sentido
Mientras parte de la industria tecnológica ha normalizado ritmos extremos, OpenAI coloca sobre la mesa una imagen casi opuesta. La iniciativa aparece frente al modelo 996, esa fórmula que fija jornadas de nueve de la mañana a nueve de la noche durante seis días por semana.
Visto así, la discusión sobre inteligencia artificial ya no gira solo en torno a qué tareas puede ejecutar una máquina. También gira en torno a quién conserva el empleo, quién gana el tiempo liberado por la automatización y quién paga la factura cuando la productividad sube, pero el trabajo humano deja de ser imprescindible.
Entre una semana de cuatro días sin rebaja salarial y el 996 hay algo más que dos modelos de empresa. Hay dos maneras de repartir el mismo hecho, que la automatización puede mantener la producción mientras cambia por completo el valor del tiempo humano.