OpenClaw: el agente que tiene permiso para hacer lo que quiera en tu ordenador

"Lo que quiero es cambiar el mundo, no crear una gran empresa": la apuesta detrás de OpenClaw

18 de febrero de 2026 a las 07:10h
OpenClaw: el agente que tiene permiso para hacer lo que quiera en tu ordenador
OpenClaw: el agente que tiene permiso para hacer lo que quiera en tu ordenador

Una idea sencilla, una ejecución audaz y un creador que prefiere cambiar el mundo antes que convertirse en millonario. Así podría resumirse la historia de OpenClaw, un proyecto que en menos de un mes pasó de ser un experimento personal a convertirse en uno de los temas más comentados en el ecosistema de la inteligencia artificial. Su creador, Peter Steinberger, no buscaba fama ni fortuna. Solo quería construir algo que funcionara, que ayudara, que fuera útil. Y lo logró tan bien que las grandes del sector no tuvieron más remedio que fijarse en él.

Un agente de IA que actúa como si viviera en tu ordenador

OpenClaw no es un chatbot más. No se limita a responder preguntas ni a generar texto. Es un agente autónomo, capaz de tomar decisiones, proponer acciones y ejecutar tareas directamente en tu máquina. Lo instalas en un ordenador viejo, en una Raspberry Pi o en un servidor remoto, y desde ese momento, el sistema tiene permiso para hacer lo que quiera dentro de ese dispositivo. Puede abrir tu cliente de correo, navegar por la terminal, programar tareas, enviar mensajes o incluso mejorar su propio código. Es como si tuvieras un asistente digital con llaves de casa.

El usuario interactúa con OpenClaw a través de Telegram o WhatsApp, como si estuviera chateando con un contacto humano. Pero no es un contacto cualquiera. Es un sistema que escucha, aprende y actúa. Utiliza modelos avanzados de IA, como Opus 4.5, que lo dotan de capacidad proactiva. No solo responde, también sugiere. Y si lo autorizas, ejecuta. Esta combinación de autonomía, accesibilidad y poder local lo distingue de otras herramientas que operan solo en la nube o dentro de un navegador.

El salto de los agentes de la pantalla al escritorio

Proyectos como Computer Use de Anthropic, Project Jarvis de DeepMind o Operator de OpenAI ya permiten a la IA interactuar con aplicaciones web. Pero OpenClaw va más allá actúa sobre todas las aplicaciones del sistema, no solo las del navegador. Puede automatizar flujos de trabajo complejos, gestionar servidores, monitorizar procesos o incluso convertirse en el cerebro de una instalación casera de automatización. Es una diferencia técnica que suena sutil, pero que en la práctica es abismal.

Este nivel de control genera preguntas inevitables sobre seguridad y privacidad. ¿Qué tan seguro es dar acceso total a un agente de IA? ¿Y si toma decisiones equivocadas? La respuesta, hasta ahora, parece estar en la filosofía del proyecto OpenClaw está pensado para funcionar en máquinas dedicadas, bajo supervisión, con límites claros. No es un juguete, sino una herramienta para creadores, desarrolladores y entusiastas que entienden los riesgos y los asumen.

El rechazo a la unicornio y el abrazo a OpenAI

En una entrevista con Lex Fridman, Steinberger reveló que tanto OpenAI como Meta le hicieron ofertas para adquirir OpenClaw. Habría sido fácil emprender el camino del "Solo Unicorn", ese fenómeno de startups lideradas por una sola persona que alcanzan valoraciones de más de mil millones de dólares. OpenClaw, con su crecimiento explosivo, ciertamente podía haber seguido ese rumbo.

Pero Steinberger tenía otra visión.

"Sí, podía ver realmente que OpenClaw podría haberse convertido en una empresa gigante. Pero no, eso no me hace ilusión. En mi interior soy un creador"

dijo. Ya había pasado por la experiencia de fundar una empresa y dedicarle 13 años de su vida. Esta vez quería algo distinto. "Lo que quiero es cambiar el mundo, no crear una gran empresa, y asociarme con OpenAI es la forma más rápida de llevar esto a todo el mundo".

El futuro de los agentes personales

Sam Altman, CEO de OpenAI, confirmó en una publicación que Steinberger se une a la compañía "para dirigir la próxima generación de agentes personales". Y anticipó que esperan que estos agentes se conviertan rápidamente en parte integral de sus ofertas de productos. Pero con una condición clave OpenClaw seguirá siendo de código abierto e independiente, gestionado por una fundación. No será una propiedad cerrada, sino un proyecto comunitario con el respaldo de uno de los gigantes de la IA.

Este movimiento encaja en una dinámica conocida cuando una startup pequeña y disruptiva amenaza con cambiar las reglas del juego, las grandes compañías o copian la idea o compran al creador. En este caso, OpenAI ha elegido la segunda vía. Pero con un matiz importante ha respetado la autonomía del proyecto. Es un gesto simbólico, pero también estratégico. Demuestra que, al menos por ahora, apuesta por la colaboración abierta frente al control absoluto.

Un rescate español en medio del torbellino

Entre los detalles menos destacados pero igualmente reveladores, aparece una nota curiosa una empresa malagueña habría acudido "en su rescate" durante una fase crítica del desarrollo. Sin más datos, la mención suena casi como un guiño, un recordatorio de que detrás de cada gran proyecto hay redes de apoyo, muchas veces invisibles. Tal vez sea un pequeño símbolo de que la innovación no siempre nace en Silicon Valley, sino también en garajes, universidades y startups anónimas de ciudades que no suelen salir en los titulares.

OpenClaw no es solo una herramienta. Es una declaración de intenciones. Un recordatorio de que la tecnología más poderosa no siempre viene de los grandes laboratorios, sino de mentes curiosas que deciden construir lo que el mundo aún no sabe que necesita. Y a veces, cuando eso sucede, el mundo responde. No con más dinero, sino con más posibilidades.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía