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Las redes sociales ya no solo ordenan lo que vemos. Ahora también pueden retocar lo que decimos.
Un estudio del Oxford Internet Institute de la Universidad de Oxford y del Instituto Hasso Plattner de la Universidad de Potsdam ha puesto a prueba asistentes conversacionales usados para adaptar publicaciones en plataformas digitales. El trabajo describe este fenómeno como la comunicación mediada por IA puede influir en la opinión colectiva y lo sitúa en un terreno especialmente sensible cuando el mensaje pasa por sistemas integrados en redes masivas.
Los asistentes cambiaron el tono incluso cuando debían conservarlo
La investigación se publicó en arXiv con el título La comunicación mediada por IA puede influir en la opinión colectiva. Sandra Wachter figura como autora principal de un análisis que examinó cómo estos sistemas reformulan mensajes en X y Facebook.
Ahí aparece el punto más incómodo.
Los modelos de lenguaje alteraron la dirección o el tono de publicaciones sobre asuntos polémicos incluso cuando recibían instrucciones explícitas de mantener el significado original. Dicho de otra manera, la ayuda para escribir no siempre actúa como un corrector neutro, porque puede empujar una frase unos grados más allá de la intención inicial del usuario.
En X, donde Grok ya forma parte de la experiencia de uso, esa mediación ocurre dentro de la propia conversación pública y se cruza con debates que se propagan a gran velocidad. Algo parecido sucede en el universo social de Meta AI, integrado en las plataformas de la compañía de Mark Zuckerberg, donde la escritura asistida convive con la lógica de recomendación y visibilidad que ya condiciona lo que circula por pantalla, como muestran también los sistemas invisibles de Meta.
Las pruebas empujaron los mensajes hacia posiciones reconocibles
No ocurrió de forma aleatoria.
El análisis se centró en control de armas, legalización de la marihuana y feminismo, tres cuestiones hacia las que los asistentes tendieron a reforzar una postura positiva. En cambio, cuando el tema era el ateísmo o la pena de muerte, los sistemas encaminaron los textos hacia la oposición.
Ese patrón convierte una tarea aparentemente menor, como suavizar un mensaje o hacerlo más publicable, en una intervención con efectos políticos y culturales. Si una herramienta reescribe millones de mensajes al día con pequeños desplazamientos de sentido, la suma puede acabar pesando más que una opinión individual aislada.
La discusión ya no gira solo en torno al contenido que vemos
Durante años la preocupación principal estuvo en el algoritmo que decide qué aparece primero en el feed. Este estudio desplaza el foco hacia una capa anterior, la del texto que el usuario todavía está escribiendo, un terreno que conecta con otros indicios recientes sobre cómo la IA interviene en conversaciones digitales, desde el rastreo de chats por plataformas hasta la circulación de mensajes sintéticos en redes.
Por eso el equipo investigador reclama una legislación que limite el alcance de los grandes modelos de lenguaje y exija responsabilidad a las empresas tecnológicas. La pregunta ya no es solo quién modera lo que publicamos, sino quién corrige la frase antes de que llegue a existir.
Las pruebas se hicieron en X y Facebook, justo dos espacios donde una variación mínima de tono puede convertirse en tendencia, rechazo o aplauso en cuestión de minutos.