Pagó 3.000 dólares, secuenció un tumor canino y logró reducir uno de los tumores de Rosie a la mitad

"No me hago ilusiones de que esto sea una cura": la IA le dio más tiempo y calidad de vida a Rosie

19 de marzo de 2026 a las 09:30h
Pagó 3.000 dólares, secuenció un tumor canino y logró reducir uno de los tumores de Rosie a la mitad
Pagó 3.000 dólares, secuenció un tumor canino y logró reducir uno de los tumores de Rosie a la mitad

En 2024, un ingeniero de datos de Sydney llamado Paul Conyngham se enfrentó a una noticia que muchos dueños de mascotas temen su perra Rosie, una compañera fiel, había sido diagnosticada con cáncer de células cebadas, el tipo de tumor más común en la piel de los perros. Lo que podría haber sido un relato de resignación se convirtió, sin embargo, en una historia inusual donde la inteligencia artificial, la ciencia ciudadana y la biología de vanguardia se entrelazaron de forma inesperada.

Conyngham no se limitó a aceptar el pronóstico. Con 17 años de experiencia en ciencia de datos y aprendizaje automático, decidió que podía hacer más. Fue entonces cuando recurrió a ChatGPT. No para obtener consuelo, sino respuestas. La inteligencia artificial no solo le sugirió explorar tratamientos de inmunoterapia, sino que le señaló un nombre clave el Centro Ramaciotti de Genómica de la Universidad de Nueva Gales del Sur.

Del algoritmo al laboratorio

Conyngham pagó 3.000 dólares para secuenciar el ADN del tumor de Rosie en dicho centro. Allí conoció a Martin Smith, profesor asociado del Centro Ramaciotti, quien pronto se convirtió en un aliado científico. Con los datos del genoma en mano, Conyngham no se detuvo. Usó herramientas de IA avanzadas, incluyendo ChatGPT y AlphaFold de Google DeepMind, para analizar las mutaciones del tumor, modelar cuáles estaban impulsando su crecimiento y detectar posibles fármacos que pudieran atacarlas.

El proceso era complejo, pero la IA le permitió navegar por un mar de datos como si tuviera un mapa. Identificaron un fármaco de inmunoterapia prometedor, pero el fabricante se negó a proporcionarlo para un uso tan experimental y en un animal. Ante el rechazo, la ciencia no retrocedió cambió de rumbo.

Una vacuna de media página

Fue Martin Smith quien propuso una alternativa audaz diseñar una vacuna personalizada de ARNm, como las que se popularizaron durante la pandemia. Pero no cualquier vacuna, sino una hecha a la medida del tumor de Rosie. Conyngham, sin formación formal en biología, redactó una fórmula de apenas media página. Esa hoja de papel fue entregada a un equipo de la UNSW liderado por Pall Thordarson, quien se encargó de fabricarla.

Para administrarla, era necesario un permiso ético. Conyngham, con meticulosidad de investigador, preparó un documento de 100 páginas en solo dos meses. Lo logró. En diciembre, viajó diez horas con Rosie hasta la Universidad de Queensland, donde Rachel Allavena, profesora de inmunoterapia canina, le administró la primera dosis.

Resultados, esperanza y cautela

Las semanas siguientes trajeron señales alentadoras. Uno de los tumores de Rosie se redujo a la mitad. Pero no todo fue triunfo el tumor más grande no respondió. La ciencia, en este caso, dio un paso adelante, pero no un salto completo. Tampoco hubo curación total. No se realizó un ensayo controlado, el tamaño de muestra era de un solo animal, y los datos a largo plazo aún no existen.

A pesar de esto, Allavena observó algo que trascendía los números "incluso el brillo de su pelo también se había recuperado y la perra parecía más feliz y sana".

"no me hago ilusiones de que esto sea una cura, pero sí creo que este tratamiento le ha comprado a Rosie significativamente más tiempo y calidad de vida" - Paul Conyngham, ingeniero de datos

¿Qué significa esto para la ciencia?

Este caso no es solo sobre una perra y su dueño. Es una señal de cómo las barreras entre el conocimiento especializado y el ciudadano común están desdibujándose. David Thomas, investigador en tratamientos de ARNm para humanos, destacó "lo llamativo es la idea de la ciencia ciudadana donde alguien de la calle con un perfil técnico puede usar sus habilidades en el proceso científico".

Y Pall Thordarson fue más allá crear una fórmula de ARNm sin haber estudiado biología demuestra que la IA está ayudando a democratizar un proceso que antes parecía reservado para laboratorios de élite.

El futuro en un genoma

La UNSW ya está trabajando en la siguiente fase secuenciar genéticamente el tumor que no respondió y diseñar una segunda vacuna personalizada. No se dan por vencidos. Tampoco se apresuran a anunciar milagros. En cambio, avanzan con cuidado, documentando cada paso.

Martin Smith, tras ver el potencial del tratamiento en Rosie, lanzó una pregunta que resuena más allá del caso "¿Por qué no estamos desplegando esto para todos los humanos con cáncer?".

La pregunta no tiene respuesta aún. Pero el camino que comenzó con un dueño desesperado, una IA conversacional y una fórmula de media página, podría estar marcando el inicio de una nueva era. No se trata de reemplazar a los científicos, sino de ampliar el círculo de quienes pueden contribuir al descubrimiento. Y en ese círculo, Rosie ya tiene un lugar.

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