La inteligencia artificial conversacional ha dejado de ser un experimento tecnológico para convertirse en una herramienta cotidiana. Cada vez más personas dependen de estos sistemas para tomar decisiones, resolver dudas o planificar tareas. Pero con ese crecimiento llega una pregunta incómoda ¿dónde entra la publicidad en este nuevo escenario? La respuesta no es uniforme, y entre las grandes empresas del sector, las estrategias divergen con claridad.
La retirada silenciosa de Perplexity
En 2024, Perplexity decidió probar un camino arriesgado insertar respuestas patrocinadas justo debajo de las respuestas generadas por su chatbot. Era una forma sutil de monetización, con anuncios que imitaban el estilo de las respuestas orgánicas. Pero el experimento no cuajó. A finales de ese año, la compañía comenzó a retirarlos. Hoy asegura que no tiene planes inmediatos de regresar a ese modelo.
El motivo no es solo técnico, sino profundamente psicológico. La confianza del usuario se basa en la percepción de neutralidad. Si alguien pregunta cuál es el mejor teléfono del momento, espera una evaluación imparcial, no una recomendación influida por un fabricante. La duda, aunque sea mínima, erosiona el valor del producto. Esta fue la conclusión interna de Perplexity tras su breve incursión publicitaria.
Un ejecutivo de la compañía lo resumió con contundencia en una entrevista con el Financial Times
"El usuario debe creer que esta es la mejor respuesta posible para seguir usando el producto y estar dispuesto a pagar por él"
Esta frase encapsula el dilema central si la IA pierde credibilidad, pierde también su capacidad de monetización a largo plazo.
El mensaje de Anthropic la IA sin anuncios
Mientras algunos tantean, otros han hecho de la ausencia de publicidad un distintivo. Anthropic, desarrolladora del chatbot Claude, no solo ha mantenido su plataforma libre de anuncios, sino que ha convertido esa decisión en un mensaje de marca. Antes de la Super Bowl de 2024, lanzó una campaña impactante con el lema "Los anuncios están llegando a la IA. Pero no a Claude".
Los anuncios, lejos de ser técnicos, eran narrativos. Mostraban escenas cotidianas en las que una IA interrumpía una conversación personal para recomendar detergentes o seguros de vida. La caricatura era evidente, pero efectiva la intrusión comercial en un espacio de confianza puede resultar profundamente incómoda. La campaña no solo vendía un producto, sino una promesa transparencia absoluta.
La crítica de OpenAI y la defensa del acceso masivo
La estrategia de Anthropic no pasó desapercibida. Sam Altman, CEO de OpenAI, no dudó en calificar la campaña como "claramente deshonesta". Para él, el modelo publicitario que explora OpenAI no busca manipular, sino sostener un ecosistema gratuito y accesible. Su argumento es directo ampliar el acceso a la inteligencia artificial requiere nuevas fuentes de ingresos.
Altman insiste en que cualquier anuncio que OpenAI introduzca estará "separado y claramente etiquetado", sin influencia sobre las respuestas del sistema. No se trata de vender dentro de la conversación, sino al margen. Y plantea una crítica inversa mientras Anthropic ofrece un producto de pago que solo unos pocos pueden permitirse, OpenAI busca democratizar el uso de la IA, incluso si eso implica explorar modelos de negocio poco populares.
Es un debate de fondo ¿debe la IA ser un bien público financiado por publicidad o un servicio premium sin interferencias? No hay una respuesta fácil, pero la tensión entre ambos modelos revela una encrucijada ética y económica que afectará a todos los usuarios.
El mapa fragmentado de la IA comercial
Mientras tanto, el panorama sigue en evolución. Algunas plataformas, como ChatGPT en ciertos formatos, ya exploran anuncios separados de las respuestas. Google, por su parte, ha integrado publicidad en algunos resultados de búsqueda con respuestas generadas por IA, aunque su chatbot Gemini permanece libre de anuncios por ahora.
La industria está en un momento de prueba y error. Lo que queda claro es que cada decisión publicitaria afecta no solo a los ingresos, sino a la relación de confianza entre el usuario y la máquina. En un mundo donde la IA influye en lo que compramos, cómo trabajamos e incluso en lo que creemos, la transparencia no es un detalle, es un pilar.
El futuro de la inteligencia artificial no se decidirá solo en los laboratorios. Se está definiendo también en los anuncios que veremos o no mientras conversamos con una máquina.