Durante años, la productividad en Estados Unidos parecía condenada a avanzar con el freno echado. Ahora ocurre lo contrario. Desde 2020, el sector privado no agrícola encadena un ritmo que ha sorprendido incluso a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal.
"Nunca pensé que vería un momento en el que tuviéramos cinco o seis años de crecimiento de productividad del 2%" - Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal
La sorpresa tiene números detrás. La productividad creció un 5,3% en 2020, un 2% en 2021, cayó un 1,5% en 2022, subió un 1,8% en 2023, avanzó un 3% en 2024 y creció un 2,2% en 2025, de acuerdo con el Bureau of Labor Statistics.
No es una secuencia lineal ni perfecta, pero sí dibuja un cambio de época estadística. El crecimiento promedio de la productividad fue del 2% a partir de 2020, frente al 1% que dominó buena parte de la década de 2010.
La IA llegó tarde a una mejora que ya estaba en marcha
Aquí aparece una contradicción interesante. El repunte de la productividad arrancó en 2020, dos años antes del lanzamiento de ChatGPT en 2022, así que la explicación fácil de atribuir todo a la inteligencia artificial no encaja con el calendario.
La IA, además, no se ha implantado de forma generalizada en las empresas. Algunos economistas detectan señales moderadas de mejora ligadas a su automatización, pero esas señales no bastan para explicar el aumento registrado en los últimos cinco años.
Es una escena bastante habitual en economía. Cuando una tecnología acapara titulares, resulta tentador convertirla en causa universal, aunque los datos digan otra cosa.
El teletrabajo encaja mejor con los datos que el entusiasmo tecnológico
Nicholas Bloom, profesor de Economía en Stanford, lleva el foco hacia otro lugar. Su argumento relaciona la mejora productiva con cambios en la organización del trabajo, no con una adopción masiva de herramientas de IA que todavía no ha llegado.
"el teletrabajo se correlaciona con un mayor crecimiento de la productividad" - Nicholas Bloom, profesor de Economía en Stanford
Bloom añade una idea más concreta y menos ideológica que muchas discusiones sobre oficina y remoto. Para él, un modelo híbrido con dos días presenciales y tres en remoto funciona mejor que la presencialidad completa.
Ahí está una de las claves del debate. No habla de desaparición de la oficina, sino de equilibrio, una fórmula que intenta conservar coordinación y cultura interna sin perder el tiempo que muchos trabajadores gastaban en desplazamientos diarios.
Los años buenos también incluyen una caída y eso vuelve más útil la serie
La secuencia desde 2020 no cuenta una fábula de mejora continua. En 2022 hubo una caída del 1,5%, un recordatorio de que la productividad rara vez avanza en línea recta, incluso cuando la tendencia de fondo mejora.
Precisamente por eso el promedio resulta revelador. Si, pese a ese tropiezo, la media desde 2020 se sitúa en el 2%, el contraste con el 1% de gran parte de la década de 2010 deja de parecer un simple rebote pasajero.
Visto así, la discusión no gira tanto alrededor de una máquina concreta como de un cambio más terrenal en la manera de trabajar. Y el dato más incómodo para el relato tecnológico sigue siendo el mismo, que el giro empezó en 2020 y ChatGPT no apareció hasta 2022.