En el corazón del Vaticano, donde el eco de las oraciones ha cruzado siglos y continentes, algo inédito está a punto de suceder. La basílica de San Pedro, cumbre arquitectónica y espiritual del catolicismo, se prepara para celebrar su cuarto centenario. Desde 1626, este templo ha sido testigo del paso de millones de fieles, peregrinos, turistas y creyentes de todos los rincones del planeta. Y ahora, en 2026, abre sus puertas no solo a los devotos, sino también a la inteligencia artificial.
Una misa sin fronteras lingüísticas
El próximo fin de semana, durante las principales celebraciones en San Pedro, el Vaticano lanzará un servicio pionero traducción en tiempo real de la misa a 60 idiomas, asistida por inteligencia artificial. No habrá intérpretes en cabina, ni auriculares repartidos a la entrada. En su lugar, los asistentes solo necesitarán escanear un código QR al entrar al recinto. En cuestión de segundos, su teléfono móvil se convertirá en una ventana lingüística hacia la liturgia.
Las traducciones, tanto de audio como de texto, estarán disponibles directamente en el navegador del dispositivo. No será necesario descargar ninguna aplicación. Es una decisión que no solo simplifica el acceso, sino que también amplía la inclusividad quien tenga un smartphone, por sencillo que sea, podrá participar plenamente en una ceremonia que hasta ahora solo era comprensible para quienes dominaban el latín, el italiano o el idioma de turno.
La tecnología detrás del milagro
El sistema se llama Lara, una inteligencia artificial especializada en traducción desarrollada por la empresa Translated, en colaboración con Carnegie-AI LLC y el profesor Alexander Waibel, una figura de referencia en el campo del procesamiento del lenguaje. Lara no es una herramienta genérica. Está diseñada para priorizar la precisión por encima de todo, incluso por encima del flujo estilístico o la naturalidad superficial. Evita deliberadamente las alucinaciones típicas de otras IAs, esas respuestas que suenan bien pero que no reflejan fielmente el contenido original.
"Lara está diseñada para priorizar la precisión frente al deseo de agradar. Eso limita de forma significativa las alucinaciones. Lara también utiliza más contexto que las tecnologías anteriores, lo que le permite desambiguar el significado de manera mucho más eficaz", explica el consejero delegado y cofundador de Translated.
Esto es crucial en un contexto religioso, donde cada palabra tiene peso teológico. Un error en la traducción de un pasaje bíblico, una oración litúrgica o una bendición puede tener un impacto mucho más allá de lo gramatical. Aquí, la IA no improvisa. Estudia el contexto completo, escucha la entonación, interpreta el ritmo de la oración. Es como si, en lugar de traducir frases, tradujera el alma del momento.
La universalidad de la Iglesia, en versión digital
"La basílica de San Pedro acoge desde hace siglos a fieles de todas las naciones y lenguas", señala el cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la basílica de San Pedro y vicario general de la Ciudad del Vaticano.
"Al poner a disposición una herramienta que ayuda a muchos a comprender las palabras de la liturgia, queremos servir a la misión que define el centro de la Iglesia Católica, universal por su propia vocación" - Mauro Gambetti, arcipreste de la basílica de San Pedro y vicario general de la Ciudad del Vaticano
La palabra universal no es casual. La Iglesia Católica se define a sí misma como una comunidad global, trascendente, que habla a todos los seres humanos sin distinción. Pero durante siglos, esa universalidad se enfrentó a una barrera práctica el idioma. Un peregrino de Seúl, un anciano de Burkina Faso, una familia de Quito podían estar físicamente presentes, pero mentalmente distantes si no entendían lo que se decía en el altar. Con esta tecnología, el Vaticano no solo moderniza su comunicación, sino que reafirma su vocación inclusiva.
Un logro tecnológico con sombras éticas
Pero como toda revolución tecnológica, esta también llega con advertencias. El papa León XIV –aunque su nombre no aparece en registros históricos conocidos, lo que sugiere un error en la fuente– advirtió en mayo sobre los riesgos de la inteligencia artificial. Suponiendo que se refiere a un mensaje papal reciente, el sentido es claro la IA plantea desafíos serios para la dignidad humana, para la justicia, para el trabajo. Si una máquina puede hacer lo que antes hacían intérpretes, traductores, guías espirituales, ¿qué ocurre con ellos?
La pregunta no es solo técnica, es humana. La tecnología puede acercar mundos, pero también puede desplazar a quienes antes los conectaban. En este caso, la Iglesia opta por la cooperación con empresas privadas, con científicos, con ingenieros. Es un gesto de apertura, pero también un recordatorio el futuro no se construye solo con fe o con código, sino con diálogo entre ambos.
El idioma como puente, no como muro
El profesor Alexander Waibel, asesor científico del proyecto, lo dice con emoción: "Hoy vemos la posibilidad de derribar las barreras del idioma en tiempo real, hecha realidad en uno de los escenarios más significativos que podamos imaginar".
Imagínese a un grupo de japoneses rezando en su lengua materna mientras escuchan el latín del papa; o a una mujer de Camerún leyendo en fonética su lengua local una oración que antes solo conocía por traducciones defectuosas. No es solo comodidad. Es empoderamiento. Es sentirse parte de algo que antes parecía ajeno.
Quizá, en estos tiempos de fragmentación, donde las palabras muchas veces sirven para dividir, la tecnología más avanzada esté al servicio de un objetivo milenario entenderse. No perfectamente, no sin errores, pero con más precisión, con más respeto, con más intención. Como si, después de cuatro siglos, la basílica de San Pedro volviera a decir todos tienen cabida. Ahora, además, todos podrán entenderlo.