Cuando Maruxa Quiroga defendió su tesis doctoral en análisis sensorial en la Universidade de Santiago de Compostela, nadie imaginaba que aquellas líneas de código, diseñadas para detectar patrones en las catas de alimentos, acabarían siendo el germen de una empresa que hoy ayuda a gigantes de la alimentación a no perder millones cada año. Eran los inicios de lo que hoy es Sensesbit, una compañía gallega que ha convertido el gusto, el olfato o el tacto en datos procesables, predecibles y, sobre todo, rentables.
Del laboratorio a la industria
El software que Quiroga desarrolló durante su doctorado tenía un propósito claro dar sentido al caos de las opiniones humanas. Cuando un grupo de personas prueba un yogur, un agua mineral o unas galletas, sus respuestas suelen ser subjetivas, dispersas. Pero ella descubrió que, tras esa aparente desorden, había patrones. Y que esos patrones podían anticipar cómo reaccionaría el consumidor medio. El verdadero valor no estaba en saber si a alguien le gustaba un producto, sino en predecir si a miles de personas les iba a gustar.
Esa intuición acabó convirtiéndose en una herramienta clave para la industria. Hoy, Sensesbit factura más de medio millón de euros anuales vendiendo licencias de su plataforma, que permite a las empresas reducir el riesgo de lanzar productos que fracasen en el mercado. "Decidimos crear esta empresa para resolver un problema, que era que se lanzaban muchos productos al mercado y fracasaban. Identificamos que el análisis sensorial lógicamente podía ayudar a reducir este riesgo".
Crisis, datos y soluciones silenciosas
Uno de los momentos más reveladores llegó en 2022, con la invasión rusa de Ucrania. El conflicto interrumpió el suministro de trigo a Europa, y una importante empresa europea de galletas se enfrentó a un dilema cambiar las materias primas sin que sus clientes notaran la diferencia. Contrataron a Sensesbit. La empresa gallega recibió miles de registros sensoriales de catas realizadas con nuevos insumos y, en cuestión de días, identificó un sustituto viable. El cambio pasó desapercibido para el consumidor. "Fue como si no pasara nada", recuerda Quiroga, con una mezcla de orgullo y alivio en la voz.
Cada semana, grandes compañías repiten este proceso prueban variantes de sus productos, ajustan fórmulas, miden reacciones. Muchas veces, esos cambios no responden a caprichos de marketing, sino a presiones externas la volatilidad de precios, escasez de materias primas o decisiones geopolíticas. El análisis sensorial se ha convertido en un escudo contra la incertidumbre.
Expansión y tecnología de vanguardia
Más del 70% de los clientes de Sensesbit están en España Leche Pascual, Vichy Catalán y otras firmas del sector agroalimentario confían en su tecnología. Pero la mirada ya está puesta en el exterior. Alemania, México, Colombia y Argentina ya forman parte de su mapa. Isidro Villar, director de expansión internacional, afirma "Estamos consolidando los mercados a los que ya hemos llegado".
La empresa, con 15 empleados todos en España, planea incorporar hasta siete profesionales en el extranjero para atender la creciente demanda. Y lo hace en un momento clave el mercado del análisis sensorial se expandirá un 30% en los próximos siete años, hasta superar los 7.100 millones de dólares, según un informe de la consultora Data Insights Market.
Pero Sensesbit no se conforma con crecer. También innova. Desde mediados de marzo, su plataforma incorpora IA generativa, una tecnología que ha requerido un año de desarrollo interno. Esta evolución no solo mejora la precisión estadística del software, sino que añade una nueva capa la capacidad de generar recomendaciones publicitarias para lanzamientos. "Tú ya no tienes que ver los datos y pensar qué haces, sino que la plataforma ya te prepara la estrategia incluso a un plan a seis meses", resume Quiroga.
El futuro que viene (y asusta)
La incorporación de IA generativa llega en un momento delicado para el sector del software. En enero, una actualización del modelo Claude, capaz de programar sin necesidad de lenguaje de código, encendió las alarmas. ¿Qué pasa si las máquinas empiezan a escribir software sin intervención humana? ¿Hasta qué punto las empresas tecnológicas pueden volverse obsoletas? La duda ya no es teórica. Las bolsas lo han sentido cotizadas como Adobe han registrado fuertes caídas en las últimas semanas.
Pero en Sensesbit no ven la IA como una amenaza, sino como una oportunidad. Su apuesta no es sustituir al humano, sino potenciarlo. El análisis sensorial sigue necesitando catadores reales, personas que prueben, sientan, reaccionen. Lo que cambia es cómo se interpretan esos datos. Y ahí, la IA es un aliado.
El camino no ha sido fácil. Quiroga recuerda haber sido rechazada por dos bancos antes de conseguir un préstamo de 30.000 euros. Unirisco aportó 150.000, y con ayudas públicas la financiación inicial superó los 500.000 euros. Hoy, la empresa ha lanzado una segunda ronda de financiación privada para impulsar su expansión internacional. Es el ciclo de la innovación del rechazo al reconocimiento, del laboratorio al mercado global. Y todo, partiendo de una idea simple que el sabor, como muchas cosas en la vida, puede predecirse.