Algo se ha desajustado en la relación entre notas y aprendizaje. Mientras los sobresalientes suben en varias universidades, los exámenes presenciales cuentan otra historia cuando la inteligencia artificial entra de lleno en los deberes de casa.
Igor Chirikov puso cifras a esa fractura en un estudio publicado en mayo de 2026 tras analizar los datos de medio millón de alumnos de 319 asignaturas de la Universidad de Texas. Desde 2022, el año en que OpenAI lanzó ChatGPT, el número de sobresalientes allí creció un 30%.
Chirikov no encontró una mejora limpia del aprendizaje, sino una señal más incómoda. Los aumentos de nota fueron mayores cuando los deberes pesaban más en la calificación final, justo donde una herramienta automática puede influir más sin pasar por el filtro de un examen presencial.
"Estos incrementos en la nota eran mayores cuando los deberes de casa influían más en las notas, lo que es consistente con la teoría de que la IA está reemplazando el trabajo del estudiante, y no mejorando el aprendizaje." - Igor Chirikov, autor del estudio
La paradoja aparece con claridad en los estudios controlados. Los alumnos que usan de forma sistemática la IA en sus tareas sufren una caída del 17% en sus calificaciones cuando vuelven al formato clásico de lápiz y papel y se examinan sobre la misma materia.
Harvard vio cómo los sobresalientes se dispararon
Harvard ofrece otra imagen del mismo problema, aunque venía de antes. Allí los sobresalientes pasaron de representar el 24% de las calificaciones en 2005 al 60,2% en la primavera de 2025, una escalada que ahora convive con la expansión masiva de herramientas generativas.
La universidad ya decidió intervenir. En otoño de 2027 aplicará una reforma que limitará los sobresalientes a un máximo del 20% por curso y vinculará las matrículas de honor a un percentil.
La medida no llega en calma. El 85% de los estudiantes la rechazó y Harvard revisará sus efectos al cabo de tres años, señal de que la discusión ya no gira solo en torno a la exigencia académica, sino también al valor real de una nota alta.
Las empresas empezaron a desconfiar del expediente
Fuera del campus, el mercado laboral parece haber tomado nota. En Estados Unidos, las ofertas publicadas en HandShake que exigen una puntuación media mínima de 3,5 sobre 4 pasaron del 9% en 2020 al 25% en 2026.
Ese endurecimiento encaja con un expediente que cada vez distingue menos. Si más alumnos acumulan calificaciones altas, las empresas elevan el listón para seguir separando candidatos, aunque la nota ya no garantice por sí sola el mismo nivel de dominio.
En las aulas, la IA ya forma parte de la rutina
La extensión del fenómeno ayuda a entender por qué el debate ha dejado de ser marginal. Una encuesta de GoStudent indica que el 89% de los universitarios en España y Europa admite usar IA para redactar informes o Trabajos de Fin de Grado.
Al otro lado de la mesa, el profesorado avanza con menos herramientas de las que necesita. El 61% reconoce que no dispone de software o sistemas que permitan confirmar si un trabajo fue realizado con IA.
Mientras tanto, algunos campus ya ensayan respuestas que habrían parecido impensables hace poco. En Princeton, cerca de la mitad de los estudiantes usó IA para escribir ensayos.
Además, un 15% admitió haberla usado para hacer trampas en el instituto y el 65,5% conocía casos de compañeros que hacían trampas sin denunciarlo. La universidad aprobó por eso una propuesta para realizar exámenes supervisados, rompiendo una tradición de 133 años de vigilancia entre alumnos.
Lo llamativo no es solo que suban los sobresalientes o que vuelvan los exámenes vigilados. Es que ambas cosas ocurren a la vez, como si la universidad entregara más notas altas justo cuando más dudas hay sobre cuánto trabajo propio contienen.