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Masayoshi Son no habla como quien teme un exceso, sino como quien cree que apenas ha visto el prólogo. El consejero delegado de SoftBank llegó a decir que llamar burbuja a la inteligencia artificial es una blasfemia y sostuvo que su potencial sigue por descubrirse.
La apuesta tiene una escala difícil de ignorar. SoftBank invirtió 40.000 millones de dólares en OpenAI el año pasado y ha comprometido más de 64.000 millones en total, aun cuando no está poniendo dinero en otras empresas del mismo sector.
"Creo que decir que es una burbuja es una blasfemia contra la IA (...) Esto no es más que el principio. El potencial de la IA está por descubrirse" - Masayoshi Son, consejero delegado de SoftBank
SoftBank concentró su jugada en OpenAI
Esa concentración explica la inquietud que asoma dentro del grupo. Algunos directivos temen estar poniendo todos los huevos en la misma cesta con Sam Altman y OpenAI, una comparación que remite a la quiebra de WeWork y al precio de apostar demasiado pronto por una sola historia.
Mientras tanto, los números del mercado empujan en la dirección contraria. La acción de SoftBank subió un 216% en 2025 y la compañía registró 25.000 millones de dólares de beneficios en el primer trimestre del año.
No es una inversión cualquiera.
OpenAI se convirtió en el centro de una fiebre de capital
OpenAI alcanza una valoración de 852.000 millones de dólares y además planea su salida a bolsa, probablemente antes de que termine el año. Cuando una sola empresa reúne ese nivel de precio, expectativa y visibilidad, la pregunta deja de ser si hay entusiasmo y pasa a ser cuánto entusiasmo puede absorber el mercado.
Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, ha admitido una objeción que pocos líderes del sector formulan con tanta claridad.
"Creo que es la crítica más válida a la IA ahora mismo, hay mucho despilfarro" - Sam Altman, consejero delegado de OpenAI
La frase encaja con un paisaje más ancho que una sola empresa. La inversión total en inteligencia artificial ya ha superado el billón de dólares y Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, sostiene que esta carrera supone la mayor construcción de infraestructura de la historia, una idea que conecta con la salida a bolsa de OpenAI y con el coste físico de sostenerla.
La infraestructura crece mientras crece la desconfianza
Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, ha planteado un criterio más terrenal. Para él, la inteligencia artificial solo sería una burbuja si nadie la usa.
Pero el debate ya no gira solo en torno a usuarios, valoraciones o múltiplos financieros. También aparece en el territorio, donde crece el rechazo social a la construcción de centros de datos por la contaminación que generan en las poblaciones cercanas, un malestar que ya se parece a las alertas sobre una burbuja que acompañan a cada ciclo de euforia tecnológica.
54,9% de los estadounidenses se declara muy preocupado por una burbuja tecnológica ligada a la inteligencia artificial.
Frente a ese dato, solo un 21,2% dice no estar preocupado en absoluto. Ahí aparece la contradicción más incómoda de esta etapa, con beneficios millonarios, acciones disparadas, promesas de días dorados y una sociedad que empieza a mirar los centros de datos, el gasto y la concentración del poder con bastante menos entusiasmo que los mercados.