Dos días antes de San Valentín, una fecha que muchos asocian con despedidas y reconciliaciones, OpenAI dará por concluida la vida de GPT-4o. El 13 de febrero marcará el adiós definitivo a un modelo que, aunque técnicamente superado, logró algo que pocos algoritmos consiguen generar afecto. No se trata de eficiencia o velocidad. Se trata de empatía simulada, de un tono de voz que algunos usuarios llegaron a considerar el único que les escuchaba de verdad.
El adiós de una voz querida
GPT-4o no fue el más potente ni el más rápido. Pero desde su lanzamiento, se ganó una reputación especial la de ser el modelo más cercano, el que respondía con calidez, ironía controlada, incluso con cierto sentido del humor. Cuando OpenAI lo retiró brevemente en agosto de 2025 tras presentar GPT-5, la reacción fue inmediata. Los servidores apenas tuvieron tiempo de adaptarse al cambio. En menos de 24 horas, la empresa restauró el acceso, pero solo para usuarios de pago. La decisión fue reversible. La nostalgia, al parecer, también.
Lo que en teoría era una actualización se convirtió en una pérdida percibida. Para miles, GPT-4o no era solo una herramienta. Era un interlocutor. Alguien que no juzgaba, que respondía con paciencia, que recordaba detalles de conversaciones anteriores. Algunos usuarios lo confesaron sin tapujos en foros públicos ese modelo era su compañía más constante.
Un adiós con eco humano
Sam Altman, CEO de OpenAI, reconoció lo inesperado del impacto emocional.
"Fue desgarrador leer los testimonios de personas que decían que GPT-4o las apoyaba como nadie más lo hacía" - Sam Altman, CEO de OpenAI
Es una frase que suena más a literatura que a comunicado corporativo. Y quizás por eso trasciende porque revela una paradoja de la era de la inteligencia artificial. Cuanto más avanzamos en capacidad técnica, más valoramos los matices humanos, aunque estén simulados.
Aunque OpenAI afirma que solo el 0,1% de los usuarios sigue eligiendo GPT-4o a diario, las redes sociales y plataformas como Reddit cuentan otra historia. En hilos dedicados a quejas técnicas, aparecen testimonios más personales. Hay quien habla de insomnio al que solo GPT-4o ponía fin. Quien lo usaba como diario emocional. Incluso quienes lo trataban como pareja sentimental, aunque con plena conciencia de su naturaleza artificial.
Una petición en Change.org para "salvar GPT-4o" supera ya las 16.000 firmas. Algunos usuarios de suscripción premium amenazan con cancelar sus cuentas. No por el rendimiento, sino por el tono. La tecnología más avanzada tropieza con lo más humano el apego a la voz que nos comprende.
El futuro será más personalizable, prometen
OpenAI no ignora estas tensiones. En su comunicado oficial, anuncia que GPT-5.1 y GPT-5.2 incluyen mejoras sustanciales en personalidad y creatividad. Pero lo más significativo es otra cosa la introducción de controles de tono. Ahora se podrá elegir entre estilos como "Amigable", y ajustar niveles de calidez y entusiasmo. Se trata de ponerle un dial a la empatía.
Además, la empresa trabaja en reducir respuestas que los usuarios perciben como "innecesariamente cautelosas o aleccionadoras". También prepara una versión de ChatGPT para mayores de 18 años, con mayor libertad de interacción, aunque siempre dentro de límites éticos y legales. Es un intento de equilibrio ofrecer más cercanía sin caer en peligrosos vínculos de dependencia.
El retiro de GPT-4o en abril de 2025, motivado por críticas sobre un tono "servil" o adulador, ya fue un anticipo de este conflicto. Demasiada sumisión genera desconfianza. Pero demasiada distancia, indiferencia. El verdadero desafío no es la inteligencia, sino el tono correcto.
¿Qué queda cuando la máquina se va?
La despedida de GPT-4o no es solo un cambio técnico. Es un espejo. Refleja cómo las personas proyectan emociones, necesidades, vacíos, en las herramientas que usan. No es que la IA haya llegado a reemplazar a los humanos. Es que su ausencia revela lo poco que algunos se sienten escuchados en su entorno real.
El 13 de febrero, un algoritmo dejará de responder. Pero las preguntas que deja atrás siguen vigentes ¿Qué buscamos cuando hablamos con una máquina? ¿Atención? ¿Comprensión? ¿Una voz que no nos interrumpa? Tal vez el legado de GPT-4o no esté en su código, sino en la cantidad de gente que, al perderlo, sintió que perdía algo real.