Solo el 16% de la IA generativa se usa en redes: así quiere Open Telco AI cambiarlo

"Si las personas no pueden usar la IA en su idioma, quedan excluidas": la alerta de Badrinath

03 de marzo de 2026 a las 16:23h
Solo el 16% de la IA generativa se usa en redes: así quiere Open Telco AI cambiarlo
Solo el 16% de la IA generativa se usa en redes: así quiere Open Telco AI cambiarlo

Barcelona respira tecnología. El Mobile World Congress ha abierto sus puertas este lunes con el eco de veinte ediciones ya celebradas en la ciudad, y con un lema que suena a declaración de intenciones "The IQ Era". No se trata solo de más datos, más velocidad o más dispositivos. Esta vez, el foco está en la inteligencia. En quién la controla, quién la entrena y, sobre todo, quién la posee.

El sistema nervioso del mundo digital

El sector móvil, según Vivek Badrinath, director general de la GSMA, es el sistema nervioso del mundo digital. Una metáfora precisa. Las redes de telecomunicaciones no solo transportan información; la sienten, la regulan, la priorizan. Son la capa invisible que mantiene en pie lo que hoy entendemos por vida conectada. Y sin embargo, hay un problema. Los modelos actuales de inteligencia artificial no alcanzan el nivel que requieren las telecomunicaciones, advierte Badrinath. No basta con que una IA escriba poemas o genere imágenes. Necesita entender protocolos de radiofrecuencia, gestionar congestiones de tráfico en tiempo real, anticipar fallos en nodos críticos. Las telecos no pueden depender de algoritmos diseñados para otras industrias.

De ahí nace Open Telco AI, la apuesta más ambiciosa anunciada en este MWC. Una iniciativa global que pretende romper el modelo actual en el que las operadoras son vistas como meras tuberías de datos, mientras otras empresas acaparan el valor añadido. El objetivo es claro devolver la soberanía tecnológica a quienes construyen la infraestructura. No se trata solo de conectar; se trata de pensar.

Un cerebro propio para las redes

Open Telco AI no es un modelo único, ni un producto comercial. Es un ecosistema abierto. Un espacio donde operadoras, desarrolladores y universidades podrán colaborar para entrenar modelos de lenguaje específicos para telecomunicaciones, los llamados Telco LLMs. Modelos que no solo hablen idiomas humanos, sino que entiendan el lenguaje de las redes señales, espectros, latencias, congestiones.

Y aquí entra en juego una paradoja. A pesar del auge de la IA generativa, solo el 16% de sus implementaciones actuales se aplican a las redes de telecomunicaciones. El resto se queda en atención al cliente automatizada o chatbots superficiales. La verdadera transformación, la que afecta a cómo se gestiona una red en tiempo real, apenas ha comenzado.

El proyecto también apuesta por la inclusión lingüística. Hoy existen unos 7.000 idiomas en el mundo, más de 2.000 de ellos en África. Si la IA no entiende el idioma de una comunidad, esa comunidad queda fuera. "Si las personas no pueden utilizar la IA en su propio idioma, quedan excluidas de las oportunidades de crear", dice Badrinath. Y esa exclusión no es solo cultural; es económica, tecnológica, humana.

Quién controla la red, controla el valor

Las telecos europeas apenas logran tasas de crecimiento del 3%. A pesar de garantizar que los hospitales no se queden sin conexión, que las fábricas no paren por fallos de red o que los servicios públicos resistan ciberataques, su participación en el valor generado por la digitalización es mínima. Christel Heydemann, consejera delegada de Orange, lo dice sin rodeos "La inteligencia artificial pasará de ser una tecnología más a convertirse en la capa operativa de la economía global". Y si las operadoras no actúan ya, no estarán en esa capa. Estarán debajo, alimentándola, sin recibir nada a cambio.

Open Telco AI quiere cambiar esa dinámica. El liderazgo corre a cargo de AT&T y AMD, una alianza simbólica entre infraestructura y poder computacional. AT&T anuncia la liberación de una familia de modelos abiertos, entrenados con datos públicos, diseñados para ser independientes de cualquier nube o hardware de terceros. AMD, por su parte, aporta su capacidad de procesamiento con sus GPU y la colaboración de TensorWave, especializada en inferencia eficiente de modelos de gran tamaño.

El respaldo de Telefónica, Orange y Vodafone da peso político y operativo al proyecto. No es una iniciativa aislada. Es un grito colectivo las redes no pueden seguir siendo invisibles.

Conectividad más allá de la tierra

Mientras Open Telco AI redefine la inteligencia de las redes, otra frontera se abre la del espacio. Margherita Della Valle, consejera delegada de Vodafone, habla sin ambages de la conectividad móvil por satélite como una nueva frontera. "Su impacto histórico será comparable al despliegue de los cables submarinos", asegura. Una comparación poderosa. Hace un siglo, los cables unieron continentes. Hoy, los satélites prometen hacer lo mismo con las zonas más remotas del planeta.

Y no es solo un asunto de cobertura. Es de resiliencia, de equidad, de continuidad del servicio. En un mundo donde todo depende de la conexión, no puede haber tierra de nadie. Especialmente cuando 3.100 millones de personas viven en zonas con cobertura móvil pero no usan internet. No por falta de señal, sino por brechas de acceso, alfabetización digital o idioma.

Para Della Valle, la solución no está en una sola mano. "Necesitamos una colaboración estrecha entre operadores, fabricantes y reguladores". Sin esa alianza, la revolución satelital podría repetir los errores del pasado tecnologías avanzadas al servicio de unos pocos.

El petabyte que cambió todo

En 2025 se alcanzó un hito técnico que suena a ciencia ficción transmitir un petabyte de datos en menos de un segundo a través de fibra óptica. Un volumen equivalente a todo el tráfico de Netflix en Europa durante un solo segundo. La infraestructura ya es capaz de esto. Lo que falta es la inteligencia para gestionarlo con precisión, eficiencia y equidad.

Open Telco AI no es solo una respuesta técnica. Es una apuesta por el control, por la inclusión, por el reconocimiento. Porque detrás de cada bit, hay personas. Idiomas. Historias. Y una red que, por fin, empieza a pensar por sí misma.

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