En una sala llena de monitores, cables y sudaderas con logos de startups, dos mujeres escuchaban atentas mientras un ingeniero explicaba los entresijos de una arquitectura de microservicios. Alrededor, unas 60 personas. Ellas eran las únicas mujeres. Esther Arias Valor, programadora en formación, no se sorprendió. "Lo he visto muchas veces así es como funciona el sector", dice. Su voz no suena resignada, sino constatando un hecho que todavía pesa en el ecosistema digital la brecha de género en la tecnología no ha desaparecido, aunque cada vez se habla más de ella.
Un cambio en marcha
Esther, de 39 años y valenciana de nacimiento, estudia en la IT Academy, una escuela tecnológica gratuita impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona. Lleva casi una década funcionando y ha formado a miles de personas, muchas de ellas adultas que buscan una reinserción laboral. La media de edad del alumnado es de 36 años, lo que habla de una realidad poco contada muchas personas llegan a la programación no por vocación infantil, sino por necesidad, curiosidad o reinvención personal.
Entre sus compañeras de clase está Halimeh Habib, exguía turística que durante la pandemia vio colapsar su profesión. "Buscaba un empleo más estable", explica. Lo encontró en la tecnología. Y, para su sorpresa, también encontró una comunidad acogedora. "Desde el principio me sentí muy cómoda. En los cursos había bastantes mujeres", recuerda. Su experiencia contrasta con la de Esther en eventos técnicos, pero ambos relatos forman parte del mismo mapa un sector en transformación, donde la diversidad empieza a tener espacio, aunque aún no esté del todo presente.
Un escenario con más mujeres, pero no en todos los puestos
Este año, Esther y Halimeh participaron en Talent Arena, un evento paralelo al Mobile World Congress dedicado exclusivamente al talento digital. Allí, los datos ofrecen una imagen algo más esperanzadora cerca del 40% de los asistentes y ponentes eran mujeres. Un número que, aunque lejos de la paridad, marca una tendencia clara. Pero los porcentajes cambian drásticamente según el área.
Según el informe "Brecha Digital" del Ministerio para la Transformación Digital, solo el 19% de los puestos dedicados al desarrollo de software en España están ocupados por mujeres. En Barcelona, el informe "Digital Talent Overview" revela que una de cada tres personas en profesiones digitales son mujeres. Pero no todas las áreas son iguales. Mientras en marketing digital llegan al 54% y en diseño UX/UI al 44%, en áreas como el desarrollo backend, ciberseguridad o infraestructura la presencia femenina se desploma.
Humbert Ruiz, director del programa de impulso al talento digital de Barcelona Activa, lo tiene claro "La brecha es mayor de lo que parece". Y añade "Hay áreas como el marketing digital donde tradicionalmente hay más mujeres, pero si miramos los puestos estrictamente de desarrollo de software la presencia femenina sigue siendo mucho menor".
El atractivo de la diversidad
Esther ha notado un cambio de actitud en las empresas. "Muchas compañías intentan incorporar más mujeres por razones de diversidad o cultura corporativa", afirma. Y lo ha vivido en carne propia en una charla técnica reciente, "incluso la reclutadora se acercó directamente a las pocas mujeres que estábamos en la sala". No era una coincidencia. Era estrategia.
Halimeh también observa esta demanda desde otro ángulo "Cada vez más clientes piden equipos diversos. Tenemos otras habilidades que también ayudan a resolver los problemas". No se trata solo de cumplir cuotas, sino de entender que la diversidad mejora los resultados. Equipos con distintos perfiles cognitivos, culturas y formas de pensar generan soluciones más completas.
Historias de reinventarse
Tammy Okwara, arquitecta de soluciones en Microsoft, nació en Nigeria, estudió economía en Alemania y llegó al sector tecnológico tras perder su trabajo durante la pandemia. Su salto a la analítica de datos fue un giro radical. "No conocía a ninguna mujer que trabajara en este tipo de puestos. Todas las personas que veía en esos espacios eran hombres, así que parecía algo casi imposible", confiesa.
Su historia no es única. Muchas mujeres llegan a la tecnología no por un camino lineal, sino tras un quiebre una crisis, un despido, una maternidad, un deseo de cambio. Y cuando entran, a menudo descubren que el miedo al fracaso, al no estar a la altura, ha sido alimentado por años de representación masculina dominante.
Humbert Ruiz lo resume así "A veces se piensa que áreas como la ciberseguridad son demasiado complejas, pero lo que estamos viendo es cada vez más interés por parte de las mujeres". El conocimiento técnico ya no es un muro infranqueable. La llegada de herramientas basadas en inteligencia artificial está democratizando el acceso. "Con la inteligencia artificial ya no necesitas tener el conocimiento técnico más profundo para empezar", asegura Tammy Okwara. Y eso abre puertas.
Ya no es solo cosa de hombres
Esther siente que hay un cambio muy fuerte. "Hay más interés por parte de las mujeres, pero el mercado aún no lo refleja y la brecha sigue siendo visible", dice. Pero también hay señales de esperanza. Las nuevas generaciones no ven la tecnología como un territorio exclusivo. Y las que ya están dentro, como Halimeh, lo tienen claro "Hay una tendencia muy positiva".
Y añade, con una sonrisa en la voz "Ya no es un sector exclusivamente masculino". No lo es. Y cada vez menos.