Solo el 2% de las empresas de IA podrían sobrevivir tras la burbuja, según Robin Li

Las mismas empresas que ahora ven sus valores tambalear son las que más invierten. Se espera que los desembolsos relacionados con inteligencia artificial superen los 600 mil millones de dólares en 2025.

30 de noviembre de 2025 a las 07:10h
el miedo a quedarse atras pesa mas que la prudencia
el miedo a quedarse atras pesa mas que la prudencia

Un año en internet no es como un año cualquiera. En 1999, Vinton Cerf, uno de los padres de esta red que ahora respiramos como aire, dijo algo que suena casi profético un año en el negocio de internet era como siete en la vida normal. Hoy, esa aceleración parece haberse multiplicado por diez. Vivimos en una era donde el tiempo se dilata para las máquinas y se comprime para los humanos. Y en este frenesí, la inteligencia artificial no es solo una tecnología emergente. Es una fiebre colectiva.

La IA y su ritmo de locura

En apenas un mes, las acciones de gigantes tecnológicos se han desplomado como hojas en otoño. NVIDIA cedió un 4 por ciento, Microsoft un 10, Meta un 20, Amazon apenas un 2. AMD y Intel también se desangraron. Oracle, con una caída del 30 por ciento, parece haber adelantado el invierno. Solo Google y Apple resisten, con subidas del 15 y 3 por ciento respectivamente. Es una señal algo está cambiando. No es una crisis, pero sí una corrección. O tal vez, una toma de conciencia.

Las mismas empresas que ahora ven sus valores tambalear son las que más invierten. Se espera que los desembolsos relacionados con inteligencia artificial superen los 600 mil millones de dólares en 2025. Para 2026, el gasto global en IA podría rozar los dos billones. Gartner, la consultora que tantas veces ha anticipado tendencias, prevé que en solo dos años el dinero invertido crezca casi un 50 por ciento. No estamos hablando de presupuestos anuales. Estamos hablando de guerras económicas por el futuro.

"La burbuja de internet se infló durante 4,6 años antes de explotar. La burbuja de la IA se ha inflado en dos tercios de ese tiempo"

 

Las "Siete Magníficas" Microsoft, Alphabet, Meta, Amazon, NVIDIA, Oracle y Apple representan una tercera parte del S&P 500. Son el motor y el espejo de la economía estadounidense. Y ahora, todas apuntan hacia el mismo horizonte centros de datos gigantescos, chips que consumen más energía que ciudades pequeñas, modelos que aprenden a costa de miles de millones. Microsoft, Alphabet, Meta y Amazon planean destinar entre 70 mil y 100 mil millones de dólares a infraestructura. Están construyendo catedrales digitales en medio de una tormenta.

El delirio de la apuesta en las empresas de IA

"Vamos a invertir agresivamente. Incluso si perdiéramos un par de cientos de miles de millones de dólares sería un fastidio, pero es mejor que quedarnos atrás en la carrera por la superinteligencia" - Mark Zuckerberg, sin tapujos

 

Esta frase no es solo estrategia. Es una declaración de valores. El miedo a quedarse atrás pesa más que la prudencia financiera. Y no es solo Meta. OpenAI, la empresa que popularizó el ChatGPT, está valorada en 500 mil millones de dólares más que cualquier banco europeo y aún no gana dinero. Se estima que no lo hará hasta 2029. Hasta entonces, su "quema de efectivo" ascenderá a 8 mil millones en 2025 y a 17 mil millones en 2026. Es como financiar un cohete sin saber si despegará.

Y así, en medio de este despliegue, surgen empresas nuevas con valoraciones estratosféricas. Safe SuperIntelligence, una startup fundada por Ilya Sutskever, uno de los cerebros de OpenAI, está valorada en 32 mil millones sin tener un solo producto público. Reflection AI, creada por exinvestigadores de Google DeepMind, recaudó 2 mil millones en una sola ronda. Hoy existen 498 unicornios de IA. El mercado no valora productos, valora promesas.

¿Estamos en una burbuja de la IA?

El Nasdaq, termómetro de la tecnología, creció un 281 por ciento en los tres años previos al estallido de la burbuja puntocom. Hoy, su avance es del 100 por ciento. Menor, pero suficiente para encender luces de alarma. El índice Shiller CAPE, que mide la valoración de las acciones ajustada por ingresos, está en 40. En el 2000, en plena burbuja, llegó a 44. No estamos tan lejos del abismo como creemos.

Sundar Pichai, CEO de Google, ha observado "elementos de irracionalidad" en el sector. Satya Nadella, de Microsoft, y Sam Altman, de OpenAI, también han advertido sobre posibles burbujas. Robin Li, el fundador de Baidu, fue más contundente: "estamos ante una burbuja que hará que solo el 1 por ciento de las empresas sobrevivan".

Y no es solo un fenómeno occidental. China ha impulsado el gasto global en IA mientras adopta una postura más conservadora en su regulación. Es un paradoja avanza a toda velocidad, pero con los frenos a punto de ser pisados.

¿Qué viene después?

Las Siete Magníficas acumulan 200 mil millones de dólares en efectivo, ingresos combinados de 2,1 billones y una capitalización bursátil de 20,8 billones. Son gigantes, sí. Pero también son vulnerables. Oracle, por ejemplo, ha emitido 18 mil millones en bonos y su deuda supera los 100 mil millones. ¿Hasta cuándo aguantará el modelo de inversión desbocada?

Quizá la pregunta no sea si estallará la burbuja. Tal vez debamos preguntarnos qué quedará después. ¿Un mundo con inteligencia artificial en cada dispositivo, cada decisión, cada rutina? ¿O un paisaje industrial devastado, con empresas fantasma y promesas incumplidas?

La tecnología no es neutral. Nunca lo ha sido. Y esta fiebre de inversión, con sus luces y sus sombras, nos obliga a mirar no solo los chips, sino las consecuencias. Porque al final, la verdadera inteligencia no está en los algoritmos, sino en cómo decidimos usarlos.

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