Solo el 3 % de los 1 800 millones que usan IA pagan por ella: ¿podrá cambiarlo OpenAI?

OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, apuesta a que eso cambiará. Proyecta que en 2030, el 8,5 % de sus 2 600 millones de usuarios semanales estarán dispuestos a pagar.

16 de diciembre de 2025 a las 06:45h
solo el 3% de los 1 800 millones que usan IA pagan
solo el 3% de los 1 800 millones que usan IA pagan

Imagina que puedes hablar con una inteligencia que parece entender tus intenciones, que redacta correos, resume artículos, incluso compone canciones. Eso es hoy el ChatGPT, pero también es un espejo de algo mucho más grande una fiebre económica que podría estar inflando la burbuja tecnológica más costosa de la historia. No es ciencia ficción. Es lo que está sucediendo ahora, mientras millones de personas en todo el mundo interactúan con herramientas de inteligencia artificial como si ya fueran parte del mobiliario digital de sus vidas.

La promesa dorada del 10 %

Las empresas de inteligencia artificial están invirtiendo a un ritmo descomunal. Para que esos enormes desembolsos de capital rindan frutos, los ejecutivos de JPMorgan calculan que en 2030 necesitarán generar colectivamente 650 000 millones de dólares. Esa cifra no es un pronóstico, es una exigencia sin ese dinero, el retorno de la inversión apenas rozaría el 10 %. Un número modesto para lo que se está jugando.

El reto es monumental. Hoy, 1 800 millones de personas usan IA en algún grado. Pero solo el 3 % de ellos, unos 54 millones, pagan por ella. Es como si en un estadio lleno de aficionados, apenas unas gradas estuvieran ocupadas por quienes sacan dinero del espectáculo.

El salto de la gratuidad a la suscripción

OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, apuesta a que eso cambiará. Proyecta que en 2030, el 8,5 % de sus 2 600 millones de usuarios semanales estarán dispuestos a pagar. Hablamos de 220 millones de suscriptores. Para alcanzar esa meta, tendrán que convencer a más de 150 millones de personas de abrir la cartera.

Pero hay un problema. Hasta ahora, la estrategia de monetización ha sido esquiva. Sam Altman, CEO de OpenAI, fue claro en su postura

"La publicidad sería el último recurso" 

- Sam Altman, CEO de OpenAI

Sin embargo, los hechos se están moviendo más rápido que las declaraciones. Recientemente, han aparecido señales inequívocas de que los anuncios están a punto de invadir la experiencia de ChatGPT. La ironía es tan gruesa como un manual de historia económica quien juró no vender la atención del usuario, ahora parece a punto de hacerlo.

El fantasma de las puntocom

Esto no es nuevo. A principios del siglo XXI, las empresas tecnológicas prometían un mundo transformado por internet. Las acciones se dispararon, las valoraciones alcanzaron el cielo... y luego cayeron en picado. Cuando estalló la burbuja de las puntocom, muchos perdieron fortunas. Hoy, las acciones representan el 21 % del patrimonio económico de los estadounidenses, más que en aquel entonces. Y la mitad del crecimiento de ese patrimonio en el último año se debe a inversiones en empresas de IA.

Pero el pasado tiende a repetirse, aunque con variaciones. The Economist advierte que si la burbuja de la IA revienta, el patrimonio neto podría caer un 8 %. Eso no es solo un número en una pantalla. Significa que familias reducirían su gasto, empresas recortarían plantillas, y la economía de Estados Unidos podría contraerse un 1,6 %. Apenas una décima más, y estaríamos en recesión.

¿Será esta vez diferente?

Quizá sí. A diferencia de la burbuja de las puntocom, esta no nace del vacío. La IA ya está integrada en productos reales, en servicios que funcionan, en procesos que mejoran productividad. Además, la raíz del riesgo parece estar más en los mercados financieros que en la economía real. Eso da margen de maniobra.

Los bancos centrales podrían recortar tipos de interés para estimular el consumo, evitando una caída en picado. La recesión podría ser menos profunda, pero su impacto global sería más complejo. Si Estados Unidos, motor del consumo digital, reduce su demanda, su déficit comercial podría mejorar. Pero eso no sería buena noticia para todos.

El efecto dominó económico

China, con su enorme capacidad productiva, ya vive un exceso de oferta. Si disminuye la demanda estadounidense de tecnología, Pekín podría inundar otros mercados con sus productos. Europa y Asia podrían responder con proteccionismo, levantando barreras comerciales. No sería una crisis financiera aislada, sino una reconfiguración del comercio mundial.

Detrás de cada dato hay una pregunta incómoda ¿estamos construyendo el futuro o solo especulando con su nombre? Las empresas de IA no solo venden tecnología, venden esperanza, y la esperanza siempre ha sido un activo volátil.

Apple tiene 1 000 millones de suscriptores a sus servicios, Netflix 300 millones, Spotify 280 millones. Son números que demuestran que la gente paga por valor. La IA aún tiene que demostrar que su valor está en el servicio, no solo en el algoritmo. Porque al final, una burbuja no estalla por lo que las empresas hacen, sino por lo que todos creemos que harán.

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