Wall Street se dispone a examinar una promesa que hasta ahora había circulado sobre todo en presentaciones, rondas de financiación y expectativas. El 12 de junio de 2026 está prevista la salida a bolsa de SpaceX, mientras OpenAI y Anthropic apuntan al otoño de 2026 con una pregunta de fondo que no cabe esquivar.
La pregunta no gira solo en torno al tamaño. Las tres compañías aspiran a valoraciones superiores al billón de dólares, pero ninguna obtuvo beneficios en el último año. Ahí aparece la tensión que puede marcar estos debuts, porque una cosa es atraer capital y otra demostrar que el negocio sostiene semejante precio.
Hasta ahora el dinero ha preferido vender picos y electricidad
Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, el entusiasmo bursátil por la inteligencia artificial se ha concentrado en otro tramo de la cadena. Los grandes beneficiados han sido los fabricantes de chips, los constructores y los proveedores energéticos de centros de datos.
Ahora cambia el foco. Los próximos estrenos bursátiles pondrán a prueba si ese entusiasmo también alcanza a las empresas que quieren capturar el valor directo de los modelos de inteligencia artificial, una transición que ya asomaba en la preparación bursátil de OpenAI.
Si la apuesta funciona, el mercado avalará que la rentabilidad futura puede concentrarse en quienes desarrollan los sistemas y no solo en quienes venden la infraestructura. Si falla, la duda caerá sobre toda la narrativa financiera que ha rodeado a la inteligencia artificial desde 2022.
OpenAI y Anthropic llegan con modelos punteros y cuentas abiertas
Sam Altman dirige OpenAI y Dario Amodei está al frente de Anthropic. Ambas firmas son responsables de algunos de los modelos de inteligencia artificial más avanzados, pero su capacidad para convertir ese crecimiento en un negocio rentable sigue siendo incierta.
No es una incertidumbre menor. Durante estos años, las herramientas generativas han ganado presencia pública, contratos y atención inversora, pero el mercado tendrá que decidir cuánto valen compañías que lideran la carrera técnica sin haber demostrado todavía beneficios anuales.
En ese clima encaja también la valoración previa de Anthropic, que ayuda a medir hasta qué punto las expectativas ya se han instalado antes del estreno en el parqué.
SpaceX lleva la prueba más lejos que ninguna otra
El caso de SpaceX añade una capa distinta a este examen. Elon Musk dirige la compañía espacial y también xAI, en una combinación que mezcla cohetes, satélites, datos y ambición computacional dentro del mismo horizonte empresarial.
Además, SpaceX pretende desplegar centros de datos en el espacio. La idea suena casi como un desplazamiento físico de la fiebre actual por la computación, desde las naves industriales y las subestaciones eléctricas en tierra hasta una infraestructura orbital pensada para procesar información fuera del planeta.
El 12 de junio de 2026 llegará la primera gran prueba bursátil de esa apuesta, y no solo para SpaceX. También servirá como anticipo del juicio que después afrontarán OpenAI y Anthropic cuando llegue el otoño.
El mercado no juzgará tres empresas aisladas
DeepMind ofrece un antecedente útil para entender el momento. Fue fundada en 2010 y Google la adquirió en 2014, cuando el negocio de la inteligencia artificial todavía no se sometía cada semana al veredicto inmediato de la bolsa.
Hoy el escenario es otro. Las tres compañías buscan valoraciones superiores al billón de dólares sin haber tenido beneficios en el último año, de modo que sus debuts no medirán solo balances y proyecciones, sino la confianza real en que la inteligencia artificial pueda apropiarse del valor que promete generar.
Un mal estreno de SpaceX, OpenAI y Anthropic pondría en cuestión la burbuja de la inteligencia artificial. Un buen arranque, en cambio, reforzaría una concentración de poder tecnológico y financiero en torno a tres grupos que todavía no han demostrado beneficios, pero ya piden al mercado una valoración de más de un billón de dólares.