Elon Musk no parece tener prisa, pero tampoco descansa. Mientras muchos miran al futuro con incertidumbre, él ya está colocando los cimientos de una empresa que en 2026 podría cambiar el mapa financiero y tecnológico del planeta. SpaceX, la compañía que hace una década parecía una apuesta arriesgada en la carrera espacial, hoy se mueve con la ambición de convertirse en el gigante más valioso jamás salido del sector privado. Su próxima gran jugada una salida a Bolsa que podría valorarla en más de 1,5 billones de dólares, una cifra tan descomunal que superaría el Producto Interior Bruto de España.
La máquina de lanzar cohetes es SpaceX, no la NASA
SpaceX no juega a parecer grande. Lo es. En 2024, batió su propio récord con más de 170 lanzamientos de cohetes. Ciento sesenta y cinco fueron misiones con Falcon 9, ese cohete reutilizable que hace unos años parecía ciencia ficción y que hoy vuela con la frecuencia de un avión comercial. Cinco fueron pruebas del Starship, el gigante que un día llevará humanos a Marte. Cada despegue no es solo un logro técnico, es un mensaje el acceso al espacio ya no depende exclusivamente de gobiernos. Ahora lo mueven empresas, planificación y escalabilidad.
Este ritmo frenético tiene un objetivo claro dominar el acceso al espacio. Y en eso, nadie está cerca. Mientras otros países o compañías necesitan meses para preparar un lanzamiento, SpaceX lo hace en días. Reutilizar cohetes no es solo ecológico, es una revolución industrial. Cada Falcon 9 puede volar más de diez veces, reduciendo costes y aumentando la cadencia. Es como si, en lugar de construir un avión nuevo para cada vuelo París-Nueva York, lo limpias, revisas y vuelves a usar. La industria aeroespacial nunca había visto algo así.
Starlink el internet del cielo
Si el corazón de SpaceX late en Texas, su cerebro financiero puede estar en las órbitas bajas de la Tierra. Starlink, su red de satélites de internet, acaba de alcanzar los nueve millones de clientes activos en 155 países. Un millón de nuevos usuarios en solo cuatro meses. Más de 21.200 por día. Es el crecimiento más rápido en la historia de los servicios de telecomunicaciones de banda ancha.
No se trata solo de números. Es sobre acceso. En zonas rurales de Kenia, en comunidades indígenas de Canadá, en islas remotas del Pacífico, Starlink lleva internet donde antes no llegaba ni la señal de teléfono. No es perfecto tiene latencia, coste y limitaciones. Pero es una red que funciona sin cables, sin torres, sin depender de infraestructuras terrestres. Y mientras Amazon prepara su propio sistema con su proyecto Leo con apenas 180 satélites en órbita frente a los más de 9.000 de Starlink, la ventaja de SpaceX parece imbatible por ahora.
- Starlink opera con más del doble de satélites que cualquier otro sistema.
- Tiene una tasa de crecimiento del 49.3% mensual tras superar los ocho millones de usuarios.
- Amazon planea 3.000 satélites; Starlink ya prevé alcanzar los 10.000 el próximo año.
Y no se queda en banda ancha. SpaceX acaba de gastar cerca de 20.000 millones de dólares en comprar espectro de telefonía móvil en Estados Unidos, un activo clave para ofrecer servicios móviles directos desde satélite. Imagina un teléfono que funcione en mitad del desierto, sin antenas cercanas. Eso ya no es ciencia ficción. Es el siguiente paso.
SpaceX, el precio del cielo
Para entender el valor de SpaceX, hay que mirar más allá de los cohetes y los satélites. La compañía cerró recientemente una venta de acciones entre empleados con una valoración de 800.000 millones de dólares. El doble que hace apenas un año. En ese mismo período, OpenAI ha llegado a los 500.000 millones y Anthropic a 350.000 millones. SpaceX no es solo la startup más valiosa del mundo. Es una liga aparte.
Y aún no ha salido a Bolsa. Cuando lo haga, posiblemente en 2026, podría recaudar más de 30.000 millones de dólares. Sería la mayor OPV de la historia, superando incluso a Aramco en 2019. Los fondos no se destinarán a pagar dividendos ni a lujo corporativo. Irán a Marte. A la Luna. A la construcción de una base lunar, a viajes interplanetarios, a infraestructuras que hoy suenan a sueño pero que en la visión de Musk son pasos inevitables.
"Las misiones a Marte no son una opción. Son una necesidad para la supervivencia de la especie" - Elon Musk, fundador y CEO de SpaceX
Su fortuna, ya cercana a los 200.000 millones de dólares, podría superar el billón con la salida a Bolsa. Una cifra que desafía la imaginación. Pero más allá del dinero, lo que está en juego es el control del espacio cercano a la Tierra. Y quien domine esa frontera, dominará las comunicaciones, la logística, la exploración y quizás, en el futuro, la energía y los recursos minerales del sistema solar.
El futuro en Texas
En el sur de Texas, en medio de dunas y matorrales, se está construyendo algo que podría parecer una ciudad del futuro. Starbase, la base de lanzamientos de SpaceX, está a punto de expandirse. La administración Trump estudia transferir 775 acres del Refugio Nacional de Vida Silvestre del Valle Bajo del Río Grande a la empresa, a cambio de 692 acres cedidos por SpaceX al gobierno. No es solo una batalla de terrenos. Es un símbolo el avance de lo privado sobre lo público en uno de los últimos territorios vírgenes del país.
Este tipo de acuerdos no están exentos de polémica. ¿Qué precio tiene la naturaleza frente al progreso tecnológico? ¿Hasta dónde debe ceder el Estado en nombre de la innovación? Son preguntas sin respuesta fácil. Pero en la era de los gigantes privados, las respuestas ya no las dan solo los políticos. Las marcan quienes tienen la tecnología, el dinero y la visión de largo plazo.
¿Quién colocará las estrellas?
Detrás de cada gran OPV hay banqueros, estrategias y alianzas de poder. SpaceX ya está en proceso de elegir su entidad colocadora. Según fuentes cercanas, Morgan Stanley lidera la carrera, seguida de Goldman Sachs y JP Morgan. No es casualidad. Estas firmas han estado detrás de las mayores ofertas públicas de la historia. Ahora, podrían lanzar al mercado no solo una empresa, sino una nueva era.
SpaceX prevé cerrar este año con ingresos cercanos a los 15.000 millones de dólares. Para 2026, aspira a alcanzar entre 22.000 y 24.000 millones. Y todo esto sin contar los ingresos futuros de servicios lunares, turismo espacial o incluso minería en asteroides. Lo que hoy parece ficción, mañana podría estar en el balance anual de una compañía cotizada.
El espacio ya no es solo un lugar. Es un mercado. Y SpaceX no es solo una empresa. Es una civilización en construcción, lanzada desde la Tierra, con cohetes, satélites y la ambición de un hombre que cree que el futuro no se espera. Se construye.