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Google ha entrado de lleno en la carrera de los agentes con Spark, una herramienta basada en Gemini que no llega sola ni barata.
El acceso exige una suscripción a Gemini Ultra, mientras Claude Code y Codex pueden usarse en cuentas gratuitas con uso reducido. Ahí aparece una primera diferencia que no es menor, porque el precio de entrada cambia quién puede probar estas herramientas y quién solo puede mirarlas desde fuera.
Hermes juega otra partida y lo hace desde el ordenador del usuario
Frente a ese modelo, Hermes se presenta como un agente de código abierto y gratuito compatible con Linux, Windows, Mac y también con dispositivos móviles. No depende de una sola vía de uso, porque admite conexión mediante API a la nube o con modelos locales.
La comparación no solo va de coste.
También va de dónde vive la información que cada sistema necesita para funcionar. Google, Anthropic y OpenAI acumulan datos de los usuarios en sus servidores, mientras Hermes guarda la memoria, las habilidades, los archivos de configuración, los datos de acceso, las APIs y los diarios de conversación en el ordenador local.
Esa diferencia cambia la relación con la máquina de una forma muy concreta. Para quien programa, prueba automatizaciones o trabaja con credenciales delicadas, no es lo mismo dejar el rastro de uso en infraestructura ajena que conservarlo en su propio equipo, como ya se ha visto en agentes en la nube siempre activos.
Google sufre un límite incómodo cuando la capacidad no alcanza
Hay además otra pieza menos visible y bastante más terrenal. Google ha restringido el acceso a Gemini a Meta y a otros clientes debido a la escasez de capacidad de cómputo.
No es un matiz técnico sin consecuencias. Si falta músculo de cálculo, el acceso deja de depender solo del diseño del producto y pasa a depender de quién entra primero, quién paga más o quién queda fuera.
Hermes intenta ocupar justo ese hueco con una propuesta distinta, porque puede trabajar con modelos locales además de conectarse por API a servicios en la nube. En tiempos de escasez computacional, esa flexibilidad pesa casi tanto como las funciones visibles de un agente.
La disputa, en el fondo, no enfrenta solo a Spark con Hermes. Enfrenta dos maneras de entender la asistencia automatizada, una apoyada en suscripción, servidores remotos y capacidad centralizada, y otra que lleva la memoria, las claves y el historial de conversación al ordenador del usuario.
Y esa tensión termina en algo muy doméstico. Mientras Spark exige Gemini Ultra y Google limita accesos por falta de cómputo, Hermes guarda incluso los datos de acceso y los diarios de conversación en local.