En una tarde fría de otoño en Estocolmo, la Strawberry Arena vibraba con una energía poco habitual para un estadio normalmente dedicado a conciertos y deportes. Techarena, el evento tecnológico más ambicioso de Suecia, había ocupado el recinto, no con música o fútbol, sino con el zumbido de servidores, el repiqueteo de teclados y el entusiasmo de cientos de fundadores jóvenes que miran al futuro como si ya lo estuvieran construyendo. En las gradas, entre inversores de traje impecable y desarrolladores con camisetas de startups desconocidas, se tejía una historia que va mucho más allá de la innovación una paradoja entre lo que el país ha logrado y lo que podría perder si su política no entiende el ritmo del progreso.
El renacimiento digital de un gigante nórdico
Suecia no es un nombre nuevo en el mapa tecnológico. Desde la década de 1990, cuando el gobierno apostó por entregar ordenadores a los empleados y desplegar fibra óptica antes que casi cualquier otro país, el ADN digital del país ha estado en construcción. Skype, Spotify, Klarna, King todos surgieron de una combinación de talento, acceso a internet rápido y una cultura empresarial que, aunque modesta al principio, no temía mirar al mundo. Pero ahora, en 2026, algo distinto está ocurriendo. No es una ola. Es una marea alta. Las startups suecas de inteligencia artificial recaudaron casi mil millones de dólares en 2025, y nombres como Lovable, una empresa de "vibe-coding" con IA, están convirtiéndose en fenómenos culturales en solo dos años.
No se trata de copiar modelos extranjeros. Se trata de crearlos. En Uppsala, una empresa de legaltech llamada Legora crece prácticamente al doble cada semana y ya supera los 1.800 millones de dólares de valoración. En Estocolmo, Sana Laba, especializada en IA aplicada a recursos humanos, fue adquirida por Workday por 1.100 millones de dólares, la compra más grande de una empresa europea de IA en la historia. Estamos viendo no solo un crecimiento, sino una nueva generación que aprendió en las gigantes del pasado y ahora quiere volar más alto.
El talento quiere quedarse… pero la burocracia lo empuja a irse
En medio del optimismo, hay una grieta que amenaza con romper el sueño. Omid Ekhlasi, fundador de Techarena, lo dice con crudeza: "No lo ponen fácil". Habla del sistema migratorio sueco, un laberinto de trámites donde incluso empleados con salarios altísimos y contratos firmados pueden verse obligados a abandonar el país por detalles técnicos un seguro mal tramitado, un formulario incompleto. "He visto casos de personas que llevan dos años en una empresa, ganando más de 100.000 euros al año, y les deniegan la renovación del visado. Tienen que irse. Es absurdo", señala.
El contexto político no ayuda. El gobierno actual, liderado por Ebba Busch de los Democristianos, gobierna en coalición con los Demócratas Suecos, una formación de ultraderecha con fuerte oposición a la inmigración. Suecia ha elevado el requisito para obtener la nacionalidad de cinco a ocho años, y aunque se dice que los trabajadores cualificados no se ven afectados, la percepción es clara el país que una vez fue pionero en inclusión digital está volviéndose más cerrado al talento extranjero.
"Es un problema enorme para Suecia. No deberíamos ser un país cerrado, a la larga no nos irá bien" - Omid Ekhlasi, fundador de Techarena
¿Qué necesita una startup? Menos leyes, no más
En el escenario principal, la viceprimera ministra Ebba Busch lanzó un mensaje aparentemente amable hacia las startups: "Decidnos qué necesitáis". Desde las gradas, Tobias Bengtsdahl, socio general de Antler, una de las firmas de capital riesgo más activas en Europa, respondió sin microfono, pero con contundencia: "No os metáis en medio".
Bengtsdahl no busca subvenciones ni fondos públicos. Quiere libertad. "Una de las cosas que el Gobierno está haciendo bien ahora mismo es no hacer demasiadas cosas", dice. Y añade algo que suena casi radical en Europa: "He sido muy claro sobre lo que el Gobierno sueco y la Comisión Europea pueden hacer en materia de startups y tecnología, por favor, no hagan nada. Por favor, desregulen".
"Por favor, no hagan nada. Por favor, desregulen" - Tobias Bengtsdahl, socio general de Antler
Para él, el problema no es la falta de apoyo, sino la abundancia de regulaciones. GDPR, la ley europea de protección de datos, ya ha frenado iniciativas. La Ley de IA, aún en desarrollo, podría asestar otro golpe. "Se ha impuesto demasiado pronto", dice Bengtsdahl. "Estados Unidos avanza a su ritmo, y Europa corre el riesgo de quedarse atrás no por falta de talento, sino por exceso de control".
Un sueño paneuropeo startups sin fronteras
El panorama es aún más complejo cuando las startups crecen. Lukas Saari, fundador de Tandem Health, una empresa de salud digital, pasó seis meses con abogados de cinco países para entender cómo ofrecer opciones sobre acciones a sus empleados en Europa. "La conclusión es que no hay buenas fórmulas para hacerlo", reconoce. Cada país tiene sus normas, sus limitaciones, sus trámites. El mercado único europeo, en la práctica, sigue siendo una suma de mercados nacionales con puertas cerradas.
"Hemos pasado medio año trabajando con un montón de abogados de distintos despachos solo para entender cómo podemos ofrecer opciones sobre acciones en varios países, y es una pérdida de tiempo enorme" - Lukas Saari, fundador de Tandem Health
Pero hay esperanza. Saari menciona con entusiasmo la iniciativa "EU Inc", un proyecto que permitiría a las startups operar en toda la Unión Europea bajo un mismo marco legal, como si fueran una sola entidad. "Es un rayo de esperanza en el horizonte", dice. "La veo increíblemente importante para crear ganadores paneuropeos y poner fin al reflejo automático de cada empresa de pensar 'empiezo en Suecia y luego me voy a Estados Unidos'".
El optimismo como motor
Oscar Höglund, cofundador de Epidemic Sound una plataforma de música con licencia que alcanzó el estatus de unicornio en 2021, sueña con un sistema donde crear una empresa sea tan fácil como subir una app. "Imagínese que fuera mucho más fácil crear empresas, registrar negocios, contratar gente, despedir gente, captar capital en toda Europa en lugar de que todo esté tan ligado al ámbito nacional", dice. Sabe que es un deseo ambicioso. Pero también sabe que el emprendimiento, al fin y al cabo, es eso creer en lo posible incluso cuando la burocracia dice que no.
Bengtsdahl, desde su asiento en las gradas de la Strawberry Arena, mira a su alrededor. Miles de jóvenes, pantallas encendidas, ideas en marcha. "Europa tiene que reflexionar sobre cuál es el equilibrio razonable", dice. "Me gustaría que llegara al punto en el que está ahora Estados Unidos. Independencia, resiliencia, soberanía". Y lanza una pregunta que suena a desafío: "En lugar de frenar la innovación, ¿no deberíamos hablar de cómo lograr que Mistral sea diez veces mejor?".
En medio del calor del evento, con banderas de startups colgando del techo y el eco de discursos resonando en los pasillos, una idea queda flotando que a veces, lo mejor que puede hacer un gobierno por el futuro es no estorbar.