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Un tercio de las barreras cae al primer intento.
Eso sugiere el último informe de Tech Against Terrorism, respaldado por la Dirección General de Terrorismo de la ONU, después de poner a prueba 27 modelos de inteligencia artificial con 2.300 solicitudes. El 32% devolvió información útil para extremistas mediante jailbreaking y la cifra subió al 42% cuando la misma petición se reformuló con fines de investigación.
OpenAI define el jailbreaking como un intento malicioso para forzar al modelo a entregar contenido prohibido. La etiqueta suena técnica, pero el mecanismo resulta bastante reconocible para cualquiera que haya visto cómo una misma pregunta cambia de sentido con apenas unos matices.
La pregunta no cambia el objetivo, pero sí cambia la respuesta
Adam Hadley, director de Tech Against Terrorism, sitúa ahí el cambio más incómodo del momento.
"Pero lo que cambian estos modelos es la velocidad, la facilidad y la exhaustividad. Las personas que antes carecían de tiempo, recursos o capacidad ahora pueden llegar más lejos y más rápido". - Adam Hadley, director de Tech Against Terrorism
Hadley añade otra comparación que ayuda a medir la diferencia entre buscar datos sueltos y conversar con una máquina que organiza la tarea paso a paso. No es lo mismo tropezar con un manual que recibir una guía que responda, ordene y adapte la información a cada obstáculo.
De hecho, el propio Hadley lo resume con una imagen más directa cuando explica que una cosa es encontrar un manual para fabricar bombas y otra tener un instructor. Ahí aparece el salto práctico que preocupa a los analistas, porque la IA no sustituye solo la búsqueda, también acorta el camino entre la duda y la ejecución.
Ya apareció en drones, chats y manuales compartidos
En 2025, expertos en seguridad detectaron un aumento de incidentes en los que terroristas usaron herramientas de IA para planificar, investigar y preparar ataques. La tendencia no se queda en una sospecha general, porque ya dejó rastros concretos en varios escenarios.
La filial de Al Qaeda en Mali, Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin, usa inteligencia artificial para modificar drones.
Además, Yuri Neves y Emily Klei, expertos en seguridad de Moonshot, localizaron en junio canales de Telegram del Estado Islámico donde circulaban prompts para IA y enlaces de conversación compartidos para coordinar estrategias. Moustafa Ayad, director ejecutivo para África, Medio Oriente y Asia del Instituto para el Diálogo Estratégico, confirmó también que el año pasado el Estado Islámico publicó una guía para usar estas herramientas.
Ese intercambio recuerda que el problema no depende solo del modelo, sino también de las comunidades que enseñan a sacarle partido. En ese terreno, campañas con IA en ciberataques ya habían mostrado cómo un sistema generativo puede integrarse en una cadena operativa más amplia.
La IA no reemplaza al instigador, pero sí ocupa parte de su lugar
Rueben Dass, investigador asociado de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam en Singapur, describe un antecedente humano muy claro antes de la expansión de estos sistemas.
"Antes existía este concepto de planificadores virtuales, individuos que estaban en zonas de conflicto contactando a personas en redes sociales para motivarlas a perpetrar atentados". - Rueben Dass, investigador asociado de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam
Ahora, añade Dass, no puede decirse que los humanos hayan sido reemplazados, pero sí que algunos lobos solitarios recurren a la IA para obtener apoyo. La sustitución no es completa y, justamente por eso, tal vez resulta más difícil de detectar a simple vista.
La investigación publicada a comienzos de julio por la Universidad de Cambridge dibuja esa transición con testimonios directos de miembros de Boko Haram en Nigeria. En esas entrevistas relataron el uso de ChatGPT, Claude, Gemini y Grok para planificar ataques, diseñar bombas, reparar armas y reforzar su seguridad operativa.
También por eso encajan aquí los debates sobre responsabilidad penal, aunque el núcleo del problema siga estando en el uso humano de la herramienta y no en una autonomía propia del sistema.
Más que multiplicar atentados, la IA cambia su preparación
Adam Hadley sostiene que una persona decidida encontrará la mayor parte de la información de todos modos. La diferencia, a su juicio, está en que ahora esa información llega más deprisa, con más facilidad y con una cobertura más completa.
Rueben Dass introduce aquí una cautela importante cuando recuerda que el éxito de un acto terrorista es multidimensional. Y añade que el solo uso de la IA no garantiza ese éxito.
Su conclusión evita tanto el alarmismo fácil como la tranquilidad automática. No habrá más ataques por culpa de la IA, sostiene Dass, pero sí habrá más IA dentro de los ataques.