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Hay amenazas que llenan portadas y otras que avanzan sin ruido, pero un nuevo análisis las coloca en la misma balanza. Una comisión de The Lancet concluye que el uso malintencionado de la inteligencia artificial y la guerra nuclear son las dos únicas amenazas globales estudiadas que podrían acabar con la humanidad antes de 2100.
El trabajo no mira solo catástrofes repentinas. También compara riesgos que ya forman parte de la vida diaria y que, acumulados durante décadas, pueden dejar una huella sanitaria mucho mayor.
La obesidad concentra la carga evitable más alta
Entre las 17 amenazas analizadas, la mayor carga acumulada esperada y evitable aparece asociada a la obesidad.
La comparación ayuda a entender la escala. El estudio mide los años de vida ajustados por discapacidad, conocidos como DALY, y sitúa las amenazas entre 1,02 mil millones y 23,1 mil millones de DALY entre 2025 y 2100, frente a los aproximadamente 500 millones de DALY atribuidos a la pandemia de COVID 19.
No es una lista pequeña ni simbólica.
La investigación la firma la Comisión de The Lancet sobre amenazas globales para la salud en el siglo XXI, integrada por 37 expertos en salud, economía, seguridad y tecnología. Su evaluación abarca 204 países y territorios, una amplitud que obliga a leer la salud pública como algo más que hospitales, vacunas o brotes concretos.
La IA y la guerra nuclear aparecen en el extremo más grave
Ahí entra una advertencia que suena a geopolítica, a bioseguridad y también a tecnología. Los expertos escriben que “el uso malintencionado de la IA, incluidas las armas biológicas, y un conflicto nuclear con hambruna nuclear conllevan riesgos de extinción en los próximos 75 años”.
En paralelo, otros debates recientes ya habían puesto el foco en ensayos con agentes biológicos asistidos por IA. Esa conexión explica por qué el informe no trata la inteligencia artificial como una discusión de laboratorio, sino como un factor que puede amplificar daños a escala global.
Presentadas este domingo en la Cumbre Mundial de la Salud de Berlín, las conclusiones rompen una comodidad habitual. Solemos pensar la extinción como materia de ficción y la obesidad como una crisis lenta, pero aquí ambas quedan dentro del mismo mapa sanitario.
La comisión pide vigilancia periódica y menos competencia ciega
La comisión reclama un marco de acción holístico apoyado en la ciencia, los derechos humanos y la solidaridad. También pide supervisión y evaluaciones periódicas de riesgos con resultados presentados al G20 y a la ONU.
Además, recomienda que los gobiernos nacionales inviertan en sistemas de salud preparados para amenazas y en soluciones como la fusión nuclear y las tecnologías de eliminación de carbono. No es una receta para una sola crisis, sino un intento de preparar estructuras capaces de responder cuando los problemas se encadenan.
Los autores cuestionan el actual “enfoque competitivo”. En su lectura, esa lógica está reduciendo las posibilidades de la humanidad justo cuando las amenazas se cruzan entre sí.
Esa idea conecta con la vigilancia insuficiente de la IA, un problema que gana peso cuando la tecnología deja de ser solo una herramienta productiva y entra en el terreno de los riesgos sistémicos.
La evaluación se actualizará cada año, pero el dato más incómodo ya está sobre la mesa. De las 17 amenazas medidas en DALY para 204 países y territorios, solo dos aparecen ligadas a un riesgo de extinción, mientras la obesidad encabeza la mayor carga acumulada evitable.