Thélyson Orélien gana el Premio Fnac 2026 y Millás cuestiona un detector de IA que marcó a Borges como artificial

Tras el premio a C était ça ou morir, surgieron acusaciones de plagio y uso de IA. Juan José Millás criticó la fiabilidad de los detectores y defendió que importa más la calidad del texto que la firma.

19 de octubre de 2026 a las 14:11h
Thélyson Orélien gana el Premio Fnac 2026 y Millás cuestiona un detector de IA que marcó a Borges como artificial
Thélyson Orélien gana el Premio Fnac 2026 y Millás cuestiona un detector de IA que marcó a Borges como artificial

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Una novela premiada, una herramienta que promete detectar escritura artificial y un puñado de acusaciones en redes han colocado la autoría literaria en un terreno incómodo.

Thélyson Orélien, escritor canadiense haitiano, ganó el Premio de Novela Fnac 2026 con C était ça ou morir, pero poco después llegaron las acusaciones de plagio y de uso de inteligencia artificial tras una revisión con Pangram. El autor niega ambas imputaciones vinculadas a la escritura de la obra.

Juan José Millás discutió el valor de una firma por encima del texto

Juan José Millás, escritor y periodista, llevó el debate a un lugar más viejo que los detectores automáticos, el de la relación entre obra y autor. Para él, la calidad del libro pesa más que la identidad de quien lo firma, una idea que empuja la discusión fuera del laboratorio y la devuelve a la experiencia de lectura.

"A mí qué me importa quién fue Unamuno cuando leo una novela. Yo no necesito saber quién fue el autor del Lazarillo de Tormes para que me parezca que fue una novela genial" - Juan José Millás, escritor y periodista

Esa mirada no absuelve una acusación ni resuelve una duda técnica, pero sí cambia la pregunta. Ya no se trata solo de averiguar quién escribió cada línea, sino de decidir cuánto pesa la procedencia cuando el lector juzga una obra.

Millás también cuestionó las métricas que presentan la autoría artificial como si fuera una magnitud exacta y preguntó qué significa afirmar que un texto está escrito al 95% por una IA. Su objeción no es menor, porque apunta a la parte más resbaladiza de estos sistemas, la traducción de una sospecha estadística en una certeza pública.

Los detectores fallan cuando pretenden medir algo tan escurridizo

Ahí introdujo una crítica más concreta sobre los falsos positivos y enlazó este caso con dudas en premios literarios donde la sospecha tecnológica tampoco cerró la discusión. Millás contó que probó textos de Jorge Luis Borges y que la herramienta los marcó en un 80% como creados por inteligencia artificial.

"El texto de Foucault en los años 60 sobre Las meninas dice que también es IA en un 70%" - Juan José Millás, escritor y periodista

Con ese ejemplo, Millás no defendió a Orélien de forma directa. Lo que puso en cuestión fue la confianza casi mecánica en instrumentos capaces de señalar como sintético un texto de Michel Foucault escrito décadas antes de que existieran estos modelos.

Otra comparación suya ayuda a entender el fondo del problema y conecta con uso literario de la IA que no encaja en categorías simples. Millás sostuvo que atribuir una obra entera a la inteligencia artificial sería como decir que el Guggenheim lo crearon al 100% los obreros, una imagen que separa herramienta, ejecución y autoría.

La fascinación convive con una desconfianza muy concreta

No hay rechazo frontal en su postura.

Millás dijo que no le interesaba discutir si la inteligencia artificial es buena o si acabará con la humanidad, porque su posición es de fascinación. Al mismo tiempo, reconoció la corrección con la que ya escriben estas herramientas y recordó algo muy humano, lo difícil que resulta escribir bien.

Hoy cree imposible que una IA pueda escribir por sí sola una buena novela, pero no descarta que eso cambie en poco tiempo. Esa mezcla de límite presente y confianza futura introduce una tensión curiosa, porque el mismo observador que rebaja el poder actual de la máquina admite que el horizonte puede moverse deprisa.

Su cierre fue menos filosófico y más áspero. Millás dijo que bastaría pedir una redacción de una página a 100 personas elegidas al azar para medir hasta qué punto ha caído el nivel de escritura, y recordó que en la universidad han tenido que rebajarlo porque mucha gente no sabe escribir.

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