Tornyol lanza LeSonar2, un dron de 40 gramos que persigue mosquitos en vuelo por 1.100 dólares

La startup francesa Tornyol logró en julio de 2026 la primera intercepción aire-aire totalmente autónoma de un insecto. Su dron LeSonar2 detecta mosquitos por sonido, vuela 3 minutos y cuesta 1.100 dólares.

28 de septiembre de 2026 a las 14:52h
Tornyol lanza LeSonar2, un dron de 40 gramos que persigue mosquitos en vuelo por 1.100 dólares
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Un dron de 40 gramos ya persigue mosquitos en pleno vuelo.

La escena parece menor hasta que aparece la escala del problema. La Organización Mundial de la Salud calcula que los mosquitos causan entre 700.000 y un millón de muertes al año por enfermedades como malaria, dengue, fiebre amarilla o zika, y el género Anopheles arrastra una relación histórica con miles de millones de muertes por malaria.

Tornyol logró en julio de 2026 una captura que hasta ahora no había ocurrido

En julio de 2026, la startup francesa Tornyol, respaldada por Y Combinator, completó la primera intercepción aire aire totalmente autónoma de un insecto mientras volaba. Para la primera demostración pública eligió una polilla, no un mosquito, porque su tamaño hacía visible en cámara lo que el sistema estaba haciendo.

Ahí está una de las paradojas del proyecto. El insecto que más mata en el mundo es tan pequeño que, para enseñar cómo se le caza, hizo falta usar otro más grande.

El dron, denominado internamente LeSonar2, no trabaja con una cámara como primer recurso, sino con sonido. Utiliza 32 emisores ultrasónicos y 380 micrófonos de teléfono móvil conectados a un chip FPGA para detectar al objetivo, reconocerlo por la frecuencia de aleteo de sus alas y abatirlo físicamente con sus propias hélices.

Stanford probó otra vía para localizar dónde nace el problema

Mientras Tornyol persigue insectos adultos en el aire, un equipo de la Universidad de Stanford exploró otro frente. Joelle Rosser y Mehedy Hassan lideraron pruebas con drones dotados de inteligencia artificial y cámaras de alta resolución para localizar criaderos de mosquitos en el distrito de Tallo, en Makassar, Indonesia.

Los resultados aparecieron en la revista Remote Sensing Applications: Society and Environment publicó el trabajo del equipo de Stanford. Ese contraste entre cazar al insecto en vuelo o encontrar el agua donde se reproduce dibuja dos estrategias muy distintas frente al mismo enemigo.

Tres minutos por patrulla.

La autonomía alcanza para turnos breves, pero la vigilancia puede ser continua

LeSonar2 vuela durante tres minutos en cada patrulla y necesita media hora de recarga en su estación base. Aun con esa autonomía corta, el sistema puede vigilar de forma continua una superficie de hasta cinco acres, algo más de dos hectáreas, porque el dispositivo vuelve a su base entre salidas.

Esa cifra ayuda a imaginar su uso fuera del laboratorio, en jardines, fincas o recintos concretos, y conecta con el mosquito junto al oído como referencia cotidiana del zumbido que aquí funciona casi como una huella acústica. El sistema identifica al mosquito por la frecuencia del batido de alas, una firma sonora que decide si el dron persigue o no al objetivo.

No resulta casual que el corazón técnico del aparato combine sonar, micrófonos de móvil y procesamiento programable. Esa mezcla apunta a una idea muy concreta, miniaturizar sensores corrientes hasta convertirlos en un cazador autónomo capaz de actuar sin piloto humano durante la intercepción.

El precio coloca la máquina entre el gadget doméstico y el servicio técnico

Tornyol ofrece el dispositivo por 1.100 dólares en pago único o mediante una suscripción mensual de 50 dólares con mantenimiento incluido. Quien quiera reservar una unidad antes del lanzamiento definitivo debe adelantar 100 dólares.

Más que un insecticida clásico, el aparato se presenta como una máquina de patrulla. Y eso lo emparenta con otros sistemas autónomos coordinados, aunque aquí el adversario no mida metros ni lleve uniforme.

La tensión queda servida en los números. Un dron de 40 gramos, con solo tres minutos de vuelo por salida, intenta responder a un animal que la OMS vincula con entre 700.000 y un millón de muertes al año.

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