Trabajadores en Kenia revisaron grabaciones de las Ray-Ban Meta, incluso escenas íntimas

En la publicidad de estas gafas, Meta repite una frase como un mantra "diseñadas para la privacidad, tú tienes el control".

18 de marzo de 2026 a las 09:10h
Trabajadores en Kenia revisaron grabaciones de las Ray-Ban Meta, incluso escenas íntimas
Trabajadores en Kenia revisaron grabaciones de las Ray-Ban Meta, incluso escenas íntimas

Un par de gafas que escuchan, ven y hablan. Suena al futuro. Y en cierto modo lo es. Las Ray-Ban Meta, presentadas con pompa y diseño de lujo, prometen una experiencia de inteligencia artificial integrada en la vida diaria preguntar sin hablar, reconocer objetos, traducir señales de tráfico, recordar lo que viste ayer. Pero detrás de esa imagen pulida, algo empieza a resquebrajarse. Estamos ante un nuevo capítulo de la vieja historia cuando la tecnología avanza más rápido que la ética, alguien siempre termina pagando el precio.

El eslogan que no se sostiene

En la publicidad de estas gafas, Meta repite una frase como un mantra "diseñadas para la privacidad, tú tienes el control". Suena tranquilizador. Reafirma una promesa que ya hemos escuchado antes en otros productos tecnológicos que estamos al mando de nuestros datos, que nadie ve lo que no queremos mostrar. Pero lo que revelaron dos medios suecos, Svenska Dagbladet y Göteborgs-Posten, pone esa promesa bajo lupa. Según sus investigaciones, las grabaciones captadas por estas gafas inteligentes grabaciones que pueden incluir escenas de desnudos, personas en el baño o incluso momentos íntimos han sido revisadas por empleados de una empresa subcontratada en Kenia.

No se trata de procesamiento automatizado, de algoritmos que analizan píxeles. Aquí entran ojos humanos. Ojos que no pertenecen a los usuarios, ni a ingenieros de Meta, sino a trabajadores de Sama, una firma especializada en anotación de datos con sede en Nairobi. Y lo que ven, según uno de ellos, es claro y brutal

"Lo vemos todo, desde salones hasta cuerpos desnudos" - trabajador de Sama, empresa subcontratada por Meta

 

Imagina que, mientras paseas por tu casa con las gafas puestas, una persona a miles de kilómetros, quizás en otro continente, esté viendo tu sofá, tu cocina, o lo que haces tras cerrar la puerta del baño. No es ciencia ficción. Es lo que sucede, al menos según los testimonios recogidos. Y lo más inquietante Meta no lo anuncia de forma clara. El eslogan "tú tienes el control" no viene acompañado de advertencias que lo matizen. No hay una etiqueta roja que diga "Ojo, tus imágenes podrían ser vistas por humanos".

La letra pequeña que no lees

En las condiciones de servicio, sí. Allí, en el Reino Unido y también en una versión aplicable a Estados Unidos, Meta aclara que "en algunos casos, Meta revisará tus interacciones con las IA, incluido el contenido de tus conversaciones o mensajes con las IA, y esta revisión podrá ser automatizada o manual (humana)". Pero estas políticas están enterradas bajo capas de jerga legal, mientras que el mensaje principal, el que llega al consumidor, sigue siendo el de control y privacidad total.

Esta discordancia ha desencadenado una demanda en Estados Unidos presentada por Mateo Canu, de California, y Gina Bartone, de Nueva Jersey, representados por la Clarkson Law Firm. Ambos acusan a Meta de publicidad engañosa y de violar leyes de protección de datos. Luxottica of America, socio fabricante de las gafas, también está incluido en la demanda por supuestas prácticas contrarias a los derechos del consumidor.

El caso ya ha trascendido lo judicial. La Information Commissioner's Office del Reino Unido ha abierto una investigación formal. Esto no es un simple malentendido. Es un escándalo de privacidad que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda ¿hasta dónde estamos dispuestos a ceder nuestra intimidad por comodidad?

La promesa rota del difuminado

Meta responde. En un comunicado, reconoce que en ocasiones recurre a subcontratas para revisar datos y afirma que toma medidas para proteger la privacidad. Entre ellas, el difuminado de rostros en las imágenes. Pero las fuentes consultadas por los diarios suecos indican que ese sistema no siempre funciona. A veces, los rostros quedan visibles. A veces, no se aplican filtros. Y lo que es más grave el contenido que se revisa no se limita a lo técnico. Hay tarjetas de crédito, mensajes privados, chats. Datos que, de salir a la luz, podrían tener consecuencias reales, no solo en la reputación, sino en la seguridad personal.

Meta insiste en que este tipo de revisiones son comunes en el sector. "Como hacen muchas otras empresas", dicen. Pero eso no lo normaliza. Al contrario, señala un problema sistémico la industria de la IA se está construyendo sobre una base de trabajo invisible, precarizado y, a menudo, explotado. Trabajadores en países como Kenia, India o Rumanía, ganando salarios mínimos, revisando contenido que muchos no querrían ver ni en sus peores pesadillas. No es solo un problema de privacidad del usuario. Es también un problema de justicia laboral.

El mito de la vigilancia discreta

Estas gafas no son el primer producto de lo que algunos llaman "vigilancia de lujo". Son parte de una tendencia creciente dispositivos elegantes, con diseño cuidado, que entran en nuestros hogares bajo la promesa de hacernos la vida más fácil, pero que también recolectan datos constantemente. Asistentes de voz, cámaras inteligentes, relojes que miden el ritmo cardíaco. Todos comparten un patrón mientras más humanos parecen, más nos vigilan.

El riesgo no está solo en que alguien vea tu cuerpo desnudo. Está en que, poco a poco, normalicemos la idea de que nada es realmente privado. Que aceptemos que, para tener tecnología avanzada, debamos ceder trozos de nuestra intimidad. Que creamos que si no hacemos nada mal, no tenemos nada que ocultar. Pero la privacidad no es un privilegio para quienes no tienen nada que esconder. Es un derecho para todos, incluso para quienes caminan por su salón en ropa interior.

Las gafas Ray-Ban Meta no son malas por existir. Son peligrosas si su funcionamiento se basa en promesas falsas, en condiciones opacas y en cadenas de trabajo invisibles. Y mientras Meta repite que "las gafas te ayudan a usar la IA sin manos para responder preguntas sobre el mundo que te rodea", muchos se preguntan ¿y quién está mirando mientras nosotros miramos?

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