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La promesa del trading agéntico resulta tan simple como inquietante. Vlad Tenev, consejero delegado de Robinhood, la resume así al plantear que cualquier capacidad disponible para un humano terminará estando disponible para un agente de inteligencia artificial.
Esa idea llega a un terreno donde ni siquiera los gestores profesionales baten al mercado con regularidad. El scorecard SPIVA de S&P Dow Jones Indices muestra que en 2025 el 79% de los fondos activos estadounidenses de gran capitalización no superó al S&P 500.
Ni los humanos baten al índice con facilidad
Ahí aparece una vieja ironía de los mercados. Si la mayoría de los fondos gestionados por personas no logra superar a un índice amplio, confiar en que un agente automático lo haga de forma sistemática obliga a mirar dos veces tanto la promesa tecnológica como la propia historia de la inversión.
Eugene Fama recibió el Nobel de Economía en 2013 junto con Lars Peter Hansen y Robert Shiller por su análisis empírico de los precios de los activos. No es un nombre lateral en este debate, porque su trabajo ayudó a instalar una pregunta incómoda que sigue viva cada vez que alguien promete encontrar ventajas estables en el mercado.
El 79% de los fondos activos estadounidenses de gran capitalización quedó por detrás del S&P 500 en 2025, una cifra que enfría cualquier fe automática en la superioridad del juicio humano.
La velocidad de la IA también multiplica los riesgos
Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional no pone el foco solo en quién gana más, sino en cómo podría cambiar el comportamiento del sistema entero. En su Global Financial Stability Report, el FMI advirtió de que la inteligencia artificial puede aumentar la opacidad, la concentración, la velocidad de las reacciones y el riesgo de comportamientos de rebaño algorítmico.
No es un matiz menor.
Cuando muchos agentes leen señales parecidas, reaccionan con modelos parecidos y operan a una velocidad que ningún inversor minorista puede seguir, el mercado puede volverse más difícil de interpretar y más brusco en sus movimientos. Esa combinación de opacidad y reflejos instantáneos recuerda que automatizar una decisión no elimina el riesgo, solo cambia su escala.
Ya hay antecedentes recientes de alertas sobre riesgo cibernético sistémico en las finanzas digitales, un terreno donde la dependencia compartida de software y automatización puede convertir un fallo técnico en una cadena de tensión mucho más amplia.
La gestión indexada ofrece la otra respuesta
Frente a esa carrera por delegar decisiones en máquinas, también existe una respuesta mucho más sobria. Indexa Capital, una compañía española que invierte en carteras diversificadas de fondos indexados, representa una filosofía casi opuesta a la del agente que busca adelantarse a cada giro del mercado.
Su lógica no consiste en adivinar mejor que los demás, sino en asumir que esa tarea falla muy a menudo incluso en manos expertas. Visto así, la distancia entre el trading agéntico y la indexación no es solo técnica, también revela dos maneras muy distintas de entender la incertidumbre.
De hecho, el auge de agentes capaces de operar por sí mismos convive con un dato testarudo. Eugene Fama ayudó a explicar por qué batir al mercado de forma persistente es mucho más difícil de lo que sugieren las promesas comerciales, y el 79% de fondos activos que no superó al S&P 500 en 2025 vuelve a poner ese problema sobre la mesa.