Tres empresas controlan más del 90% de la memoria DRAM y la están desviando a la IA

"El cuello de botella del mercado es sin precedentes": la advertencia de Micron sobre la RAM

17 de febrero de 2026 a las 18:55h
Tres empresas controlan más del 90% de la memoria DRAM y la están desviando a la IA
Tres empresas controlan más del 90% de la memoria DRAM y la están desviando a la IA

La memoria RAM, ese componente invisible que casi nadie nota hasta que falta, se ha convertido en uno de los puntos más calientes de la economía tecnológica global. Lo que parecía un problema de suministro puntual ha evolucionado en una crisis estructural con consecuencias que ya se palpan en los bolsillos, en los estantes de las tiendas y en las decisiones estratégicas de gigantes como Tesla, NVIDIA o Intel. No se trata solo de que falte memoria. Se trata de que todo el mundo quiere más, pero solo unos pocos pueden producirla, y están ocupados en otra cosa la carrera por la inteligencia artificial.

El monopolio que alimenta la IA

El mercado de la memoria DRAM está dominado por tres empresas Samsung, SK Hynix y Micron. Juntas controlan más del 90% de la producción mundial. En tiempos normales, ese nivel de concentración ya sería motivo de preocupación. Hoy, con la fiebre de los centros de datos impulsada por la IA, se ha convertido en un cuello de botella sin precedentes. Micron, una de las tres grandes de la memoria DRAM, ha catalogado el cuello de botella del mercado como "sin precedentes". Y no es una exageración. Las fábricas están al límite, pero todo el esfuerzo se desvía hacia la producción de memoria HBM, esa versión ultrarrápida que necesitan los chips de IA como los de NVIDIA, en lugar de la RAM convencional para ordenadores o móviles.

Este desvío tiene un efecto dominó. Si no hay memoria RAM para consumidores, no es un fallo aislado. Es un síntoma de un sistema que ha priorizado una sola dirección el rendimiento extremo para algoritmos. No haya memoria RAM para consumidores es un síntoma de una crisis mayor. Los fabricantes no solo dejan de hacer RAM para PCs, también reducen la producción de chips de memoria para SSDs. El resultado precios de almacenamiento en alza, retrasos en productos y una cadena de suministro coja.

Cuando la escasez llega a tu salón

¿Qué tiene que ver esto con tu consola, tu móvil o tu portátil? Mucho. PlayStation ha asegurado que está "muy pendiente de su capacidad para seguir fabricando PS5 con el objetivo de no subir, de nuevo, el precio". No es una preocupación menor. Ya vimos cómo la escasez postpandemia disparó los precios de segunda mano. Hoy, el riesgo vuelve, pero con un agravante no es un problema temporal, sino estructural.

La próxima generación de dispositivos podría nacer más cara o con menos recursos. Móviles o más caros o con menos RAM, consolas que suben de precio como lo que se está planteando para Nintendo Switch 2, y hasta máquinas como la Steam Machine retrasándose por falta de componentes. Incluso los coches modernos, llenos de sistemas electrónicos, y los routers que tienes en casa podrían verse afectados. La escasez de memoria está dejando huella en productos que ni siquiera asociamos directamente con la IA.

Los gigantes reaccionan de la dependencia a la fuga

Frente a esta dependencia extrema, las grandes tecnológicas ya no esperan. Actúan. NVIDIA, el rey de los chips de IA, está presionando a sus proveedores TSMC, su principal fabricante de procesadores, y Samsung, que le suministra la nueva memoria HBM4. La presión es clara hay que acelerar. La propia NVIDIA apunta a siete u ocho años de construcción sin freno de centros de datos. No es una previsión, es una advertencia. El motor de la IA no se detiene, y necesita más memoria cada día.

Pero hay quien da un paso más. Tesla, durante la presentación de resultados a finales de enero, sorprendió al anunciar que "podría necesitar construir su propia planta de fabricación de memoria" para "asegurar el suministro". Elon Musk no bromea. La empresa ya trabaja en un chip propio para sus centros de datos, retomado a comienzos de este año. Fabricar memoria sería el siguiente escalón romper la cadena de dependencia y asegurar el control total del hardware que alimenta sus sistemas de conducción autónoma y sus supercomputadoras.

Una nueva memoria en el horizonte el proyecto ZAM

Mientras Tesla piensa a largo plazo, Intel y SoftBank están diseñando un plan alternativo. Juntos trabajan en una evolución de la memoria DRAM apilada llamada ZAM. El objetivo es claro romper el monopolio de la memoria HBM de Samsung, Micron y SK Hynix. Intel no quiere solo competir. Quiere convertirse en una de las voces importantes en la conversación de la RAM. Calculan que entre tres y cuatro años podrían tener productos comerciales. No es inmediato, pero en el mundo de los semiconductores, es un sprint.

El proyecto ZAM no es solo técnico. Es estratégico. Si tiene éxito, podría diversificar un mercado demasiado concentrado y aliviar, aunque sea mínimamente, la presión actual. Pero hasta que llegue, las empresas de consumo siguen buscando soluciones de emergencia. Marcas como Asus, Dell o HP estarían planteando comprar memoria a fabricantes chinos como CXMT. No son tan avanzados como Samsung, ni tienen la misma capacidad de producción, pero al menos ofrecen una alternativa. Aunque sea con menos rendimiento.

¿Hasta cuándo durará esta crisis?

Las señales no son optimistas. Intel asegura que la crisis se extenderá más allá de 2028. Ocho años desde ahora. Eso quiere decir que lo que vivimos no es un bache, sino una nueva normalidad. La demanda de IA no cede. Los centros de datos siguen creciendo. Y mientras, los consumidores pagan el precio productos más caros, menos opciones, retrasos. La ambición de Tesla de fabricar su propia memoria podría no verse hasta la próxima década. Y para entonces, ¿qué nuevas tecnologías habrán emergido?

Estamos ante un momento de inflexión. La memoria ya no es un componente pasivo. Es un recurso estratégico, tan clave como el silicio o la energía. Y como ocurre con los recursos, cuando escasean, surgen tensiones, alianzas y cambios radicales. La próxima vez que enciendas tu móvil o juegues en tu consola, piensa en esto dentro de esos dispositivos, cada byte cuenta. Y muchos están siendo reclamados por máquinas que aprenden, deciden y, cada vez más, definen el mundo en el que vivimos.

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