A Donald Trump le bastaron dieciséis minutos para convertir su cuenta en una cadena de escenas imposibles. El 9 de mayo, desde las 17:20, publicó una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparecía sobre la cubierta de un barco mientras ardían buques de guerra al fondo.
Nueve segundos después llegó otra. Esta vez era una caricatura generada por inteligencia artificial del gobernador de Illinois, J.B. Pritzker, rodeado de comida rápida y con un mensaje que decía que estaba demasiado ocupado para mantener segura a Chicago.
Durante los minutos siguientes aparecieron más estampas del mismo tono. La armada iraní hundida en el océano, una pelea de la UFC sobre el césped de la Casa Blanca y el estanque del Monumento a Lincoln teñido de azul brillante formaron parte de esa ráfaga visual.
Trump multiplicó por siete sus imágenes hechas con IA en mayo
La secuencia no fue un gesto aislado. El número de imágenes generadas por inteligencia artificial en sus publicaciones se multiplicó por siete en mayo respecto a los meses anteriores, hasta marcar un salto visible en su manera de comunicar.
En 2026, Trump ha publicado más de 2.700 veces en su propia plataforma, una media superior a diecinueve mensajes diarios. Casi la mitad de ese volumen corresponde a imágenes o vídeos, un dato que ayuda a entender por qué el formato visual ocupa ya el centro de su presencia pública.
Al menos setenta y cinco de esas publicaciones parecen generadas mediante inteligencia artificial. Cincuenta y siete llegaron en las tres primeras semanas de mayo, frente a ocho en todo abril.
Ahí aparece una clave que va más allá de la anécdota. No se trata solo de publicar mucho, sino de poblar el canal con escenas que no necesitan haber ocurrido para instalar una idea en la conversación.
Henry Ajder, experto en inteligencia artificial y deepfakes, pone nombre a ese método y al terreno donde está creciendo.
"Incluso cuando se le dice a la gente que cierto contenido realista generado por inteligencia artificial que han visto es falso, aún puede cambiar la forma en que ven a alguien". - Henry Ajder, experto en inteligencia artificial y deepfakes
Ajder sostiene además que Trump se ha lanzado de cabeza a lo que denomina slopaganda y describe ese movimiento como una adopción sistemática de este nuevo medio de comunicación. La cuestión no está solo en la falsedad de una imagen, sino en su capacidad para dejar un poso emocional.
La fantasía visual encaja con su vieja retórica
Kathleen Hall Jamieson, directora del Centro Annenberg de Políticas Públicas de la Universidad de Pensilvania, sitúa esa producción de imágenes en continuidad con el estilo político que Trump ya practicaba con palabras.
"Es una extensión de su retórica verbal... lo engrandece, y denigra a quienes se oponen a él". - Kathleen Hall Jamieson, directora del Centro Annenberg de Políticas Públicas de la Universidad de Pensilvania
La misma investigadora añade otra observación que ilumina bien estas escenas fabricadas. Dice que es como tener una lectura mental de su vida de fantasía y una proyección de cómo le gustaría ser visto.
La fórmula se repite con bastante disciplina. En enero difundió una imagen en la que clavaba la bandera de Estados Unidos en Groenlandia y otra en la que empuñaba una ametralladora junto al lema de que se había acabado ser el chico bueno.
Antes, en octubre del año pasado, publicó un vídeo creado con inteligencia artificial donde arrojaba desechos marrones sobre manifestantes de la protesta No Kings desde un avión. En febrero también publicó y después borró otro vídeo que representaba a Barack y Michelle Obama como simios al final de una pieza sobre supuesto fraude electoral en 2020.
Cuando le preguntaron por ese vídeo, Trump dijo que no lo había visto completo, afirmó que no había cometido un error y rechazó disculparse. La respuesta encaja con una comunicación que avanza deprisa, golpea y rara vez corrige.
Las imágenes repiten un patrón de culto al líder y ataque al rival
Henk van Ess, experto en métodos de investigación online, resume ese repertorio en dos direcciones muy claras. Una glorifica al líder y otra rebaja al adversario hasta convertirlo en amenaza, criminal o algo inferior a un ser humano.
"Hay dos estrategias recurrentes. Una glorifica al líder: fuerte, sereno, histórico. La otra construye un enemigo: un criminal, una amenaza o algo inferior a un ser humano". - Henk van Ess, experto en métodos de investigación online
Van Ess añade que la inteligencia artificial ha permitido difundir ese mensaje con mayor rapidez y lo define como el manual ruso con acento estadounidense. La comparación apunta menos a una estética concreta que a una forma de propaganda comprimida y barata.
También ayuda a explicar por qué aparecen imágenes de reconstrucciones de Gaza, una torre con su nombre en la Luna o un nuevo monumento llamado ARCO DEL TRIUNFO. Son piezas que mezclan deseo, exhibición y burla dentro de una misma corriente visual.
El mes pasado publicó incluso una imagen en la que aparecía como una figura similar a Jesús. Al comentarla, dijo que se suponía que era él como médico, haciendo que la gente mejore, y añadió que él sí hace que la gente mejore mucho.
La maquinaria digital funciona a ritmo diario y hasta en papel
No hablamos de publicaciones improvisadas en ratos muertos. El momento de mayor actividad de Trump en redes sociales cae entre las nueve y las diez de la noche, hora del este, una franja que sugiere rutina y constancia más que arrebato esporádico.
Natalie Harp, asistente ejecutiva de Trump, ayuda a redactar publicaciones para redes sociales y entrega copias impresas de esas entradas a líderes europeos visitantes. A veces incluso presenta borradores reutilizados de otras cuentas, como si el flujo digital necesitara también cuerpo físico para circular por los despachos.
Desde la Casa Blanca defienden ese canal con una descripción muy distinta. Afirman que la plataforma le permite comunicarse de manera directa y auténtica con el pueblo estadounidense y el mundo, y sostienen que nunca ha habido un presidente tan transparente, porque comparte sus ideas en tiempo real sobre todos los temas importantes del momento.
Pero la tensión está en otra parte. Mientras la presidencia habla de transparencia, al menos setenta y cinco publicaciones de 2026 parecen generadas con inteligencia artificial, y cincuenta y siete de ellas se concentraron en solo tres semanas de mayo.