Turing, Shannon y Hobbes: así nació la 'inteligencia artificial' antes de Dartmouth

La expresión inteligencia artificial se fijó por escrito en 1955, pero su base venía de Hobbes, Márkov, Shannon y Turing: cálculo, lenguaje y conversación escrita.

11 de agosto de 2026 a las 10:54h
Turing, Shannon y Hobbes: así nació la 'inteligencia artificial' antes de Dartmouth
Turing, Shannon y Hobbes: así nació la 'inteligencia artificial' antes de Dartmouth

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Mucho antes de que una máquina respondiera por escrito como si pensara, el problema ya estaba planteado.

Tomás de Aquino distinguió entre ratio e intellectus como dos operaciones de una misma facultad intelectual dentro de la tradición aristotélica y escolástica. Ahí ya asoma una pregunta que hoy sigue intacta, porque no es lo mismo encadenar pasos que captar de golpe una idea.

Turing puso a conversar a la máquina para medir si engañaba

En 1950, Alan Turing propuso el juego de imitación para comprobar si un interrogador podía distinguir a una máquina de una persona solo a partir de una conversación escrita. La prueba no preguntaba qué era pensar, sino si la conducta verbal bastaba para parecer humana.

Antes, en 1913, Andréi Márkov había tomado las primeras 20.000 letras de Eugenio Oneguin, de Pushkin, para medir la dependencia entre vocales y consonantes sucesivas. Ese gesto, que hoy puede sonar casi doméstico, abrió una vía poderosa, porque trataba el lenguaje como una cadena de probabilidades y no como un misterio inaccesible.

Esa lógica reapareció en 1948, cuando Claude Shannon construyó aproximaciones al inglés eligiendo letras o palabras según las frecuencias con las que seguían a las anteriores. Quien lea hoy respuestas con hasta un 82% de similitud reconocerá la misma intuición de fondo, aunque llevada a una escala muy distinta.

Hobbes redujo el razonamiento a cálculo mucho antes del ordenador

Ya en el siglo XVII, Hobbes escribió que razonar era calcular. La frase impresiona menos por su antigüedad que por su puntería, porque resume una de las ideas más persistentes de la historia intelectual moderna.

No todos aceptaron esa reducción del pensamiento al cómputo. La vieja diferencia entre ratio e intellectus seguía ahí, como una piedra en el zapato de cualquier teoría que pretenda explicar la inteligencia solo como una suma de operaciones.

En 1955, la propuesta del proyecto de verano que se celebraría en Dartmouth al año siguiente fijó por escrito la expresión inteligencia artificial. No era solo una etiqueta, porque convertía una intuición dispersa en un programa de trabajo reconocible.

Dartmouth dio nombre a una ambición que venía de lejos

Desde fuera podría parecer que todo nació de pronto con aquella fórmula. En realidad, detrás estaban la especulación filosófica, la estadística del lenguaje y la idea de que una conversación escrita podía servir como campo de pruebas para algo tan escurridizo como la inteligencia.

La expresión inteligencia artificial apareció por escrito en 1955 y quedó asociada al proyecto de Dartmouth celebrado al año siguiente. Entre la medición de letras de Márkov, las simulaciones lingüísticas de Shannon y el experimento mental de Turing ya estaba trazado el mapa de una ambición que aún no deja de discutirse.

Hay una ironía difícil de ignorar. Si Hobbes veía el razonamiento como cálculo y Turing aceptaba una conversación escrita como prueba, la discusión actual no nació con los chatbots, sino mucho antes, en el cruce entre filosofía, matemáticas y lenguaje; de hecho, el test de Turing sigue girando sobre esa misma tensión.

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