Hay errores que un tribunal corrige con una frase. Y hay otros que obligan a abrir una pieza separada. La Sala de lo Social del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia ha optado por lo segundo tras detectar que un abogado presentó un recurso de súplica con 24 citas falsas, generadas con inteligencia artificial y nunca verificadas.
El magistrado ponente no dejó mucho espacio para la ambigüedad cuando definió el escrito como un ejercicio de libérrima creatividad jurídica con 24 citas falsas en un mismo recurso. En una de las 10 páginas de la sentencia, agrupó las referencias falaces y fue desmontando una por una la arquitectura del texto.
El tribunal vio algo más que un simple despiste
No hablaba de un fallo aislado. La Sala aclara que no está ante un mero desliz ni ante un par de incoherencias sueltas, sino ante una acumulación de resoluciones inexistentes, citas espurias y otras referencias que no guardaban relación con lo discutido.
Además, los magistrados describen una pista que hoy resulta casi reconocible para cualquiera que haya tratado con modelos generativos. El recurso presentaba una estructura de redacción que, a juicio del tribunal, encaja con el uso de una IA gratuita sin revisión posterior, incapaz de frenar sus alucinaciones más básicas.
Ese detalle importa porque desplaza el foco. El problema no sería solo que aparezcan errores, sino que alguien los incorpore a un escrito judicial sin comprobar si las sentencias existen de verdad, como ya se ha visto en otros recursos con sentencias inventadas.
La negligencia profesional pesó más que la coartada tecnológica
Los magistrados reprochan al letrado su obvia falta de diligencia y su negligencia profesional. También le afean algo muy concreto, que asumiera la propuesta del algoritmo y omitiera la comprobación mínima de la existencia real de lo que estaba citando.
La Sala incluso formula una hipótesis más dura y luego la aparta. Dice que, si el abogado hubiera inventado directamente todas las citas falsas para defender su postura de una manera burda y mendaz, el comportamiento se deslizaría hacia otros campos que el tribunal prefiere descartar de entrada.
Ahí está una de las claves del caso. El tribunal no compra la excusa implícita de que la máquina se equivocó sola, porque en derecho la firma sigue siendo humana y la responsabilidad también, una tensión que ya asoma en la revisión de alucinaciones y fuentes cuando la IA entra en tareas delicadas.
La pieza separada nace dentro de un pleito sobre cáncer laboral
El episodio no surge en un debate abstracto sobre tecnología, sino dentro de un asunto muy concreto y muy sensible. La sentencia original trata sobre la incapacidad laboral de un trabajador con cáncer de pulmón avanzado, reconocida por el Instituto Nacional de la Seguridad Social como enfermedad profesional y discutida por la Mutua.
En 2025, la Mutua ganó en primera instancia y ahora la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia ha confirmado esa sentencia. Sobre ese litigio principal se superpone ahora otro conflicto, el de la calidad misma del recurso con el que se intentó combatirla.
Para abrir la pieza separada, los magistrados se amparan en los artículos 75.4 y 235.3 de la Ley Reguladora de la Jurisdicción Social y en los artículos 552 y siguientes de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Esa decisión puede desembocar en sanciones económicas, disciplinarias o incluso penales.
Al final, lo más llamativo no es que una herramienta generativa invente resoluciones. Lo inquietante es que 24 citas falsas lograsen llegar hasta un tribunal en un recurso firmado por un profesional, dentro de un caso que discutía la incapacidad de un trabajador con cáncer de pulmón avanzado.