Un salto del 123%: la factura eléctrica en ciudades cercanas a centros de datos se dispara en 5 años

Los centros de datos no son visibles desde el aire, pero su huella sí. Detrás de sus muros fríos y ventilados, los servidores no paran de girar. Cada búsqued, cada mensaje, cada imagen generada por inteligencia artificial consume energía.

31 de enero de 2026 a las 11:15h
Un salto del 123%: la factura eléctrica en ciudades cercanas a centros de datos se dispara en 5 años
Un salto del 123%: la factura eléctrica en ciudades cercanas a centros de datos se dispara en 5 años

En noviembre y diciembre del año pasado, mientras las calles de algunas capitales estatales de Estados Unidos se iluminaban con anuncios de ciudades pequeñas como Altoona o Los Lunas, algo más que imágenes pasaba por las pantallas. Meta desembolsó 6,4 millones de dólares en una campaña publicitaria diseñada para vender un sueño familiar el de un futuro digital alimentado desde pueblos olvidados del mapa. Fábricas de datos, empleo estable, progreso para la próxima generación. Todo envuelto en el tono cálido de una voz en off que prometía prosperidad.

La batalla por la luz

Los centros de datos no son visibles desde el aire, pero su huella sí. Detrás de sus muros fríos y ventilados, los servidores no paran de girar. Cada búsqued, cada mensaje, cada imagen generada por inteligencia artificial consume energía. Y mucha. Tanta que ahora, los vecinos de ciudades como Baltimore comienzan a notarlo en sus facturas. Lo que en 2020 costaba 17 dólares por megavatio hora, en 2025 ronda los 38. Un salto del 123% en apenas cinco años.

Los datos son contundentes. El 70% de los puntos donde más ha subido el precio de la electricidad se encuentran a menos de 80 kilómetros de un centro de datos en plena actividad. En algunas regiones de Estados Unidos, el precio mayorista de la electricidad ha crecido hasta un 267% en cinco años. Si los centros de datos fueran un país, sería el cuarto mayor consumidor de energía del mundo, solo superado por China, Estados Unidos e India.

Esta escalada energética no ha pasado desapercibida. En Oregon, Arizona, Misuri, Indiana y Virginia, proyectos multimillonarios han sido cancelados por el rechazo social. Los ciudadanos protestan. Las facturas suben. Y los políticos empiezan a escuchar. Tanto que el senador demócrata Chris Van Hollen ha calificado el asunto como algo "prioritario en el Capitolio".

Publicidad, poder y política

"Estamos trayendo trabajos aquí, para nosotros y para nuestra próxima generación" - Voz en off de los anuncios de Meta

La campaña de Meta, que se emitió en ocho capitales estatales y en Washington D.C., no fue solo un acto de marketing. Fue una señal. Una inversión millonaria para moldear la percepción pública en momentos en que la regulación acecha. Michael Beach, director ejecutivo de Cross Screen Media, lo tiene claro Meta podría haber comprado estos anuncios con el objetivo de influir en decisiones políticas y llegar a legisladores.

Y no está sola. Amazon financia una campaña similar en Virginia a través de Virginia Connects, una organización sin ánimo de lucro promovida por la Data Center Coalition. Digital Realty, QTS, NTT Data y otras también defienden activamente sus nuevos proyectos. Las grandes tecnológicas no solo construyen infraestructuras; construyen también narrativas.

Europa también prende motores

Mientras Estados Unidos se debate entre el progreso digital y el costo energético, Europa se prepara para su propia explosión. En España, la Comunidad de Madrid se ha convertido en epicentro de proyectos de centros de datos. Se espera que para 2030 alcance una potencia de 1,7 gigavatios. Una cifra que, aunque aún modesta frente a núcleos como Fráncfort, Londres o Dublín, marca un rumbo claro.

Según la consultora CBRE, no existe un inversor, un operador o una tecnológica grande que no tenga en sus planes estratégicos establecer su proyecto de centro de datos en el mercado ibérico. Madrid y Barcelona compiten ahora con ciudades como Milán o Zúrich, aunque todavía a cierta distancia de los gigantes europeos en capacidad instalada.

El futuro está caliente

Bloomberg estima que para 2035, los centros de datos consumirán más del 4% de la electricidad mundial. Es un aumento sin precedentes desde los años 60. Y ante esta avalancha, las grandes tecnológicas exploran soluciones extremas. Reactores nucleares modulares, acuerdos directos con plantas eléctricas, incluso ideas que parecen sacadas de ciencia ficción enviar los centros de datos al espacio para aliviar la presión sobre las redes terrestres.

Donald Trump, desde su plataforma Truth Social, no se ha quedado atrás "Las grandes empresas tecnológicas que los construyen deben pagar su propio camino". Una frase que, más allá del tono, toca una fibra sensible ¿quién debe asumir el costo del mundo digital?

La energía ya no es solo un recurso técnico. Es un bien escaso, políticamente sensible, ligado al poder y al control. Los centros de datos son el motor invisible de nuestra era. Pero si no se regulan, podrían convertirse en el calentador de nuestras ciudades, el peso que hunda las cuentas domésticas y el punto de fricción entre innovación y sostenibilidad.

El reto no es solo tecnológico. Es ético. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a pagar por mantener encendido el metaverso?

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