Un lunes cualquiera, en medio del zumbido habitual de las bolsas mundiales, algo inesperado ocurrió en Wall Street. IBM, ese gigante que ha visto pasar siglos de transformación tecnológica, se desplomó un 13,15 % en una sola jornada. Fue su peor caída desde octubre de 2000, cuando el estallido de la burbuja puntocom dejó cicatrices aún visibles. Ese día, la compañía perdió 31.600 millones de dólares en valor de mercado, quedando su capitalización en 208.773 millones. Una cifra que suena lejana, pero que en el mundo de las finanzas tiene nombre de terremoto.
Y todo, según los analistas, por un texto. Un simple post en un blog.
El peso de un párrafo
El blog pertenece a Anthropic, la empresa que está detrás de Claude, uno de los modelos de inteligencia artificial más avanzados del momento. El título del artículo, aparentemente técnico, no parece el tipo de cosa que pueda sacudir a una corporación centenaria Cómo la IA puede romper la barrera del coste de modernizar Cobol. Pero bajo esa aparente neutralidad se escondía una sentencia de muerte lenta. O al menos eso leyeron los inversores.
Cobol, lenguaje de programación nacido en 1959, es uno de esos fantasmas que aún ronda los cimientos del mundo digital. Está en todas partes, sostiene sistemas bancarios, aerolíneas, gobiernos. Por sus líneas pasan el 95 % de las transacciones en cajeros automáticos en Estados Unidos. Son cientos de miles de millones de líneas de código que, a pesar de su obsolescencia, siguen siendo intocables. Porque modernizarlos es caro, lento y requiere expertos. Y esos expertos, cada vez son menos.
El artículo de Anthropic lo dejaba claro ya no hacen falta ejércitos de consultores que pasen años intentando entender cómo funciona un sistema heredado. Ahora, herramientas como Claude Code pueden automatizar las fases más complejas del análisis y la exploración. En otras palabras, lo que antes era un negocio multimillonario de consultoría, ahora podría resolverse con unos cuantos prompts bien escritos.
"Modernizar un sistema que usa Cobol antes necesitaba de un ejército de consultores que dedicase años a mapear flujos de trabajo, pero con herramientas como Claude Code, es posible automatizar las fases de exploración y de análisis, aquellas que concentran los mayores esfuerzos para modernizar Cobol"
"Cobol está en todas partes. Por sus líneas pasan el 95 % de las transacciones de cajeros en Estados Unidos. Cientos de miles de millones de líneas de Cobol sustentan sistemas críticos en banca, aerolíneas y Gobiernos, pero a pesar de ello, año a año se reduce el número de personas que lo entiende"
El corazón de IBM late en Cobol
Para entender el impacto, hay que recordar qué hace IBM hoy. Desde que vendió su división de ordenadores personales a Lenovo en 2005, la compañía se reconvirtió. Ya no fabrica portátiles para el consumidor común. Se especializó en servidores, computación de alto rendimiento, inteligencia artificial con Watson, y sobre todo, en consultoría tecnológica pesada. Una parte significativa de su negocio gira alrededor de la mantenimiento y modernización de sistemas antiguos, muchos de ellos basados en Cobol.
Es irónico. Una empresa que ayudó a construir la era digital ahora depende, en buena medida, de mantener viva una tecnología del siglo pasado. Pero ese modelo de negocio costoso, lento, humano está en peligro. Y no por una nueva competencia directa, sino por una herramienta que promete hacerlo obsoleto.
Las acciones de IBM ya venían cayendo. Tras la sacudida del lunes, se encaminaban a cerrar febrero con una pérdida del 26 %. El peor mes para la empresa desde 1968, según datos de Bloomberg. Ese año, el mundo vivía una revolución cultural, política y tecnológica. Ahora, la revolución es silenciosa, pero igual de profunda.
La ola que viene
El efecto dominó no se detuvo en IBM. Poco antes, Anthropic había anunciado nuevas funciones de seguridad en Claude, lo que desencadenó una venta masiva en empresas de ciberseguridad. El mensaje era claro si una IA puede detectar y corregir vulnerabilidades por sí sola, ¿cuánto valen las soluciones tradicionales?
El ETF iShares Expanded Tech Software Sector, que agrupa a gigantes del software como Adobe o CrowdStrike, ha caído un 27 % en lo que va de año, mientras el S&P 500 apenas pierde un 0,11 %. Lo que queda claro es que con un post en un blog, los fabricantes de IA pueden hundir cotizaciones en cuestión de horas.
Las inteligencias artificiales de Anthropic, OpenAI o Alphabet no solo generan textos o imágenes. Pueden escribir código, entenderlo, transformarlo. Eso abre la puerta a que cualquier usuario, sin ser programador, pueda crear sus propias aplicaciones, modificar sistemas legacy o automatizar procesos que antes requerían equipos enteros. El resultado una caída en la demanda de software comercial, una erosión de márgenes y una pérdida de poder de fijación de precios en todo el sector.
Estamos viendo cómo una tecnología diseñada para ayudar se convierte, también, en un disruptor económico. No hay bombas, no hay manifestaciones. Solo un artículo bien escrito, y de repente, miles de millones se esfuman. No es ciencia ficción. Es el nuevo pulso del mundo digital. Y late cada vez más rápido.